Los riesgos de ser inmigrante ilegal en Israel

refugiados africanos Derechos de autor de la imagen Guila Flint
Image caption Refugiados africanos en el parque Lewinsky esperan recibir alimentos.

Agresiones físicas contra inmigrantes africanos ilegales, ataques contra sus viviendas y un creciente clima de incitación al odio racial. En este contexto entró en vigor la nueva ley de inmigración en Israel.

Según la norma, vigente desde el pasado domingo, los inmigrantes que entren de forma ilegal en el país podrán permanecer detenidos hasta por tres años.

El texto también prevé penas potenciales de prisión de entre 5 y 15 años para aquellos que ayuden a los inmigrantes ilegales.

La medida, impulsada por la derecha política en el gobierno, fue tomada en medio de un creciente clima violencia, dirigida sobre todo contra los inmigrantes africanos procedentes principalmente de Eritrea y Sudán.

Image caption Un inmigrante observa las recientes protestas en contra del racismo que ha suscitado la llegada de africanos a Israel.

En los últimos días se han dado casos de agresiones físicas contra ellos e incluso se llevaron a cabo ataques a sus casas, como el incendio que tuvo lugar este lunes en Jerusalén.

En este contexto, el ministro del Interior, Eli Ishai, del partido ultraortodoxo Shas, llegó a asegurar que las enfermedades que sufren los africanos se pueden "difundir y poner en peligro la existencia misma de Israel".

También dijo que "todos los infiltrados deben ser detenidos y expulsados".

Sin embargo, Israel está suscrito a la Convención de las Naciones Unidas para Refugiados, que prohíbe la repatriación de aquellos refugiados procedentes de Eritrea y Sudán que correrían el riesgo de morir si regresaran a sus países.

Según datos del ministerio del Interior, más de 60.000 ciudadanos africanos se encuentran en Israel después de haber entrado ilegalmente al país.

La mayoría de ellos se concentran en el sur de Tel Aviv, en los barrios más pobres de la ciudad y ocupan una infraestructura que ya era precaria en estos barrios.

Sin ninguna ayuda del gobierno, muchos de los inmigrantes duermen a la intemperie, en calles y parques.

Ser o no ser refugiado

Algunas ONG israelíes de derechos humanos acusan al gobierno de "evadir" el proceso de calificación que determina cuáles de los inmigrantes africanos tienen derecho al asilo político porque son refugiados.

"El gobierno sabe muy bien que la gran mayoría de ellos son refugiados y por eso evade la clasificación", le dijo a BBC Mundo Orly Feldheim, fundadora del grupo de asistencia Marak Lewinsky, que reparte alimentos entre los inmigrantes. Marak, en hebreo, significa 'sopa'.

Feldheim, cineasta basada en Tel Aviv, dijo que decidió crear este grupo de voluntarios que ofrece comida diaria a los refugiados africanos en el parque Lewinsky como una respuesta a las expresiones de racismo.

"Yo soy hija de sobrevivientes del holocausto", dijo, "y no tolero ninguna forma de racismo".

Aprender de la historia

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Image caption Distribución de comida en el Parque Lewinsky.

Para Feldheim la creciente xenofobia en la sociedad israelí "está directamente relacionada con la ocupación".

"Durante 45 años Israel ha ocupado los territorios palestinos y eso ha endurecido nuestros corazones y nos ha hecho insensibles al sufrimiento de los demás".

Según el psiquiatra Ruhama Marton, presidente de la ONG Médicos por los Derechos Humanos, el hecho de que Israel haya sido creado para albergar a los refugiados judíos que sufrieron de persecución en Europa no significa necesariamente que el país dará un trato justo a otros refugiados.

"Las personas que han sufrido cualquier tipo de violencia pueden reaccionar de dos maneras", dijo el psiquiatra, "o repetir lo que saben y aplicar en contra de otros lo que sufrieron en propia piel, o luchar para impedir que lo que ellos sufrieron les ocurra a otros".

"Desafortunadamente, en la mayoría de los casos, las personas abrazan la violencia y no la sensibilidad humana", le dijo Marton a BBC Mundo.

Una diputada del partido de gobierno Likud, Miri Regev, llegó a calificar a los refugiados africanos como "un cáncer en nuestro cuerpo" y, de acuerdo a Julia Shmuelov Berkowitz, del partido Kadima, "los activistas de derechos humanos deben ser enviados, junto con los infiltrados, a los campos que estamos construyendo para ellos".

Los pronunciamientos de los diputados han sido criticados, entre otros, por el presidente del parlamento, Reuven Rivlin, quien condenó la incitación al racismo y dijo que "no se puede utilizar el mismo lenguaje que los antisemitas utilizan contra nosotros".

De estudiante a refugiado

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Image caption Gabriel Tekle, refugiado oriundo de Eritrea.

Tekle Gabriel tiene 31 años y llegó a Israel en 2007 proveniente de Eritrea.

Era estudiante de pedagogía en la Universidad de Asmara y fue detenido en 2001, cuando la universidad, que era la única de su país, fue cerrada por el régimen militar.

Pasó seis años proporcionando mano de obra forzada hasta que logró irse de allí.

"En estos cinco años, desde que llegué a Israel, ningún representante oficial me ha hablado. Si escuchan mi historia entienden que soy refugiado y que tengo derecho al asilo político", dijo Tekle.

Otro muro

"Estoy conmocionado y entristecido al ver la creciente ola de racismo en contra de nosotros, los refugiados", añadió.

El primer ministro Benjamin Netanyahu ordenó a los ministros que aceleraran el proyecto para construir más campos de detención de inmigrantes africanos en el sur.

En el campo de detención existente de Saharonim hay espacio para 5.400 personas, pero, según el Ministerio del Interior, la tasa de entrada de africanos a Israel es de 2.000 por mes.

Para frenar la entrada de más inmigrantes, también Israel está construyendo un muro en la frontera con el desierto del Sinaí que debería estar terminado para octubre de este año.

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