El terror de vivir con el enemigo en casa

Padres de Shafilea Ahmed Derechos de autor de la imagen Press Association
Image caption Diana Nammi, de IKWRO, considera que la condena a ambos padres demuestra que los crímenes de honor son colectivos.

El caso de Shafilea Ahmed estremeció al Reino Unido. Desaparecida en septiembre de 2003, su cuerpo fue hallado cinco meses después. Hace unos días, sus padres fueron condenados, cada uno, a una pena de 25 años de prisión por su asesinato. El testimonio de una de las hermanas de la víctima fue decisivo.

Este proceso reabrió el debate sobre la cuestión de los así llamados "crímenes de honor", que en los últimos años han producido una creciente inquietud en algunos países europeos como Reino Unido u Holanda, que han adoptado medidas legales para combatirlos.

En Estados Unidos, sin embargo, no es un tema que se discuta en los medios, y tampoco hay una manera precisa de medir el impacto de esta forma de violencia, por cuanto no hay cifras oficiales.

Esto no quiere decir que no ocurran, como le dijo a BBC Mundo, la fundadora y directora de la Organización para Derechos de las Mujeres Iraníes y Kurdas (IKWRO, por sus siglas en inglés), Diana Nammi.

"El problema existe en cualquier país en el que haya comunidades procedentes de Medio Oriente, el sur asiático, Europa del Este o incluso el Cuerno de África", subrayó Nammi.

La dificultad de denunciar a la propia familia

El hecho de que estos crímenes se cometan en la esfera familiar o del entorno de las víctimas dificulta que salgan a la luz pública.

Los factores que alimentan el tabú son varios, desde el temor de la propia víctima hasta la falta de protocolos de actuación para las fuerzas de seguridad, pasando por la ausencia de recursos adecuados para dar protección a las mujeres o jóvenes que se deciden a escapar de la situación.

"Las chicas no quieren poner un denuncia contra su familia, viven amenazadas, o a veces la policía no se toma en serio su caso", explicó Nammi.

"Reino Unido y otros países europeos han hecho muchos esfuerzos para dar apoyo a estas mujeres. Hay estrategias públicas, organizaciones, estadísticas, y se siguen procesos judiciales. La misma ayuda debe llegar en Estados Unidos", subrayó.

Layli Miller-Muro, directora ejecutiva de la organización de ayuda a mujeres y jóvenes inmigrantes en EE.UU. Tahirih Justice Center, le dijo a BBC Mundo que este país está rezagado en materia de asistencia legal para casos de violencia de honor.

"El último estudio que hicimos en el centro -precisó- da cuenta de 3.000 matrimonios forzados al año en nuestro país. Es un tema oculto, del que no se habla".

Derechos de autor de la imagen Press Association
Image caption Al parecer, los padres de Shafilea no aceptaron que se hubiera "occidentalizado".

"En otros países como Reino Unido hay leyes, remedios y órdenes de protección específicas para los crímenes de honor. En Estados Unidos, no", añadió.

El riesgo de fomentar un estigma

Otras voces aseguran que si no se habla más sobre los crímenes de honor es para no fomentar el odio hacia todo un grupo, en este caso el de los musulmanes.

Si bien se dan casos de crímenes de honor en otras comunidades, la mayoría de las veces en que se habla de esta realidad se hace en conexión con el Islam.

En este sentido, la posición de los jerarcas islámicos respecto a los crímenes de honor es de rotundo rechazo.

El académico musulmán Sheikh Mohamed al Hanooti, miembro del Consejo Fiqh de Norteamérica, escribe: "En el Islam, no hay lugar para el crimen injustificado. Incluso en el caso de la pena capital, sólo el gobierno puede aplicar la ley a través de procesos legales"

"Nadie tiene la autoridad de ejecutar la ley más allá de las autoridades responsables. El crimen de honor puede haber surgido como tradición cultural errónea. Es una acción injusta e inhumana. Quien cometa ese tipo de crimen merece un castigo", sentencia.

Layli Miller-Muro, de Tahirih Justice Center, coincide en que no se debe estigmatizar a un grupo. "Los matrimonios forzados, por ejemplo, se dan en varias comunidades, no sólo entre musulmanes", sostuvo en entrevista con BBC Mundo.

Aún así, Diana Nammi, de IKWRO, afirmó que no se puede negar la realidad. "Cualquiera que sea la razón, el hecho es que la mayoría de estos sucesos se dan en comunidades musulmanas. Si negamos la verdad, no podremos ayudar adecuadamente a las mujeres", dijo.

"Tenemos que reconocer el problema. Si es cierto que el riesgo de que crezca la islamofobia y el racismo es enorme, entonces tendremos que enfrentarnos a ambos problemas separadamente. Las mujeres tienen derecho a sentirse seguras, sin importar la religión, la cultura, la nacionalidad o la raza. La violencia es violencia ocurra donde ocurra, un crimen es un crimen sin importar en qué comunidad se produzca", insistió.

Necesidad de mejorar el sistema

En el caso de Shafilea Ahmed, el sistema no fue capaz de evitar una tragedia, pese a que los profesores de su escuela estaban sobre aviso.

Las expertas consultadas por BBC Mundo coincidieron en la imperante necesidad de mejorar el funcionamiento de todo el engranaje.

Esto incluye desde el reforzamiento de las leyes y la adopción de políticas más eficaces, hasta la creación de centros de acogida, la inversión en una mayor sensibilización social y el impulso a la educación.

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