El rockero latino que no sabía que era tan grande como los Rolling Stones

Sixto Rodríguez, un hijo de inmigrantes mexicanos radicados en la ciudad de Detroit, Estados Unidos, empezó a incursionar en el mundo de la música popular a mediados de los años 60, con temas de carácter social, letras poéticas y tonadas pegajosas que hacían pensar que sería el nuevo Bob Dylan.

No tuvo éxito y tras el fracaso comercial de sus únicos dos LP, en 1974, Rodríguez colgó su guitarra y desapareció de la escena. No supo, sin embargo, que copias de su primer disco entraron de contrabando en Sudáfrica -un país aislado del mundo por su política de segregación racial conocida como apartheid.

Allí, por los corredores subterráneos de la contracultura, creció la leyenda de Sixto Rodríguez, un figura tan grande como Elvis Presley o los Rolling Stones y cuya misteriosa desaparición y rumor de que se había suicidado añadió al mito.

Décadas después, luego de la liberación de Nelson Mandela y la caída del régimen del apartheid, unos profesionales de la música se dieron a resolver el misterio de su ídolo y lo encontraron todavía en Detroit, trabajando como obrero de construcción.

Fue cuando empezó su segunda etapa como músico. En 1998, lo invitaron a Sudáfrica donde dio varios conciertos en salas repletas de adoradores fanáticos que se sabían de memoria cada sílaba de la letra de sus canciones.

El reencuentro fue recientemente documentado en una película que ha ganado varios premios y Rodríguez ha vuelto a los escenarios dando recitales por Estados Unidos y el mundo y promoviendo la cinta.

"Es un fenómeno y tiene algo de magia", le dijo cuando BBC Mundo fue a entrevistarlo durante una corta visita en Washington para dar un concierto íntimo en una sinagoga local.

Músico político

Image caption En los años 60 se pensó que Rodríguez sería un nuevo Bob Dylan.

El cantautor tiene ya 70 años de edad pero todavía proyecta la estampa de una estrella de rock: pelo largo, lentes oscuros y vestido todo de negro desde sus botas de cuero hasta el sobrero de fieltro que completa su figura.

Habla pausadamente, con la perspectiva de la edad y el idealismo de un alma joven, muy parecido a las letras de sus canciones de carácter social. "Entré en consciencia a muy temprana edad, me enseñé a tocar guitarra y me describo como un músico político", manifestó.

Toda la familia de Rodríguez proviene de México, de San Luis Potosí, aunque él tiene dificultad hablando español. "Entiendo completamente el idioma pero nunca tuve la oportunidad de hablarlo: yo nací y me crié en Detroit y mi madre murió cuando yo tenía tres años".

Detroit, Michigan, una populosa ciudad industrial en Estados Unidos, cuna de luchas sindicales y de mezcla racial, fue el marco en el que empezó el desarrollo musical de Sixto Rodríguez.

Escuchaba a los cantantes de México y todo tipo de géneros de América Latina, pero en los años 60 empezaba una revolución juvenil. "Había tanta música saliendo de todas partes. Bob Dylan, Paul Simon, Neil Young", le contó a la BBC.

"Yo reflejaba lo que pasaba en Detroit en los 60 y 70. El aspecto social es lo que me gusta. Uso la canción protesta como un género dentro de la música folclórica como un vehículo para expresar lo que veo", explicó.

Muy pronto Rodríguez -que se hacía pasar algunas veces como Rod Riguez o Sixto Rodríguez o Jesús Rodríguez- empezó a llamar la atención de las discográficas que estaban convencidas de haber encontrado el nuevo Bob Dylan.

Grabó dos larga duración, "Cold Fact" ("El hecho, tal cual") y "Coming from Reality" ("Desde la realidad"). A pesar de ser elogiados por los conocedores, no tuvieron éxito comercial. La disquera quebró y Rodríguez abandonó la música desilusionado.

"Pensé que podía lograr algún reconocimiento, vivir de eso, pero este es un negocio donde hay mucha crítica, mucho rechazo", confesó. "Conmigo las cosas no se dieron, me retiré de la escena y me puse a trabajar".

Ídolo desconocido

Image caption En EE.UU. nadie conocía sus discos, en Sudáfrica se sabían las letras de las canciones de memoria.

Regresó a las arduas labores físicas a las que se había dedicado antes. Demolición y remodelación de casas y apartamentos, el legado de su clase trabajadora. Era 1974.

Lo que no sabía Rodríguez fue que en Sudáfrica, al otro lado del planeta, alguien había logrado introducir de contrabando copias de su primer disco "Cold Fact". El país, en el extremo sur del continente africano, estaba culturalmente asilado del resto del mundo por un embargo internacional debido a su política de segregación racial conocida como apartheid.

Internamente, Sudáfrica estaba sometida a un régimen de mano dura, que reprimía cualquier intento de emancipación, ya fuera de la mayoría negra o de la juventud que quería un cambio político y social.

Allí encontró la música de Sixto Rodríguez terreno fértil. A pesar de la estricta censura, su disco fue reproducido y difundido entre la clase media que entonaba sus cantos como himnos de liberación.

Rodríguez eran tan grande como Elvis Presley o los Rolling Stones y fue tan influyente como estos en el desarrollo de importantes conjuntos de rock sudafricanos. La poca información que se tenía sobre él, su misteriosa desaparición del ámbito musical y el rumor que se había suicidado en un escenario añadieron a la mitología.

Resurrección

Image caption A los 70 años, Rodríguez ha entrado en una segunda etapa de su carrera musical.

Después de la liberación de Nelson Mandela y de la caída del sistema de apartheid, a mediados de los años 90, un par de fanáticos acérrimos de Rodríguez, Stephen Segerman y Craig Bartholemew, decidieron seguirle la pista a su ídolo y conocer más sobre su supuesto desafortunado final. ¿Cuál no fue la sorpresa al encontrarlo todavía vivo y trabajando como obrero en Detroit?

Lograron convencerlo de que en Sudáfrica eran apasionados por su música y lo invitaron a tocar una serie de conciertos allí en 1998. Ahora era el turno de Rodríguez de quedar sorprendido. Las salas estaban a reventar, con un público de varias generaciones acompañando al pie de la letra canciones que en Estados Unidos tal vez un puñado de personas habría escuchado.

"Fue algo épico", comentó Rodríguez de su experiencia. "Sudáfrica es un país hermoso, un pueblo hermoso. Conocí personalmente a mucho del público, muchos músicos, muchas de las personas que dieron la lucha".

El cantautor ha regresado cuatro veces desde entonces y su redescubrimiento y la resurrección de su carrera musical han sido plasmados en el documental "Searching for Sugar Man" ("Buscando al hombre del azúcar"), titulado así por el tema "Sugar Man", del disco "Cold Fact".

El documental ya fue galardonado con premios en varios festivales de cine y Sixto Rodríguez ahora se dedica promover la cinta y a dar recitales por Estados Unidos y el mundo introduciendo su música a un público incrédulo de que haya pasado desapercibida por tanto tiempo.

"Debo decir que soy un tipo con mucha suerte, voy a todos estos lugares y veo la dimensión de todo esto. Realmente ha sido un honor y un placer para mí", reconoció. "¿Quién lo hubiera pensado? Es como ganarse la lotería".

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