¿Se acerca el final para el gobierno de Asad en Siria?

Afiche de Asad
Image caption El gobierno de Asad parece estar debilitándose.

Los rusos finalmente han admitido en público que una victoria rebelde es posible en Siria.

Incluso están hablando de una evacuación de emergencia de sus nacionales en ese país.

El jefe de la OTAN dice que se aproxima un colapso del gobierno.

Las señales son bastante claras.

Después de 21 meses de lucha constante, y con la marea claramente en contra del gobierno, ni siquiera los más leales seguidores en Damasco podrían imaginarse que la victoria contra los rebeldes es posible.

Pero, ¿quiere decir eso que se acerca el fin de Bashar al Asad y del régimen de 42 años de duración fundado por su padre?

Desde el punto de vista estrictamente militar, la respuesta es no.

Lea: el conflicto sirio en profundidad

Para ganar, los rebeldes tienen que conquistar Damasco y sacar al mandatario de su asiento de poder, el que ha prometido defender hasta el último aliento.

Pese a que los rebeldes se han ido acercando a la capital, la verdadera batalla por la ciudad apenas comienza, y el núcleo duro del poder del régimen todavía no ha entrado en la confrontación.

"Todos sabemos que la batalla no será fácil y que el régimen defenderá su existencia de la manera más brutal", dijo la organización conocida como Comités de Coordinación Local en un inusual mensaje a los rebeldes, activistas y al público.

"No importa cuánto demore el inicio de la batalla de Damasco o los retos que encontremos, Siria y los sirios nunca han estado tan cerca de la victoria como ahora".

La organización rebelde hizo un llamado a "neutralizar mezquitas, iglesia y otros sitios religiosos durante la batalla que se avecina y pidió a los combatientes estar alejados de los monumentos culturales para evitar la venganza de las fuerzas oficiales, en clara referencia a lo que pasó en Alepo, donde los antiguos mercados fueron destruidos luego de las acciones rebeldes en julio.

Bastiones de poder

Los rebeldes han protagonizado varias oleadas de ataques en la capital desde que los combates llegaron a las dos ciudades principales en julio.

El régimen ha sido incapaz de sacarlos de muchos de los barrios periféricos, pero logró desalojarlos de las partes más céntricas, y ahora emplea una feroz campaña de bombardeo pesado y contraataques para mantenerlos fuera del centro de la ciudad.

Image caption Incluso Rusia ha reconocido la dificil situación que enfrenta el régimen de Asad.

La batalla por Damasco podría tomar meses de intenso combate calle por calle antes de que los rebeldes lleguen a su objetivo final.

Los comandantes rebeldes se quejan de que no tienen las armas para lanzar un asalto concertado contra los bastiones de poder del régimen.

Es posible que la batalla propiamente dicha tenga que esperar a un reagrupamiento de las filas y la llegada de armamento antiaéreo y antiblindaje más sofisticado. Algo que los rebeldes esperan que sea inminente tras el reconocimiento que obtuvieron en la reunión de los Amigos de Siria en Marrakech esta semana.

Una vez que comience, podría tomar semanas, incluso meses, de intensos combates calle por calle antes de que los rebeldes se acerquen a su meta final.

Lea: Rusia "no descarta" victoria rebelde

En Alepo, donde controlan aproximadamente la mitad de la ciudad más grande de Siria, han sido incapaces de avanzar mucho más a pesar de varios meses de esfuerzo.

También parecen haber alienado a grandes sectores de la opinión local, sobre todo después de que grupos yihadistas radicales desplazaron en gran medida a las facciones islamistas moderadas del Ejército Sirio Libre.

Así que el futuro podría deparar una lucha prolongada y sangrienta.

Pero la aparente inevitabilidad del desenlace, ahora señalada incluso por los rusos, podría dar lugar a su interrupción en varios escenarios posibles.

Sorpresas dramáticas

Image caption Se teme que la fase final de la insurgencia sea particularmente sangrienta.

No se puede descartar una división interna, que tal vez podría ocurrir si los líderes alauitas y los jefes militares persuaden al presidente Asad y a su círculo íntimo que el juego ha terminado y que es hora de subirse al avión, por el bien de su comunidad y del país en general.

Hasta ahora, el presidente ruso Vladimir Putin se ha negado a presionar a Asad a dimitir.

A medida que aumenta la presión sobre el régimen, tampoco puede excluirse la posibilidad de una sorpresa dramática.

El cambio en el tono de las declaraciones rusas podría en sí mismo tener un efecto sobre la moral del régimen, que muchas veces se ha beneficiado de las constantes declaraciones de apoyo de Moscú.

Si no ha perdido la esperanza por completo, Rusia podría concluir que para mantener alguna influencia en el futuro de Siria, y para frustrar a los yihadistas radicales a quienes odia, debe desempeñar un papel activo en una transición pacífica y convencer a Asad de que es hora de irse.

Tal medida estaría vinculada a consideraciones estratégicas rusas más amplias. Y podría tener que esperar a un posible acuerdo entre potencias durante una cumbre Putin-Obama después de que el mandatario de Estados Unidos inicie su segundo periodo presidencial en enero.

Tampoco hay garantía de que las gestiones rusas puedan tener éxito en persuadir al presidente sirio a dimitir.

El conflicto en Siria ha tardado dos años para entrar en su fase final.

Pero ¿cuánto tiempo falta, cómo va a terminar, y si va a ser seguido por estabilidad o confusión sin fin? La respuesta es hoy igual de incierta a como lo ha sido desde el principio.

Lea: ¿Que pasa si Siria cruza la "línea roja" de las armas químicas?

Contenido relacionado