Guinea Ecuatorial: en busca de una ciudad futurista en medio de la pobreza

Nueva Guinea

La población de Guinea Ecuatorial debería ser una de las más ricas del mundo. Pero por algún motivo, los ingresos que genera la producción de petróleo y madera parecen estar fuera de su alcance.

Ocho años después de un fallido golpe de Estado, proveer a la gente con dinero no parece ser la prioridad del presidente.

En la profundidad de la selva, una cúpula gigante hecha de acero y cristal, es la pieza principal de uno de los proyectos de construcción más grandes y costosos de África.

La biblioteca de la nueva Universidad Internacional de África Central tiene el aspecto de una nave espacial en medio de un ambiente selvático.

Alrededor de la cúpula, un gran campus empieza a tomar forma.

Excavadoras, grúas y constructoras internacionales provenientes de lugares tan lejanos como Brasil, Polonia y Corea del Norte, están convirtiendo los sueños del presidente Teodoro Obiang, en una realidad que desafía a la lógica.

La universidad no es más que una pequeña consecuencia de la ambición del presidente, quien planea construir la ciudad futurista de África.

Oyala será la nueva capital del país y un juguete de miles de millones de dólares para el dictador más longevo de todo el continente africano.

Debajo de una autopista de seis carriles recién construida, conocida como la Avenida de Justicia, se está construyendo el primer hotel de lujo de Oyala. Cuenta con 450 habitaciones, un spa, un teatro y un centro de convenciones.

"Para mí es un parque de ensueño", dice Vicente Cabrera, ingeniero jefe de la nueva universidad, y mi guía por Oyala.

"Yo soy de España. En mi país la construcción está muerta. Aquí no hay límites".

Pero hay frustraciones. El presidente visita las obras con frecuencia. Tuvieron que mover uno de los edificios de la universidad porque a él no le gustaba la vista.

Como era de esperarse, el proyecto está retrasado.

Cada clavo, cada ladrillo y cada baldosa es importada. Guinea Ecuatorial es rica en petróleo, gas y madera, pero no fabrica nada.

Hasta la comida que consumen los trabajadores de las constructoras la traen de Camerún.

En una década, Oyala será el hogar del presidente, del gobierno y - de acuerdo con el plan maestro – de hasta 200.000 personas.

De dónde vendrán los habitantes, sigue siendo un misterio. La población total del país cabría en la ciudad de Leeds, y la gran mayoría vive muy lejos, cerca a la costa.

La seguridad "no tiene precio"

Es justamente la lejanía de Oyala lo que más le atrae al presidente Obiang. En una entrevista, el presidente contó como los rebeldes habían tramado recientemente un asalto por mar a su palacio localizado en la capital actual, Malabo.

"Necesitamos un lugar seguro para mi gobierno y para los futuros gobiernos. Es por eso que creamos Oyala, para garantizar el bienestar del gobierno de Guinea Ecuatorial", dice.

La obsesión del presidente con el tema de la seguridad viene del pasado.

Llegó al poder mediante un golpe de Estado en contra de su propio tío, hace unos 33 años – y desde entonces desconfía de toda la oposición política.

Los críticos internos y activistas de derechos humanos que se convierten en amenaza, reciben una invitación para reflexionar acerca de su deslealtad en la famosa cárcel Black Beach.

Muchos opositores han sido acusados de conspirar con potencias extranjeras para derrocar al gobierno.

El fallido intento de golpe de estado en 2004, liderado por el mercenario y ex oficial del Ejército británico Simon Mann (supuestamente financiado por Mark Thatcher, hijo de Margaret Thatcher, la ex primer ministra británico), alimentó la paranoia del presidente Obiang.

Hoy, el presidente sigue convencido de que dicha iniciativa, mejor conocida como el “golpe de Wonga” tenía el respaldo de gobiernos extranjeros.

"Ese intento de golpe de estado fue organizado por potencias extranjeras, sabemos todo al respecto," me afirma el presidente.

"El hijo de Margaret Thatcher estuvo involucrado, al igual que otras personalidades.

"Es imposible que se haya organizado en España, Londres, África del Sur y en Estados Unidos sin el conocimiento de los servicios de seguridad de esos países".

Simon Mann fue absuelto y liberado de la prisión Black Beach hace tres años, pero las relaciones entre el presidente Obiang y los gobiernos occidentales siguen siendo complicadas.

El occidente quiere acceder a su riqueza petrolera sin que parezca que aprueban su régimen.

Por su parte, el presidente está especialmente molesto por las acciones legales emprendidas contra su hijo mayor - y posible sucesor - Teodorín, en Francia y EE.UU..

Una mansión de seis pisos en Paris, y una flota de 12 vehículos de lujo pertenecientes a Teodorín, fueron incautadas por los investigadores franceses.

Image caption Los ingresos que genera la producción de petróleo y madera no están al alcance de la población.

Funcionarios estadounidenses también analizan la posibilidad de confiscarle su casa de Malibú, un jet privado y US $ 2 millones en recuerdos de Michael Jackson.

El Departamento de Justicia de EE.UU. asegura que Teodorín, un playboy de 40 años de edad, recientemente nombrado vice-presidente, desvió decenas de millones de dólares del Estado a sus cuentas personales.

"Lo sucedido en París es una farsa, una trampa política", dice el presidente.

"Están acusando a mi hijo de haber adquirido estas cosas ilegalmente, pero ni siquiera se han tomado el trabajo de enviar a una comisión a nuestro país para investigar.

"Nadie roba aquí. Todo lo contrario, lo que mi gobierno ha hecho en este país es aumentar el nivel de vida de la gente y ofrecer una mejor infraestructura".

Universos paralelos

Pero a cinco minutos del palacio presidencial está la prueba de que la riqueza petroleras del país no llega a manos de la mayoría de las personas.

En un momento en que logro escaparme de las atenciones de mi guardaespaldas, me encuentro con un panadero en un barrio deteriorado de chabolas de madera y techos de hojalata.

"No tenemos agua limpia, ni servicios sanitarios", me dice. Después me señala el terreno que está al lado de su casa. "Está bien ahora, pero cuando llueve es intransitable".

Guinea Ecuatorial es el tercer mayor productor de petróleo en África subsahariana.

En términos de renta per capita, es – en teoría- uno de los países más ricos del mundo. Pero la mayoría de la población vive con poco más de US$ 1 al día.

La esperanza de vida apenas alcanza los 55 años.

Un joven de unos veinte años - otro que debe permanecer sin nombre – deja que su frustración deje a un lado su prudencia.

"El presidente y su familia no son más que ladrones", dice. "Sí, la gente está asustada, pero algún día todo explotará".

Por ahora, el presidente Obiang, su familia y el partido gobernante, parecen estar en total control.

En las últimas elecciones presidenciales Obiang ganó con un porcentaje del 97% de los votos.

No hay razón para esperar un resultado distinto cuando se enfrente a la relección, en las elecciones de 2016.

"Es un estado policial, al igual que Corea del Norte", dice el único diputado de la oposición, Plácido Micó. "Usan el dinero del petróleo como arma contra de la democracia".

Le pido al presidente de 70 años de edad - el jefe de estado no monárquico más veterano del mundo - si tiene la intención de permanecer en el cargo para ver ser testigo de la nueva sede del gobierno en Oyala.

"Depende de la voluntad de la gente", dice. "Cuando la gente quiere algo, no debemos defraudarlos".

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