Violación: "Acepté mi destino", Devimaya, Nepal

Hace dos meses, la trágica muerte de una víctima de violación en India horrorizó a la sociedad y trascendió las fronteras. El eco de ese crimen no ha dejado de resonar por ser una experiencia sufrida por tantas mujeres en el mundo. Seis sobrevivientes de violaciones en seis esquinas del mundo compartieron su historia con la BBC.

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Devimaya (no es su nombre real) es del este de Nepal y tanto ella como su esposo trabajaron en Kuwait y Arabia Saudita. Quedó embarazada como resultado de una violación en Kuwait en 2008 y cuando regresó a Nepal dio a luz a una niña discapacitada.

"Hablé con mi esposo por teléfono, que estaba en Arabia Saudita, sobre la violación. Me consoló y me dijo que no me preocupara. Dijo que hablaría con sus padres en Nepal y los convencería de que no se molestaran conmigo porque no fue mi culpa. Me sentía indefensa y desesperada por volver a casa.

El caso no fue reportado a la policía en Kuwait porque yo no conocía al perpetrador y no sabía cómo pedirle ayuda a las autoridades. Estaba trabajando como empleada doméstica para una familia kuwaití. No sabía hablar el idioma ni conocía las costumbres locales. No supe a dónde ir o a quién pedirle ayuda. Mis empleadores no ayudaban. Me llevó dos meses de súplicas para que me dejaran partir.

Cuando regresé de Kuwait di a luz a una niña que es físicamente discapacitada. Ya tiene casi tres años de edad.

Después de regresar a casa mis padres le preguntaron a mis suegros si estarían dispuestos a aceptar al bebé como suyo. Después me dejaron quedarme con ellos. Yo había estado enviándoles dinero desde Kuwait.

Pero después de tres o cuatro días su conducta cambió súbitamente. Dejaron de hablarme y comenzaron a insultarme e incluso a golpearme. Querían que me fuera de su casa pero me negué. Ellos tomaron todas sus cosas de la casa y se fueron. Ahora se están quedando en otra parte, no sé dónde; se llevaron a mi hijo de ocho años.

Mi esposo también dejó de hablarme. Sé que ya no me quiere ni me desea. Mis suegros amenazaron con vender la casa donde estoy viviendo pero ahora pedí ayuda legal, gracias a una ONG, y logré detener la venta de la propiedad.

La mayoría de la gente que me conoce y que sabe lo que he pasado me trata diferente. No me dan trabajo. Se burlan de mí y dicen que traje al 'niño de un musulmán'.

Ésta es una de las razones por las cuales no consigo trabajo pagado y he tenido que viajar distancias largas donde la gente no conoce mis antecedentes. Mi vida es muy dura, pero tengo que seguir viviendo, porque no puedo morir.

Ya acepté mi destino. Mis padres también son pobres y no pueden ayudar, además de ofrecer su apoyo moral. Algunos parientes distantes de mi esposo son muy amables y compasivos conmigo. Me han permitido trabajar en una porción de su tierra y así es como estoy tratando de alimentarnos, a mí y a mi hija".

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