La pesadilla del transporte en Río, la "Ciudad Maravillosa"

Atasco en Río de Janeiro
Image caption Los habitantes de Río de Janeiro se quejan de que el transporte público de la ciudad no es eficiente.

Río de Janeiro es llamada la "Ciudad Maravillosa" por sus diversos encantos y el lugar donde pronto vendrán multitudes para ver al Papa, partidos del Mundial de fútbol y competencias olímpicas.

Pero para la brasileña Hellen de Almeida dice que para ella llegar aquí por las mañanas está lejos de ser un placer: "Es una pesadilla tomar ómnibus", explica.

Para entrar puntual a su trabajo de empleada doméstica, Almeida debe salir de su hogar en Guapimirim, un municipio al norte de Río, a las 3:50 de la madrugada y viajar en autobús más de una hora y media hasta el centro de la ciudad, un trayecto que en auto se puede hacer en unos 40 minutos.

Y luego le toca tomar otro bus hasta la casa donde trabaja a partir de las 6:15 de la mañana.

"(Los autobuses) están llenos, siempre con mucha gente y los conductores son muy mal educados", señala Almeida, de 28 años. Relata que los horarios suelen ser difusos y que llegó a sentir el choque leve de un coche donde viajaba contra otro.

Sus impresiones son compartidas por muchos de quienes utilizan con frecuencia la red de transporte público de Río de Janeiro, donde se realizan 9,7 millones de viajes diarios según cifras del gobierno federal.

En una ciudad que se apresta a recibir oleadas de visitantes para la Jornada Mundial de la Juventud católica con el papa Francisco en julio, el Mundial de fútbol Brasil 2014 y los Juegos Olímpicos 2016, las autoridades admiten que el transporte público tiene grandes retos pendientes.

"La Alcaldía de Río reconoce que el sistema de ómnibus de nuestra ciudad no está en la calidad que Río de Janeiro precisa", dice Carlos Osório, secretario municipal de Transportes, en diálogo con BBC Mundo.

¿Podrá Río superar esos problemas como promete?

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¿Buses o bólidos?

Image caption Un autobús cayó desde un viaducto y causó la muerte de siete personas la semana pasada.

Algunos episodios graves recientes pusieron en el tapete la cuestión del transporte público en Río.

Uno de ellos fue la caída de un autobus desde un viaducto en plena ciudad, lo que causó la muerte de siete personas a principios de mes.

Según testigos, el accidente ocurrió por una pelea entre el conductor y un pasajero, un episodio que investiga la policía.

El caso expuso las tensiones que se viven a diario en los autobuses de Río entre choferes que buscan realizar el recorrido lo más rápido posible, a menudo tratando el pasaje como ganado y cometiendo infracciones de tránsito burdas, y ciudadanos que se indignan por la calidad del servicio.

En el último año, unas 42.000 quejas por comportamiento de conductores de buses llegaron a la Alcaldía de Río, que tiene apenas 40 agentes para fiscalizar las flotas de ómnibus, taxis y camionetas de transporte público, según el diario O Globo.

El autobús de la tragedia tenía como antecedentes 47 multas, en su mayoría por exceso de velocidad.

Otro hecho que encendió alarmas pocos días antes a ese accidente fue la violación de una turista estadounidense que subió a una camioneta de pasajeros junto a su compañero francés en la turística playa de Copacabana.

Image caption Las autoridades de Río admiten que el transporte público tiene grandes retos pendientes.

Ambos fueron secuestrados durante seis horas por hombres que conducían el rodado por la ciudad, mientras atacaban sexualmente a la mujer, robaban y golpeaban a ambos. Tres individuos fueron detenidos por estos crímenes.

En Río circulan cerca de 12.000 camionetas o minibuses de transporte público, un medio alternativo al autobús o taxi. Pero la mitad son ilegales: trabajan sin permiso municipal. Muchos son además operados por milicias.

La Alcaldía prohibió desde esta semana esta modalidad de transporte de pasajeros en la zona sur de la ciudad, lo que pudo aliviar el tránsito en varios barrios turísticos pero afectó a miles de personas humildes que usaban las camionetas para trasladarse día a día por allí.

También se han lanzado operativos para detener camionetas de transporte "piratas", pero aún se desconoce hasta dónde llegarán.

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¿Mejoras?

Osório afirma que se están tomando medidas para mejorar el servicio de transporte en Río.

Entre ellas señala que se han puesto reglas contractuales para los buses del municipio, una flota de 9.000 unidades que ahora recibió cámaras y equipos GPS, y pronto comenzará un monitoreo a distancia del servicio.

Image caption En Río circulan cerca de 12.000 camionetas o minibuses de transporte público, un medio alternativo al autobús o taxi.

También destaca la creación de cuatro corredores de buses de tránsito rápido (BRT), mientras el gobierno estatal invierte millones para expandir el metro de dos líneas y mejorar la red ferroviaria metropolitana.

Pero Carlos Vainer, del Instituto de investigación y planeamiento urbano en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), advierte que la ciudad carece de un verdadero sistema de transporte público y falta una articulación de los distintos servicios entre los municipios.

"El transporte es público, pero el servicio es privado, dirigido por intereses privados, con empresas privadas cuyo objetivo es el lucro máximo", afirma.

"La postura del estado y del gobierno es ser un ente que concede servicios pero no administra, no gerencia ni impone a esos servicios el orden público", agrega Vainer

Osório descarta que "estatizar" sea una solución para el sistema de transporte de la ciudad y señala que esa estrategia se ensayó a fines de los '80 con "pésimos resultados y la vuelta a la privatización".

El plan es que, con las inversiones en curso, para los Juegos Olímpicos de 2016 la disponibilidad de transportes de alta capacidad (metro, BRT y trenes) se eleve a 63% de los viajes en la ciudad, contra el 20% actual.

Sin embargo, hasta ahora la pasajera cotidiana Hellen de Almeida niega que note algún cambio positivo en su largo peregrinar de casa al trabajo a bordo de buses repletos.

"La mejoría creo que es para quien tiene más dinero", comenta, "para el pueblo no vemos mucha mejoría".

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