"Rayuela": juegue para recordar la obra de Cortázar

Julio Cortázar
Image caption La obra de Julio Cortázar cumple 50 años.

A su manera esta nota sobre "Rayuela" es muchas notas.

Usted la puede leer en la forma corriente, como cualquier otra, pero también se deja leer sin remordimientos en cualquier orden que usted decida.

Así es el homenaje de BBC Mundo a la obra de Julio Cortázar que este 28 de junio cumple 50 años.

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Image caption Edición especial de Rayuela en una librería de Buenos Aires

El 28 de junio de 1963 salía de imprenta la transgresora "Rayuela", la obra del argentino Julio Cortázar que inauguraría el fenómeno del Boom Latinoamericano.

Del lado de acá, en Buenos Aires, con motivo de este 50 aniversario se lanzó una edición especial de lujo, de la casa Alfaguara, que incluye un apéndice donde el propio Cortázar explica la historia de su libro a través de misivas mandadas a sus amigos.

Mientras, del lado de allá, en París, el Instituto Cervantes de la capital francesa organizó una exposición sobre el autor, que ubica en esta ciudad gran parte de la acción de Rayuela.

Pero se espera que las grandes conmemoraciones lleguen el próximo año, cuando se celebre el Centenario del nacimiento del escritor el 26 de agosto, o los 40 años de su muerte el 12 de febrero.

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¿Qué recuerdos tienen los argentinos de una de sus obras clave, 50 años después de su publicación, de Oliveira y La Maga? ¿Cuál es el personaje o momento más memorable? ¿Podrían describir cómo fue el primer instante en que se toparon con la obra? BBC Mundo les hizo estas preguntas en la Plazoleta Julio Cortázar del barrio porteño de Palermo.

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Rayuela y en general, la obra de Cortázar, ha marcado ya a varias generaciones de autores argentinos. BBC Mundo pidió a tres jovenes escritoras del país su punto de vista sobre la herencia de Rayuela y su validez medio siglo después de su publicación.

Silvia Hopenhayn

Leer a los brincos (de felicidad)

Image caption Silvia Hopenhayn

Para mí, "Rayuela" es el trazado de la vida de otros. Y sin embargo, a cincuenta años de su publicación, se ha convertido en la ficción de nuestra identidad (o la identidad de nuestra ficción).

Rayuela es un juego maravilloso del que nadie sale ganador, pero sí ganando –que no es necesariamente lo mismo; un partido que jugó (o se jugó) "nuestra" generación perdida, tan fascinante y angustiada como "la" generación perdida de los escritores estadounidenses que estuvieron en París entre la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión (Pound, Hemingway, entre otros).

Algunos años después, Cortázar vivió en la misma ciudad y por mucho tiempo. También por allí anduvieron Mario Vargas Llosa, Augusto Roa Bastos, Alejo Carpentier. Cada uno lidiando con la historia de su país, en plena combustión de anhelos personales. Cortázar entonces, era un ¿exiliado?, ¿un eximido? Sin duda partió de la Argentina, por convicción y algo de felicidad, concienzudamente decidido. Disconforme con el gobierno de Juan Domingo Perón, en 1951 se llevó todos los libros por escribir a Francia.

Rayuela es la novela total de su traslado, aunque él la definió como la tentativa de llevar a la escritura toda una vida. En la estructura del libro aparece esta idea del aquí y el allá, o sea del "todo" en un mismo libro. La novela se divide en tres partes itinerantes: "Del lado de allá", "Del lado de aquí", "De otros lados". Hay que rebotar en el océano para entender sus saltos. Sí, Rayuela se puede leer (y se juega) a los brincos. Y así lo hace Cortázar en su tablero del amor y del azar.

¿Novela experimental? ¿Novela intelectual? ¿Historia de amor? ¿Búsqueda frenética de pasiones diversas –en el arte, en la mujer, en la ciudad? En todo caso Rayuela fue su modo de vivir no ya "de" sino "en" la literatura. Y nos invita a todos a hacerlo.

Romina Freschi

En el inicio era un mandala

Image caption Romina Freschi

Cortázar entendió como nadie que la novela es una experiencia de la discontinuidad. En su extrema libertad, "la novela no tiene leyes, como no sea la de impedir que actúe la ley de gravedad y el libro se le caiga de las manos al lector".

Hay aquí una relación muy fuerte con el lector, quien debe ser cautivado. Y ya desde su primera página, con su "tablero de dirección", "Rayuela" plantea una provocación. Juguemos, claro, pero también viajemos… Si es posible recorrer la novela siguiendo el tablero de dirección como un mapa donde se registran los dos recorridos que propone su autor, también es posible elegir otros recorridos e ir dejando marcas de esos otros viajes posibles en los que la lectura y la vida son sinónimos de la experiencia como traslación, travesía y merodeo (¿llegaremos al cielo? ¿dónde estará la Tierra?)

El inolvidable comienzo de "Rayuela" en el que Oliveira busca por las calles de París a La Maga me lleva directo a Nadja de Bretón, en cuanto a que en ambas novelas hay una búsqueda del otro que se realiza de manera azarosa, y conlleva un viaje de autoconocimiento, como un juego de espejos. Y los espejos redundan en "Rayuela": el lado de acá se encuentra también del lado de allá, Oliveira y La Maga se reflejan en Traveler y Talita, Morelli imita a Cortázar, el lector es para Cortázar un doble del autor, escribe la novela al leerla.

Cortázar utiliza el procedimiento de la duplicidad para iluminar los distintos aspectos de la humanidad compartida de sus personajes (lector y autor incluidos) y con ello reluce la relación con el otro, única vía para la continuidad y también para el conocimiento de uno mismo. Esta proyección de uno mismo sobre el otro es la que se establece con un mandala. Y Mandala fue uno de los posibles títulos que Cortázar pensó para "Rayuela".

Ana Quiroga

"Rayuela" no se acaba nunca

Image caption Ana Quiroga

En el silencio de la intimidad, un espíritu joven que anhela encontrar las palabras que lo vuelvan escritor, deambula afiebrado por las líneas de Rayuela y se deja llevar de la mano por el barrio latino de París, en un viaje iniciático al universo Maga, a la enumeración infinita de escritores y calles, y temas de jazz, y filósofos y artistas, y lejanas ciudades latinoamericanas y europeas, cayendo de continuo en las excepciones, convenciéndose de que el mundo se abre en unas páginas y que ya no volverá a ser quien fue.

Cada nueva lectura, cada nuevo lector, incluido el lector-hembra, estrenará pasiones, regresará a sus recuerdos, percibirá la furia y la nostalgia, se exasperará "con piel y pelo y baba y quejas" y se arrepentirá con vergüenza por lo que otros hicieron.

Y en otra mirada a este libro que es muchos, aunque esencialmente dos, habrá quien empiece por el capítulo 73 y encuentre que la única "verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura" y creerá ver aplacadas el ansia de gloria y las tendencias intelectuales.

No se acabará nunca "Rayuela" como la fiesta en París que no se acaba nunca, y el libro seguirá brindando alusiones para desesperarse, en un incesante exhibicionismo de la memoria asociativa, en un intento por volver al lector "obligadamente cómplice" al murmurarle, con términos desconocidos, rumbos más esotéricos.

El juego de "Rayuela" comienza con el Tablero de dirección y continúa con el quiebre de las frases y las estructuras, los saltos del lenguaje y las interpolaciones, la fluidez de una prosa en la que hay lugar, incluso, para las jitanjáforas: "apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias" y el lector, también extrayuxtado, se ríe con la risa de la Maga.

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EL JUEGO

Rayuela es un juego que los niños juegan en las calles y en las escuelas y consiste en avanzar en unos cuadros dibujados en el piso.

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