La “primavera colombiana” se queda en el campo

  • Arturo Wallace
  • BBC Mundo, Bogotá
Protestas campesinas en el Catataumbo. Foto: Efraín Medina / El Tiempo
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Durante las protestas campesinas y mineras se han registrado episodios de violencia.

No es ni Brasil, ni Turquía, pero Colombia también vive días de movilización ciudadana.

A los campesinos de la región del Catatumbo, que llevan más de un mes en protestas que ya dejaron cuatro muertos, se les sumó la semana pasada el gremio de los pequeños y medianos mineros, que denunció dos fatalidades en su primer día de paro.

Y uno de los sectores más emblemáticos del país – el de los caficultores – también está amenazando con una nueva protesta.

"Colombia probablemente tendrá un verano políticamente turbulento como resultado del descontento de quienes sienten que se están quedando atrás económicamente", advirtió incluso la consultora de riesgos estadounidense Strafor.

Según la consultora, se calcula que en las protestas del Catatumbo – en el departamento de Norte de Santander, relativamente cerca de la frontera con Venezuela – han participado "entre 10.000 y 20.000 personas, algo notable para una zona rural y aislada".

Y es posible que, en su conjunto, los pequeños mineros, que protestan en varios departamentos del país, sean capaces de movilizar al menos otro tanto.

Eso, sin embargo, no es ni remotamente comparable con las multitudinarias manifestaciones de Brasil o Turquía.

Y es que, al menos por el momento, el descontento manifiesto que explica las protestas colombianas parece estar confinado fundamentalmente al campo.

"Los pequeños productores que están viéndose muy atacados por las medidas macroeconómicas y la firma de los tratados de libre comercio", le dijo a BBC Mundo César Jerez, el vocero de la protesta campesina del Catatumbo.

"Hay sectores enteros – el café, el cacao, la leche, la papa, la panela – que están viendo perder su ingreso. Y eso explica la enorme conflictividad social que hay la zona rural", aseguró.

Mayoría urbana

Jorge Restrepo, el director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), coincide.

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Las protestas urbanas, como las de los estudiantes, por lo general tienen mayor impacto.

"Los profundos cambios estructurales que se están dando en la economía del campo colombiano, los TLC, les están dando durísimo. Y ese es uno de los factores detrás de las protestas", le dijo a BBC Mundo.

Pero el analista no cree que los actuales paros y movilizaciones vayan a sacudir los cimientos del gobierno de Juan Manuel Santos.

Entre otras cosas porque se trata, precisamente, de protestas eminentemente rurales.

"Francamente no creo que esto vaya a convertirse en una primavera a la colombiana, porque los factores de gobernabilidad de Santos son otros: están mucho más centrados en el voto urbano, en la confianza de los empresarios y de los inversionistas", explicó Restrepo.

"Y también porque quienes están protestando no tienen capacidad para afectar la economía o la gobernabilidad. No son protestas masivas de estudiantes que te paren las ciudades".

Las ciudades importan porque en Colombia ya más del 75% de la población vive en zonas urbanas.

Y, según Jerez, a sus habitantes les cuesta conectarse con los problemas del campo.

"Yo diría que por lo general en las ciudades la gente está desinformada, no está al tanto, y tampoco tiene capacidad crítica para entender la problemática", le dijo a BBC Mundo.

"Y claramente la de las ciudades es la opinión pública que orienta decisiones, es la que sale reflejada en los medios de comunicación masivos", afirmó el también fundador de la Agencia de Prensa Rural.

El factor guerrilla

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El conflicto armado ha contribuido a la estigmatización de la protesta social.

Esa situación es común a muchos países de América Latina, pero, en el caso colombiano, la desconexión se ve además agravada por la rápida vinculación que a menudo se hace entre guerrilla y las movilizaciones antigubernamentales que se producen en las zonas rurales.

La demanda fundamental de los campesinos del Catatumbo, por ejemplo, es la declaratoria de una Zona de Reserva Campesina – una figura legal que les daría mayor acceso a tierras y una protección similar a la que actualmente gozan resguardos indígenas y los territorios de las comunidades afrocolombianas.

Pero aunque se trata de una figura que ya tiene precedentes en el país, en Colombia muchos aún las asocian con las FARC, que hicieron de las Zonas de Reserva Campesina uno de los puntos clave del acuerdo de paz que actualmente negocian con el gobierno en La Habana.

Y poco después de que estallaran las protestas en el Catatumbo el propio César Jérez fue señalado como sospechoso de tener vínculos con las FARC por varios funcionarios gubernamentales.

Para el vocero de la protesta campesina, a la que acompaña en su calidad de representante de la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (ANZORC), ese es un ejemplo más de las tácticas empleadas por los dueños del poder en Colombia para intentar anular las reivindicaciones sociales.

"Colombia es un país en el que históricamente se ha ejercido la violencia política contra los opositores, contra los movimientos sociales", le dijo a BBC Mundo.

"Y el caso mío es más de lo mismo: desprestigiar una movilización estigmatizando y señalando a uno de los voceros y usando para eso los mecanismos de siempre: filtraciones de inteligencia militar, construcción de montajes judiciales que se convierten en procesos y terminan enviando a la gente a la cárcel", aseguró.

Más allá del caso de Jerez, sin embargo, el gobierno colombiano insiste en tener pruebas de la "infiltración" de la protesta por parte del frente 33 de las FARC.

"Están esperando que la Fuerza Pública intervenga para generar mucha más violencia", denunció el propio presidente Juan Manuel Santos.

Y, ayer lunes, a través de un comunicado publicado en su página web las FARC no solamente apoyaron públicamente la protesta en el Catatumbo: también le ofrecieron apoyo armado.

"Pueden contar con nuestras filas, con nuestras armas, con nuestros combatientes. Dispuestos a recibirlos, a apoyarlos, a conducirlos a la victoria final", se lee en el comunicado.

Ganadores vs. Perdedores

En ese contexto, está claro que la mera existencia de la guerrilla marca un claro límite para lo que se puede conseguir en Colombia a través de la movilización social.

"Yo me atrevo a decir que nuestro sistema político no da para (situaciones como las de Turquía o Brasil), entre otras cosas porque todavía tenemos guerrilla", explica Jorge Restrepo.

"Y es que nadie va a querer participar en una marcha masiva multitudinaria, en una protesta antisistema, cuando puede ser cooptada por un grupo armado", aseguró.

Más coyunturalemente, el relativo buen estado de la economía colombiana, que sigue creciendo y atrayendo abundante inversión extranjera, también es un factor a considerar.

Efectivamente, como reconoce en su último reporte la consultora de riesgo Straford en el problema es que "mientras que el flujo de inversión extranjera ha beneficiado a unos, sus beneficios no se han sentido uniformemente. Y aunque los tratados de libre comercio han beneficiado a algunos sectores de la sociedad colombiana, también han afectado a los productores locales".

"Y los que se han beneficiado no van a salir a protestar", explica Jorge Restrepo.

Lo que significa que, por el momento, será muy difícil que se produzca una "primavera colombiana" que pueda florecer más allá de la zona rural.