Un mensajero real y otras tradiciones para el flamante bebé de William y Kate

Duquesa de Cambridge
Image caption La duquesa de Cambridge fue admitida el lunes en un ala privada del hospital St. Mary's para dar a luz a su primer niño.

Son 41 cañonazos: un estruendo que sacude a Londres para anunciar que el príncipe William y su esposa Kate, duquesa de Cambridge, han sido padres. Al saludo real, marcado con disparos desde el parque de Green Park, le sigue otra salva desde la Torre de Londres con la que la ciudad celebra el nacimiento.

Pero la primera señal que da a entender que el bebé real ha llegado al mundo es la salida a toda prisa de un mensajero real del hospital: una tradición que se mantiene inalterada desde tiempos medievales.

Solo que ahora el edecán viaja escoltado por la policía motorizada. ¿Su destino final? El palacio de Buckingham, en el centro de la ciudad, la residencia de la reina Isabel II.

El enviado es el encargado de llevar un boletín médico con los detalles consignados por los galenos del ala Lindo del hospital St. Mary’s, en el oeste de Londres, donde Kate fue llevada para dar a luz a su primogénito.

La tradición señala que, una vez en palacio, el parte médico se convierte en afiche con un membrete real sobre un caballete de madera oscura, el mismo en el que se escribió el nacimiento del flamante padre William, en 1982: es la manera en que la monarquía británica informa a los ciudadanos sobre la llegada de un nuevo heredero. En este caso, el tercero en la lista de sucesión al trono.

Ello ocurre, claro, sólo después de que la reina y otros miembros de la realeza, así como la familia Middleton, han sido notificados del nacimiento.

La pancarta, donde se incluye el sexo y el peso del recién nacido, quedará en exhibición en el patio delantero de Buckingham, detrás de las rejas por las que cada día desfilan miles de turistas.

Image caption Miles de turistas pasan por delante del palacio de Buckingham, a la espera de una señal del nacimiento.

Sobre el nombre, queda esperar: aunque el de Harry -el menor de los hijos del príncipe Carlos y Diana de Gales, nacido en 1984- se conoció de inmediato, hubo que esperar varios días para que se difundiera el de su hermano mayor, William.

Lo que es seguro es que Cambridge tiene en este niño a su primer príncipe o princesa en al menos dos siglos: el título del ducado de Cambridge fue otorgado por la reina a William (que lleva el título "de Gales", heredado de sus padres) para marcar su casamiento con Catherine, en abril de 2011, y será traspasado ahora a su recién nacido.

Anuncio en el ciberespacio

Ante el palacio de Buckingham, de 775 habitaciones y 108 metros de fachada, el tránsito de visitantes se incrementó en los últimos días, alimentado por la expectativa que generó el nacimiento.

"A ver si nos coincidía con el momento en el que levantaran el afiche, o hicieran un anuncio por los balcones… Acá nos quedamos esperando", especuló Gisela Sánchez, una turista argentina, a BBC Mundo.

Más allá del protocolo de antaño, la novedad de este nacimiento es el eco que tendrá por efecto de las redes sociales: Twitter y Facebook son los canales designados por Buckingham para que la llegada del bebé se dé a conocer más allá de la isla, junto con la actualización del sitio web oficial de la casa real.

Luego, la rutina informativa indica que Buckingham difunde los detalles a los medios periodísticos acreditados, tanto domésticos como internacionales.

Pero muchas miradas estarán puestas en el momento en que se consiga la primera foto: la oficial, así como la que intentarán capturar los fotógrafos apostados a la salida del hospital St. Mary's.

La tradición señala que Buckingham difundirá una imagen del nuevo integrante de la familia en las próximas dos semanas. Pero muchos consideran que el frenesí mediático alimentará la cacería por una foto-primicia previa a la oficial.

"Habrá enorme interés, pero ellos (William y Kate) se van a retraer a un espacio privado y todo estará en su lugar para protegerlos, tanto como sea posible. Pero habrá momentos donde el niño será fotografiado, sin duda, quizás cuando vayan a los primeros eventos oficiales. Aunque se estima que, por las próximas semanas, se intentará salvaguardar la privacidad", señaló a la BBC el biógrafo de la monarquía Robert Hardman.

Privacidad moderna

Image caption Los periodistas pasaron días a la espera del anuncio en las inmediaciones del hospital St. Mary's, en el barrio londinense de Paddington.

La privacidad de los matrimonios reales, señalan los historiadores, ha cambiado notoriamente con los tiempos: aun cuando el acoso de los paparazzi vaya en aumento, los nacimientos de otrora eran presenciados "en vivo" por decenas de personas.

"Incluso a mediados del siglo XX todavía el Secretario del Interior estaba presente durante el trabajo de parto. Es increíble que esa tradición se haya mantenido por tanto tiempo. En el Medioevo o en la era Tudor era común que hubiera hasta cientos de personas en la sala", le explicó a la BBC la historiadora británica Tracy Borman.

La razón detrás de esta falta de privacidad aceptada, explica la experta, era confirmar que el heredero era efectivamente el recién nacido, "que no había sido cambiado porque tuviera un defecto o hubiera muerto" durante el parto.

Según señala el historiador Hugo Vickers, experto en la realeza británica, en el pasado incluso se procedía a la inspección física del bebé, que era desnudado frente al gabinete de ministros, obispos y otras autoridades.

Con el nacimiento del hijo de William y Kate, no sólo estas tradiciones cambian: también la de contratar a niñeras de palacio a tiempo completo.

Según se ha anticipado, los propios padres se inclinarán por una crianza más parecida a la de una familia corriente, con cambio de pañales incluido.

Lea: William y Kate redefinen papel de niñeras en la realeza

"Lo que hemos visto hasta el momento de William y Kate permite anticipar que llevarán una vida lo más normal posible, dentro del curioso mundo en el que les toca vivir. Así es posible creer que serán padres bastante involucrados en la crianza directa de sus hijos y estarán preocupados por darle una educación lo más parecida posible a la de los otros niños", anticipó Vickers.

Lo que es seguro es que diferirá bastante de la que ha recibido el príncipe Carlos, abuelo de la criatura, de manos de la actual reina.

Ahora, ¿cuán "normal" puede ser crecer en el seno de la realeza, entre el palacio de Buckingham y el de Kensington, donde sentarán residencia William y Kate con el niño?

Una encuesta realizada hace unos días por la consultora Ipsos Mori muestra que los súbditos no tienen muchas expectativas de que los flamantes padres vayan a lograrlo: 65% de los británicos cree que cuando crezca debería tener, por caso, un empleo normal antes de dedicarse a sus obligaciones monárquicas, pero 70% considera que es imposible para un bebé real tener una vida parecida a la de los otros 1.900 niños que, según las estadísticas, nacerán hoy en el mismo territorio.

Contenido relacionado