Fonterra, el gigante que domina el negocio de los lácteos en el mundo

Camión de Fonterra
Image caption ¿Hacia dónde irán los destinos de la más grande exportadora de productos lácteos del mundo?

Es la mayor exportadora de lácteos a nivel global y está en la picota desde que, a principios de agosto, su director reconociera que en parte de su producción de suero de leche en China se detectó la presencia de Clostridium, una bacteria productora de la toxina de botulismo que puede causar parálisis o incluso la muerte.

Fonterra factura más de US$15.000 millones anuales, exporta a unos 140 países del mundo (unas dos terceras partes del planeta) y tiene una considerable presencia en América Latina, fuente de más del 10% de su producción láctea mundial.

A diferencia de multinacionales del sector como Nestlé, es originariamente una cooperativa que agrupa al 90% de los productores de leche de Nueva Zelanda, responsables de una cuarta parte de las exportaciones de ese país.

Su presencia en el mercado global tiene dos grandes capítulos. Por un lado, la venta de productos de marca para el consumidor (leche, yogures, helados, cremas). Por el otro, la venta de ingredientes a compañías de alimentos y farmacéuticas tales como el ahora denostado suero de leche para niños menores de tres años.

La comercialización va más allá de los estantes de supermercados y almacenes. El servicio directo a cadenas de restaurantes, hoteles, cafés, líneas aéreas, oficinas y centros de entretenimiento es un negocio que produce ventas por unos US$1.000 millones en unos 50 países.

Hoy, la ansiedad de este gigante lácteo ante el escándalo del suero de leche contaminado se vuelve patente con sólo abrir su página web y ver los dos anuncios que ocupan la pantalla con letras gigantescas, convertidos en mensaje corporativo a la aldea global.

El primero busca dar una imagen de compañía en control de los hechos con el título Action y la siguiente promesa: "La seguridad alimentaria es nuestra prioridad número uno. Estamos trabajando con nuestros clientes para garantizar que todos los productos afectados estén fuera de circulación".

La otra mitad de la portada ofrece líneas de emergencia para llamar por "cualquier preocupación por su salud". Los productos brillan por su ausencia.

El talón de Aquiles

La tan mentada globalización ofrece una gran ventaja a las grandes compañías, al montar economías de escala a nivel mundial que permiten aprovechar ventajas comparativas y abaratar costos.

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Los patrones productivos de Fonterra se adaptan a este esquema. En 2011, la cooperativa compró unos 15.000 millones de litros de leche de tamberos neozelandeses, unos 2.600 millones de América Latina y casi 2.000 millones de la vecina Australia.

Con sucursales en medio planeta, ha establecido alianzas con distintos grupos según sus intereses estratégicos. En Europa creó una sociedad con DFE Pharma para productos farmacéuticos con base en lactosa. En América Latina formó una compañía con Nestlé -Dairy Partners Americas- que suministra productos lácteos en Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Venezuela.

En Chile, Fonterra controla el 99,4% del paquete accionario de Soprole, líder del sector a nivel nacional. Soprole compra unos 500.000 litros de leche a productores locales, un cuarto de la producción anual del país.

"Chile no ha sido afectada por el problema de la contaminación porque no producimos el suero de leche", le aclaró a BBC Mundo una portavoz de Soprole.

Todo lo cual no dejó de agitar las aguas de la opinión pública no solo en Chile, sino también en otros países.

Es uno de los talones de Aquiles de la globalización. El impacto de cualquier falla en una cadena de producción y comercialización internacional es que un escándalo afecta a la reputación de cada eslabón, por más que la manteca Anchor-del grupo no tenga nada que ver con el suero de leche, un producto para niños.

El repliegue del mercado

Image caption Página web de Foterra: "acción" y líneas de ayuda.

La proteína de suero de leche fue fabricada en una de las plantas de Nueva Zelanda el año pasado y vendida a China, Malasia, Vietnam, Tailandia, Arabia Saudita y Australia, además de ser utilizada en Nueva Zelanda para producir leche para lactantes.

A raíz del escándalo, estos países -a los que se han agregado Rusia, Brunei y Sri Lanka- han retirado de circulación o prohibido la importación de productos de Fonterra.

Esta prohibición elevó el precio de la leche a su punto máximo en las últimas tres semanas y, según comentó a la agencia económica Bloomberg la analista Alicia Forry, de Canaccord Genuity, "esta situación probablemente seguirá impulsando un alza de los valores".

Fonterra ha buscado ceñir el tema a un lamentable "accidente", mientras que su socio Nestlé ha tenido que aclarar que ninguno de los productos que fabrican conjuntamente tiene leche de suero.

Con un ojo puesto en sus exportaciones, el primer ministro de Nueva Zelanda, John Key, cuestionó a la compañía.

"Una compañía que es nuestra más importante marca y nuestro más importante exportador en un mercado que tiene como principio fundamental la confianza en la calidad y la seguridad de sus productos debería haber actuado antes, como medida de precaución", afirmó Key.

La empresa negó que hubiera demorado una respuesta ante las primeras señales de alarma, pero el presidente ejecutivo de la firma, Theo Spierings, un holandés de larga trayectoria en la industria láctea, reconoció que ahora su futuro al frente de la compañía depende del directorio.

¿Vendaval o tormenta pasajera?

La memoria individual y colectiva está compuesta de recuerdo y olvido.

En este sentido, la percepción de los consumidores a la reacción de Fonterra será fundamental.

Hay factores que juegan a favor y en contra de una vuelta de página.

A favor es que todavía no ha habido ningún caso concreto de contaminación en seres humanos. En contra, que se trata del segundo caso que afecta a la empresa neozelandesa en lo que va del año.

Image caption Theo Spierings, presidente ejecutivo de Fonterra, reconoce que ahora su futuro depende del directorio.

En enero se encontraron en algunos de sus productos restos de diciandiamida, un inhibidor de nitratos utilizado en fertilizantes, que la misma firma no divulgó en su momento porque, a su juicio, se trataba de información no relevante.

En 1990, la francesa Perrier retiró todo su inventario de botellas de agua de los supermercados y almacenes de Estados Unidos luego de que se descubriera la presencia de benceno, una sustancia tóxica inflamable, en una pequeña muestra de botellas.

Para Perrier, que se preciaba de la pureza del producto, esta medida draconiana servía para reafirmar su imagen.

El caso era de menor gravedad que el de la leche y, sin embargo, la compañía acertó al reaccionar con la famosa máxima de que la "esposa del emperador no solo debe ser virtuosa sino que debe parecerlo".

La gran pregunta es si, con su actual ofensiva de relaciones públicas para calmar las aguas, Fonterra podrá hacer lo mismo que Perrier o si ya es demasiado poco y demasiado tarde.

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