¿De qué hablan palestinos e israelíes?

Tzipi Livni, John Kerry y Saeb Erakat
Image caption La ministra de Justicia Tzipi Livni representa a Israel y el jefe negociador Saeb Erekat a los palestinos.

Comenzaron en Jerusalén las primeras conversaciones de paz directas entre israelíes y palestinos en tres años, aunque muy pocos detalles se han revelado sobre el lugar, hora o temario del encuentro y ambas partes se mantienen cautelosas sobre el progreso que aspiran lograr.

Por lo pronto, durante la noche previa al encuentro, Israel puso en libertad a 26 prisioneros palestinos como parte del acuerdo para reiniciar las negociaciones. Pero los asentamientos judíos en los territorios ocupados siguen opacando el acontecimiento.

Fue la misma razón por la que se truncaron las conversaciones previas en septiembre de 2010. Los representantes palestinos han acusado a Israel de intentar sabotear el proceso.

La meta sigue siendo poner fin al conflicto, basados en la fórmula de solución de dos estados.

¿Quiénes participan?

Los palestinos son representados por el jefe negociador Saeb Erekat y el alto funcionario de Fatah, Muhammed Shtayyeh. La ministra de Justicia, Tzipi Livni, y el asistente del primer ministro, Isaac Molcho, representan a Israel.

El enviado de Estados Unidos para la Paz en Medio Oriente, Martin Indyk, y su adjunto, Frank Lowenstein, son los mediadores.

Desde su nombramiento en febrero, el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, ha invertido mucho capital político y tiempo en convencer a ambos bandos de reanudar las pláticas.

¿Qué ha pasado hasta ahora?

Las dos partes se reunieron con mediadores estadounidenses el 29 y 30 de julio en Washington para lanzar oficialmente las conversaciones de paz.

Esto fue después de que Kerry logró que acordaran reanudar las negociaciones. No se han revelado los términos del acuerdo que forjó.

Pero como parte del proceso, Israel aceptó liberar a 104 palestinos que llevan mucho tiempo como prisioneros, comenzando con 26 a primera hora del 14 de agosto.

Se espera que los palestinos, por su lado, se abstengan de promover su calidad de miembro de agencias de Naciones Unidas.

La reanudación de las conversaciones fue precedida por el anuncio del gobierno israelí de la construcción de unas 2.000 casas nuevas para colonos en Cisjordania y Jerusalén Oriental.

Los palestinos manifestaron su desagrado pero Kerry afirmó que la medida "no era inesperada".

Los asentamientos israelíes en esos lugares son considerados ilegales según el derecho internacional, aunque Israel lo disputa.

¿De qué están hablando?

Image caption El presidente palestino Mahmoud Abbas dio la bienvenida a los prisioneros liberados.

Kerry dijo a fines de julio pasado que todos los asuntos de estatus final -Jerusalén, las fronteras, los arreglos de seguridad, los asentamientos y los refugiados palestinos- estarían en la mesa.

No especificó un cronograma y agregó que ambos bandos acordaron mantener confidencial el contenido de las reuniones.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, expresó en un encuentro con Kerry en abril que el reconocimiento por los palestinos de Israel como un estado judío estaría entre los primeros temas.

En julio pasado, el presidente palestino, Mahmoud Abbas, declaró a los reporteros en El Cairo que las conversaciones se enfocarían primero en las fronteras y la seguridad.

¿Cuál es el plazo para el proceso?

EE.UU. anunció que las conversaciones sobre estatus final durarán nueve meses. Funcionarios de ambos bandos estuvieron de acuerdo.

Tras las conversaciones iniciales en Jerusalén, las partes se reunirán en Jericó, Cisjordania, aunque no se ha establecido una fecha todavía.

¿Por qué es tan difícil ponerse de acuerdo?

Las negociaciones se reanudan en medio de desafíos en ambos lados.

Los palestinos están divididos políticamente entre Fatah -basado en Cisjordania- y el movimiento islamista Hamas, que controla la Franja de Gaza desde 2007 y condena las negociaciones.

Otros grupos, como el Frente Popular para la Liberación de Palestina, han protestado contra las conversaciones.

Netanyahu también enfrenta desafíos internos. Pese al respaldo público a las conversaciones, algunos socios de su coalición -como el partido El Hogar Judío- y miembros de su propio partido Likud se oponen al establecimiento de un estado palestino.

Más importante, ambas partes parecen tener grandes brechas que separan sus posiciones óptimas. Los palestinos desean que Jerusalén Oriental sea su capital, una idea vehementemente opuesta por algunos en el gabinete israelí, que sostienen que Jerusalén debe ser la capital indivisible de Israel.

Es probable que el gobierno de Netanyahu insista en mantener algunos asentamientos en Cisjordania o Jerusalén Oriental como parte de un acuerdo final. Las conversaciones previas sugieren intercambios de tierras acordados mutuamente con los palestinos para lograrlo.

¿Qué se ha logrado anteriormente?

Los acuerdos de Oslo de 1993 marcaron el principio de una nueva era con la formación de la Autoridad Palestina como un organismo interino y el retiro de los soldados israelíes de partes de Cisjordania y Gaza.

Pero el asesinato del ex primer ministro israelí Yitzhak Rabin en 1995 puso al proceso en suspenso. Los subsiguientes gobiernos israelíes realizaron más retiradas territoriales y firmaron más tratados económicos, pero sin terminar el conflicto.

En septiembre de 2008, parecían estar a punto de firmar un acuerdo de paz definitivo durante las conversaciones entre el ex primer ministro israelí Ehud Olmert y Abbas. Sin embargo, esta ronda acabó infructuosamente tras la renuncia de Olmert por acusaciones de corrupción y la supuesta negativa de Abbas de aceptar la oferta israelí.

Israel también montó una ofensiva a gran escala en Gaza a fines de 2008.

¿Qué está en juego para el resto de la región?

El conflicto palestino-israelí ha sido visto por mucho tiempo como un conductor de sentimientos negativos hacia Israel en Medio Oriente y el mundo musulmán en general.

Pero las conversaciones se están reanudando en el contexto de levantamientos regionales tras la Primavera Árabe. Desde 2011, muchos países vecinos, especialmente Egipto y Siria, están en crisis.

También está en juego el legado del presidente Barack Obama y su su impulso para mejorar las relaciones con el mundo musulmán.

Contenido relacionado