La monja que cambió Beverly Hills por una cárcel de Tijuana

La Madre Antonia Brenner
Image caption Durante cerca de tres décadas la Madre Antonia vivió en una estrecha celda de la cárcel de La Mesa.

Tijuana está de luto tras la muerte de la Madre Antonia, una monja estadounidense que hace más de tres décadas abandonó una vida de lujo en Beverly Hills, en California, para dedicarse a mejorar las condiciones de vida de los reos de una prisión de la ciudad mexicana.

La religiosa, a quien se conocía como "el ángel de la cárcel", falleció el pasado jueves a los 86 años en el convento de las Siervas Eudistas de la Undécima Hora de Tijuana, que ella misma había fundado en 1998.

"La Madre Antonia es un ícono en Tijuana por todos los años que ha dedicado a trabajar en favor de los desprotegidos y en especial de los presos de la penitenciaría de La Mesa y de sus familias", le explicó a BBC Mundo Laura Durán Zapata, reportera del diario tijuanense Frontera.

"No sólo conseguía recursos para pagar las fianzas de los presos sino que también les daba comida, vestido y otros enseres que los reos necesitaban en el interior de la cárcel".

"Siempre fue una mujer muy dispuesta a escuchar, tanto al que había entrado en prisión por un robo menor como el que había sido condenado por un asesinato. Nunca juzgaba y siempre estaba dispuesta a tender la mano. Eso generó un enorme cariño hacia ella, tanto dentro como fuera de la penitenciaría", señala Durán.

De Beverly Hills a la cárcel

Mary Clarke Brenner nació en Los Ángeles el 1 de diciembre de 1926 en el seno de una familia acomodada de origen irlandés. Su padre hizo fortuna vendiendo suministros de oficina.

Según cuenta el diario Los Angeles Times, Brenner creció en el exclusivo barrio de Beverly Hills y entre sus vecinos se encontraban estrellas de Hollywood como el actor Cary Grant.

Se casó joven y se dedicó a criar a sus siete hijos, al tiempo que realizaba numerosas labores de caridad.

En 1965 Brenner visitó por primera vez la penitenciaría estatal de La Mesa, en Tijuana, durante un viaje para llevar medicinas a hospitales.

En 1977, tras dos matrimonios fallidos y una vez que sus hijos ya se habían independizado, vendió su casa y sus pertenencias y tomó los votos con las hermanas de Nuestra Señora de la Caridad de San Juan Eude.

Apoyo a las familias

Durante cerca de tres décadas vivió en una estrecha celda del centro penitenciario de La Mesa.

Según cuentan los que la conocieron, se levantaba cada día a las 5 de la mañana y una hora más tarde, cuando los guardias pasaban revista, se ponía en formación igual que los reos.

Pero su trabajo no se limitó a dar apoyo material y espiritual a los presos de La Mesa.

También fundó Brazos Abiertos, un grupo que provee apoyo financiero y alimentos a familias de policías muertos de Tijuana, y creó la Casa Campos San Miguel, un hogar en el que se hospedan mujeres que visitan a sus familiares en la cárcel y mujeres enfermas.

Pese a que hace unos años abandonó su celda en La Mesa debido al deterioro de su salud, siguió siendo una presencia constante en la cárcel, y una figura apreciada en Tijuana, ciudad que le dedicó una calle en 2007.

En todos estos años nunca dejó de viajar California, tanto para recaudar fondos como para visitar a sus siete hijos y a sus más de 40 nietos y biznietos, a los que entretenía con historias sobre su vida en prisión.

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