"Daniel abrió muchas mentes cerradas"

Madre de Daniel Zamudio
Image caption Hacía años que la madre de Daniel estaba preocupada por su hijo debido a incidentes homofóbicos anteriores.

Lo primero que pensó Jacqueline Vera cuando se dio cuenta de que su hijo era homosexual, es que no permitiría que nadie lo atacara.

El niño, Daniel Zamudio, tenía entonces sólo 3 años. A los 24, el joven moriría tras una golpiza en el centro de Santiago de Chile, ocurrida en marzo de 2012.

La justicia chilena estableció que sus cuatro agresores, que esperan condena en la cárcel, actuaron con crueldad inhumana.

En su pecho, marcaron con vidrio una esvástica.

"Yo tengo un hijo mayor y a él desde chico le gustaba la pelota, jugar a las bolitas (canicas). Daniel era diferente. Le gustaba la cocina, miraba cómo yo hacía la comida, cómo me arreglaba. Me decía 'mamá esa ropa te viene' y se la ponía encima. Yo me dije que tenía que enfrentar esto y que yo iba a ser una coraza para mi hijo", recuerda la madre.

La conversación con BBC Mundo ocurre en la misma casa donde velaron a su hijo, en San Bernardo, al sur de Santiago, donde ella cuida a sus dos nietos.

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La madrugada

Daniel tenía 19 o 20 años, dice Jacqueline, cuando se animó a contarle a su madre lo que ella sabía desde que él era un niño.

"Me dijo que quería casarse con su pareja, un chico que iba a la casa como amigo. Pero una como mamá, sabe. Y le dije, 'ya pues, qué esperas'. Él me abrazó, me dijo que se sentía protegido por mí, me dijo gracias".

"Yo le prometí que siempre estaría apoyándolo, defendiéndolo, ante quien fuera y sobre todas las cosas. Pero hubo muchas personas cercanas que me lo discriminaban, y me dolía en el fondo de mi alma".

Hace tres años que Jacqueline estaba preocupada por Daniel. En una oportunidad, un hombre que golpeaba a un gay a la salida de una discoteca lo había amenazado con una cadena.

En otra ocasión recibió un escupitajo. En vez de echar al agresor, el dueño le pidió a Daniel y a sus amigos que se fueran.

"Desde que empezó a trabajar, yo vivía preocupada por él, por como era él. Me había dicho que lo habían escupido, yo tenía mucho miedo".

Daniel cursaba secundaria cuando sus padres se separaron. Dejó el colegio para trabajar en las mañanas, ayudando a embolsar en los supermercados por propinas, preparando completos (hot dogs), y finalmente, como vendedor en un local de ropa en el centro de Santiago.

Los cuatro hijos del matrimonio Zamudio-Vera vivían en casas separadas. Daniel se quedaba con su madre, en casa de la abuela. Allí lo esperaba Jacqueline Vera la madrugada del 3 de marzo del 2012, cuando llegó su hija con su nieto en brazos y los detectives. Necesitaban que reconociera al joven que habían encontrado de madrugada, golpeado en un parque.

El reconocimiento

La madrugada que llegaron los detectives, a Jacqueline le extrañó que no supieran si el joven golpeado era o no su hijo, y que le repitieran que había costado mucho tomar sus huellas dactilares.

Image caption La muerte de Daniel Zamudio generó actos de solidaridad más allá de las fronteras.

"En el hospital me dicen que entre a una sala, que me siente. Me ofrecieron agua. Sale una doctora y me dice que lo que más me pide es serenidad, porque hay otros pacientes en la sala. 'Quiero ver si es tu hijo', me dijo. Y ahí yo entré, y el mundo se desmoronó encima mío".

"Tenía todo su cuerpo azul, golpes, un tubo en el cráneo. La doctora me lo destapó. Le dije, '¿por qué tiene tanta cosa, tanta quemadura'. 'Son quemaduras de cigarro', me dijo".

"Le pedí que por favor salvara a mi hijo. Ella me dijo que Daniel estaba a punto de morir, que no se podía hacer más". Las dos mujeres, la madre y la doctora, lloraron en la sala.

Jacqueline Vera, que hoy tiene 43 años, sintió que el mundo se terminaba, pero al día siguiente partió al parque donde habían golpeado a su hijo. Recuerda que decidió inmediatamente buscar a los culpables y hacer público el crimen.

Fue ella la que recogió en el parque el anillo que pertenecía a uno de los cuatro culpables, que fueron detenidos cinco días después del ataque. Junto al padre de Daniel, Iván, fue ella la que contactó al MOVILH, la ONG chilena por la integración y los derechos de los homosexuales, que se convirtió en uno de sus mayores apoyos durante los días que vendrían.

"Yo estaba enojada, enojadísima... No sé de dónde saqué fuerzas, pero cada vez que miraba a mi hijo, más rabia me daba. Le dije a mi hijo mayor que le sacara una foto a Daniel, que la publicara por televisión, que saliera en los medios. Pensé, esto se tiene que saber, porque no puede suceder nuevamente… esto se para aquí: las golpizas, los maltratos a jóvenes como Daniel".

Tal como Jacqueline esperaba, el caso de Daniel Zamudio conmocionó a la opinión pública y las autoridades. Mientras el joven agonizaba, los padres de Daniel fueron recibidos por el Presidente chileno, Sebastián Piñera, y el Congreso se apuró a aprobar una Ley Anti Discriminación que tramitaba hace 7 años.

La ley

Cuando el joven falleció, el 27 de marzo de 2012, 300 personas se acercaron a las puertas del hospital.

"A mí no me paralizó el dolor porque yo decía, a mi hijo me lo trataron mal, a mi hijo la idea era matarlo a golpes; no con un cuchillo, ni con una pistola: me lo sacrificaron. Yo le dije a Daniel, 'te lo juro chanchito, estos la pagan. Te tocaron a ti, me la pagan'".

Antes de que Daniel muriera, Jacqueline dice que volvió a ver a su hijo como lo recordaba antes del ataque. "Lo limpie, le corté el pelito, le lleve sus colonias, le compré ropa. Del zapato para arriba: ropa nueva. Le dije: tiene que ir bien bonito, como siempre".

"Tuvo que pasar algo así para que hubiera una ley", dice la madre sobre la Ley Anti Discriminación que hoy lleva el nombre de su hijo y que, de haber existido antes, habría sido un agravante contra los autores de su homicidio.

"El fue el primer peldaño para hacer justicia para gente discriminada como él, fue un ángel para muchas personas. Muchas personas me lo han dicho, que Daniel fue un mártir. Han llegado muchas personas a darme consuelo y también a darme las gracias. Y me siento orgullosa por una parte, porque Daniel abrió muchas mentes cerradas. Hay gente que ha llegado aquí y me dice que habían echado a sus hijos a la calle, me dice 'por ti cambió nuestra mentalidad'".

"Qué lástima, qué pena que haya necesidad que pase algo así para querer a un hijo. Tú a tu hijo lo quieres como sea".

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