China y Japón: siete décadas de amargura

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Image caption Una mujer sostiene un cartel con una consigna antijaponesa durante una manifestación en 2012.

"¿Se siente culpable por lo que Japón le hizo a China durante la Segunda Guerra Mundial?". Esa fue una pregunta que tuve que traducir más de una vez cuando acompañé a Haining Liu, periodista de la difusora estatal china, CCTV, por mi país natal.

Haining se lo preguntaba incluso a entrevistados que no habían nacido antes de 1945.

"Siento lo que pasó", dijo un hombre. "Hubo muchos incidentes lamentables", dijo otro.

"¿Pero tal vez mi arrepentimiento no es suficiente?", comentó un nacionalista japonés quien argumentaba que muchos textos escolares exageran los abusos de los soldados de su país. "No, no basta", respondió Haining.

Hay hechos que no se cuestionan:

Japón fue el agresor al ocupar la Manchuria, en el norte de China en 1931. Una guerra más extendida empezó en 1937 y para cuando Tokio se rindió en 1945, millones de chinos habían muerto.

Hubo una notoria masacre en Nanjing, en la que murieron más de 300.000 personas.

Se cometieron también atrocidades en otros países asiáticos.

Pero me sentía incómoda cada vez que traducía la palabra "culpable" al japonés. Ninguno de los entrevistados se atrevía a usarla.

Los pecados del padre

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Image caption Por consenso se considera a los japoneses los agresores en Manchuria, en 1931.

La cuestión es si las generaciones actuales deben cargar con la responsabilidad de errores del pasado.

Y eso mismo le planteé a Haining en nuestro segundo día juntas preguntando si yo también me debía sentir culpable. No dijo ni que sí ni que no.

"Seguiré preguntando eso mientras esté en Japón", me dijo. "Porque eso es lo que muchos chinos se sienten", justificó.

En mi caso, el interés por la Segunda Guerra Mundial llegó cuando era adolescente. A lo largo de varios años he venido investigando el tema. Muchas de mis vacaciones incluían una visita a museos en Asia para tratar de entender el daño y el sufrimiento que causó Japón.

Siempre sentí que en la escuela no se enseña suficiente. Así que el año pasado escribí un artículo sobre las carencias de la educación en historia en Japón.

En éste, señalaba que los programas educativos japoneses repasan superficialmente miles de años de historia de relaciones con otros países en un solo período académico. El resultado es que los japoneses suelen carecer de entendimiento de las tensiones de su país con los vecinos.

El artículo incomodó a muchos en Japón, incluso a parte de mi familia. Ya no era un extranjero que criticaba sino una reportera japonesa y lo estaba haciendo frente a un público global.

"Traidora" y "espía extranjera" fueron dos de las muchas cosas que me llamaron. "¿No amas a tu país?", me llegaron a preguntar en Twitter. Por supuesto que sí.

La versión china

Cuando me confronté con el pasado de Japón, fue como experimentar una mala ruptura con la pareja. Pasé por las mismas fases: shock, rechazo, ira y pena. Eventualmente acabé aceptando que no voy a poder cambiar el pasado.

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Image caption Los japoneses, que en 1941 celebraban, terminaron derrotados.

Pero especialmente después de ver las violentas protestas antijaponesas en China en 2012, quería formular dos preguntas.

¿Hay algo que podamos hacer para mejorar nuestras relaciones? ¿Y por qué otros países asiáticos donde soldados de ocupación japoneses también mataron a miles de personas no odian a los japoneses tanto como China y Corea del Sur?

"Odian" puede sonar excesivo, pero me parece que eso es lo que sentían los chinos que quemaban autos japoneses.

Sin embargo, para Haining es diferente. Cuando creció, en los años 80 y 90, la cultura pop japonesa –música, cine y manga– era muy popular entre la juventud china. Ella y sus amigos, dice, tenían una actitud positiva hacia Japón.

"No puedo hablar en nombre de todos los chinos. Somos 1.300 millones. Es un país enorme y cada uno tiene derecho a tener sus propios sentimientos", puntualizó.

"Por ejemplo, entre los que perdieron un familiar cercano por la invasión japonesa o realmente sufrieron en la guerra, la hostilidad y hasta el odio persisten. No deberían ser juzgados por eso".

No todos los odian

Singapur, donde he vivido desde 2006, también padeció en manos de los soldados japoneses, pero no ha habido manifestaciones antijaponesas en décadas.

Hay diferentes cálculos pero se estima que murieron entre 50.000 y 100.000 personas de la etnia china en Singapur en lo que se conoce como la masacre de Sook Ching.

Eso, en una pequeña isla-estado que en 1942 tenía 800.000 habitantes, es un número enorme.

En el monumento a las víctimas civiles de la ocupación japonesa conocí al familiar de uno de los fallecidos.

"No culpo a la generación actual", dijo para mi sorpresa Lau Kee Siong. Le pregunté por qué su enfado era mucho menor que el de los manifestantes chinos.

"Somos un país de inmigrantes y nuestra filosofía básica es que debemos sobrevivir", respondió.

"Cuando nos independizamos de Malasia, en 1965, se presumió que en unos tres años íbamos a arrastrarnos de vuelta a Malasia. Así que cuando Japón ofreció apoyo financiero e inversiones, lo más lógico era aceptarlo y no criticar lo que habían hecho en el pasado".

Más o menos en la misma época, descubrí que parientes de una de mis mejores amigas, Jade Marvillas, habían muerto bajo la ocupación japonesa de Filipinas.

Aunque habíamos sido amigas durante mucho tiempo, no me había dicho nada hasta que leyó mi artículo. Temía que nuestra amistad se tornara incómoda.

"Muchos, entre ellos mis tíos abuelos y tías, estaban en la Universidad de La Salle durante la guerra", me contó.

"Los soldados japoneses asaltaron el lugar y mataron a mis tíos abuelos. Una de mis tías fue apuñalada pero sobrevivió. Me mostró la cicatriz cuando era una adolescente".

Una potencia colonial más

Me preguntaba si no le guardaba rencor a los japoneses. "¿No pensaste en tus familiares muertos cuando me conociste?", le pregunté.

"¿Hablas en serio? ¡Mi pareja es medio japonés!", se rió. "Y no es culpa tuya".

Le pregunté a Jade si podía explicar por qué su visión de Japón era tan diferente de la de los chinos.

"No estoy segura. Pero para nosotros, Japón era simplemente otra potencia colonial después de los españoles", respondió.

De hecho, en algún momento, China también pareció encaminarse hacia el pragmatismo en su relación con Japón cuando en los años 70, bajo la presidencia de Mao Zedong, restablecieron las relaciones diplomáticas.

"La propaganda oficial china del momento enfatizaba la victoria de los comunistas durante la guerra civil", explica Robert Dujarric, director del Instituto de Estudios Asiáticos de la Universidad Temple (EE.UU.).

Image caption La petición de disculpas de un monje japones en 2006 no se cubre en China.

Según Dujarric, en 1972, cuando el primer ministro de Japón, Kakuei Tanaka, se disculpó por lo que hizo su país en la guerra, "el presidente Mao le dijo que no se disculpara porque en realidad lo había ayudado a llegar al poder".

Pero la propaganda del Partido Comunista (PC) parece haber girado hacia el nacionalismo después de la masacre de la plaza de Tiananmen, donde el ejército chino chocó con estudiantes que demandaban reformas democráticas el 4 de junio de 1989.

"Antes, retrataba al PC como victorioso y glorioso por haber derrotado al ejército del Kuomintang en la guerra civil. Pero después del 4 de junio, el gobierno empezó a enfatizar la victimización de china", afirma en conversación con la BBC el profesor Akio Takahara, que enseña política china en la Universidad de Tokio.

El PC se considera ahora la organización que puso fin a un siglo de humillaciones por parte de extranjeros.

"Y la forma en que lo hacen es alimentando el odio hacia el invasor más reciente", agregó.

Morir ocho veces

En la televisión en mi habitación de hotel en China fue fácil encontrar programas que dramatizaban la resistencia a la invasión japonesa. Como parte de la política de "educación patriótica", el año pasado se produjeron más de 200 de esos programas.

Entrevistamos a un actor chino que había "muerto" ocho veces al día en su papel de soldado japonés en uno de esos programas.

Si hubiera crecido viéndolos es probable que terminara por pensar que Japón es una nación horrible.

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Image caption El puente en el que todo empezó.

Me pareció ver un mensaje similar en una asamblea de niños en una escuela de primaria en Pekín.

Los niños tomaban turnos liderando el grupo con canciones, rimas y artes marciales.

Uno de los poemas era sobre un incidente ocurrido en 1937 en el cercano puente Marco Polo que, para muchos marcó el inicio de la guerra entre China y Japón.

Pasar la página

¿Se justifica esta visión de Japón? Me sentí sinceramente desgarrada. Me dolía el corazón al visitar diferentes partes de China y hablar con sobrevivientes de las atrocidades japonesas.

Una de esos sobrevivientes, Chen Guixian, tenía 14 años en diciembre de 1937. Estaba en Nanjing cuando se produjo una masacre.

Chen cuenta cómo los muertos se apilaban en una escuela. Era una niña y fue testigo de cómo una compañera de su edad era violada por siete soldados japoneses. Luego la mataron con un cuchillo.

En dos ocasiones fue casi capturada y violada. La segunda vez escapó porque su cuerpo se escurrió entre los brazos del soldado que la cargaba. Corrió hasta desmayarse, luego la ocultó un granjero tras una pila de heno.

Pasar la página

Image caption Chen recuerda los cadáveres apilados fuera de su escuela.

Fue una experiencia amarga escuchar esos testimonios. El único consuelo de la historia de Chen es la "posdata": años después, viajó a Japón, donde le pidieron disculpas entre abrazos, diciéndole que no tenían idea de lo hecho por sus ancestros.

Los líderes de Japón también se han disculpado a las autoridades chinas en muchas ocasiones.

Ma Licheng, quien solía escribir para el estatal Diario del Pueblo, cuenta hasta 25 disculpas oficiales. Pero ninguna de ellas, así como tampoco la ayuda financiera de US$35.700 millones han aparecido en los medios chinos o han sido relatadas en las escuelas.

Image caption En el santuario de Yasukuni se recuerda a los caídos, pero también a criminales de guerra.

"Lo que Japón hizo en China en la guerra fue horrible –escribe Ma en su libro 'Más allá de las disculpas'–, pero exigir que se arrodillen no tiene sentido. Las palabras empleadas por los japoneses al disculparse pueden no parecer suficiente, pero para ellos es un paso enorme, así que hay que aceptarlo y pasar la página".

Cuando publicó su libro, lo tacharon de traidor, lo que él describe como "normal", dadas las emociones que levanta el asunto.

Haining confirma que en la escuela nadie le enseñó estas cosas. Por otra parte, tampoco cree que hubiera supuesto un gran cambio en la actitud de los chinos hacia Japón, incluso si se lo enseñaran a los niños.

"Cambiar la actitud pública lleva tiempo, varios años, tal vez una década. Así que también depende de los líderes japoneses mantener la consistencia en sus acciones y palabras", dice.

"La gente puede tener sentimientos más favorables hacia Japón después de enterarse sobre sus disculpas pasadas y sus contribuciones económicas", agrega.

"Sin embargo, una declaración que niegue la realidad de la masacre de Nanjing o algo parecido que glorifique los crímenes de guerra derrumbaría esa confianza inmediatamente, y tomaría mucho más tiempo reconstruirla".

Poco optimismo

En 2012, el alcalde de Nagoya, Takashi Kawamura, un prominente nacionalista, negó la masacre de Nanjing diciendo que sólo fueron "actos de guerra convencional". El año pasado dejó claro que su opinión no había cambiado.

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Image caption Miles de zapatos recuerdan la masacre de Nanjing.

Los chinos y surcoreanos también se enfurecen cuando líderes japoneses visitan el santuario de Yasukuni, que honra a los caídos, entre ellos criminales de guerra.

Es difícil pensar que las cosas cambien repentinamente.

Pesimismo

Al final de nuestro viaje, me agradó ver cómo Haining respondió a la pregunta que le hice el segundo día. Me dijo que no debía sentirme personalmente culpable.

Pero las dos nos sentimos menos optimistas sobre el futuro de las relaciones de nuestros países.

Todavía me preocupa que generaciones de niños japoneses aprendan tan poco sobre las atrocidades que cometieron sus antepasados en China.

Y también que los jóvenes chinos no sepan que nuestras naciones habían comenzado a dejar atrás la guerra hace décadas, justo antes de los hechos de Tiananmen.

Haining no ve posibilidad de reconciliación "si los líderes de ambos países siguen con las mismas políticas contra el otro".

"Tenemos la posibilidad de mejorar las relaciones, al menos a nivel público o de base, incrementando conversaciones abiertas y honestas", dice.

"La guerra no es una opción; pese a las dificultades, debemos intentar todo lo posible".

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