Godzilla: ¿Por qué Japón ama las películas de monstruos?

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Image caption No es una crítica a las armas nucleares... Más bien una encarnación de las fuerzas de la naturaleza.

Como el propio Godzilla, Hollywood pisa fuerte en el terreno del cine japonés otra vez.

Numerosos remakes de los clásicos japoneses han sido producidos en Estados Unidos: "Los Siete Samuráis" se convirtió en "Los Siete Magníficos", "Ringu" se convirtió en "El Aro", pero Tinseltown nunca logró descifrar la historia del lagarto gigante que aplasta ciudades.

El director Gareth Edwards espera poder cambiar eso con su Godzilla, película estrenada este mes de mayo en Estados Unidos, en la fecha del 60 aniversario del debut del tan preciado monstruo que se originó en los estudios Toho de Tokio.

La película original, titulada "Gojira" -que resulta de la combinación de las palabras "gorila" y "ballena" (kujira)-, surgió en el medio del boom económico de la posguerra en Japón, cuando las pruebas de la bomba de hidrógeno llevadas a cabo en el Pacífico habían generado un clima de temor con respecto a la radiación.

La nueva versión hollywoodense de Edwards se basa en la erupción de una planta nuclear japonesa, lo que reaviva los recuerdos del desastre de Fukushima y del fantasma de la catástrofe nuclear que envolvió al país en 2011.

Pero para algunos, la idea de que Godzilla equivale a un desastre nuclear sugiere que los directores occidentales se han olvidado del verdadero sentido del género "kaiju eiga" (película de monstruos).

Más naturales que nucleares

"La película original de Godzilla y otras películas de monstruos de la franquicia Toho no tienen que ver necesariamente con las amenazas nucleares", explica Hidetoshi Chiba, profesor de la Universidad Digital Hollywood de Tokio, y experto en películas kaiju.

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Image caption El lagarto superdesarrollado tiene su estrella en Hollywood desde 2012. Pero no necesariamente se siente comprendido.

Chiba concuerda con que la historia de un demonio escamoso que surge de un sitio de pruebas nucleares, que destruye ciudades y a su población, puede ser leída como una parábola de la era nuclear. Pero sostiene que el kaiju está más relacionado con la ira de la naturaleza, la arrogancia humana y las fuerzas oscuras inmutables.

"En cuanto a las escenas apocalípticas, es más probable que estén vinculadas a causas que existían antes de la guerra", asegura.

"Claramente, muchos de los (otros) monstruos en kaiju (también) surgieron a partir de desastres naturales, como erupciones volcánicas, tifones o terremotos. A la mayoría de los espectadores japoneses, (las películas de monstruo) no les recuerdan los peligros de la energía nuclear o las armas nucleares", asegura.

Los primeros pobladores de las islas japonesas, llegados allí hace miles de años, debieron sentir que habían llegado a una tierra enfadada.

Japón constituye el fragmento de mayor actividad volcánica de toda la Tierra, lo que resulta en frecuentes terremotos y olas errantes asesinas.

Los kaiju se parecen a los hijos de la "madre de Japón", que aparece en el mito de la creación del país. Consumida por el fuego cuando daba a luz a sus hijos Kagutsuchi (encarnación del fuego) y Homusubi (causante del fuego), terminó formando parte de las tierras volcánicas del archipiélago.

"Las raíces de Godzilla surgen de la personificación mítica de las fuerzas destructivas de la naturaleza", dice el escritor Patrick Macias.

"Después de todo, él es un dragón-dinosaurio, no un ser humano; ni siquiera es una criatura con emociones reconocibles al estilo de King Kong. Hay un destello de lo divino aquí; el 'Dios' está en Godzilla, si se quiere: indiferente a los humanos, que parecen hormigas que habitan el planeta, puede fácilmente ponerse furioso o convertirse en un portador de la muerte", argumenta.

Cerebro de lagarto

En este contexto se explica por qué ahí donde el público occidental interpreta la trama como una exagerada destrucción típica del cine B, los entendidos experimentan algo más profundo.

Uno incluso puede comprender a Godzilla como una versión contemporánea de la escritura hindú Bhagavad Gita, que pone énfasis en la expiación y el servicio desinteresado.

El lagarto gigante y un grupo de demonios exagerados se asemejan al dios Indio Visnú cuando adopta su forma de múltiples brazos y dice: "Ahora me convierto en la Muerte, la destructora de los mundos". Todo para convencer al príncipe héroe de la epopeya india que debía "cumplir con su deber".

A los japoneses les agradan estos temas de autosacrificio y redención, dice Chiba, y ven a la bestia como una creación natural, demasiada humana. Algo difícil de entender para los occidentales.

"Los lagartos se pueden matar; pero con la naturaleza no se puede hacer nada, sólo puede intentarse manejarla. Esa fue una de las razones por la cual la película Godzilla (1998), dirigida por Roland Emmerich, fue un fracaso para sus fans. Al igual que muchísimos occidentales, él simplemente no lo entendió", dice Norman England, el director del documental kaiju "Llevar Godzilla a su tamaño".

England tiene el honor de ser el único extranjero que se ha adentrado en el personaje original de Godzilla

Género mutante

Tal vez por estas razones el género kaiju sigue siendo popular en Japón, incluso después de que Hollywood se cansó de la avalancha de películas de monstruos de la década de 1950.

Las nuevas generaciones recibieron con los brazos abiertos esas películas que se habían convertido en historias de ciencia ficción. "No es que el origen de Godzilla fuera arrojado a la basura", dice England. "Simplemente, sus batallas con invasores alienígenas eran de mayor interés para una nueva generación que pretendía distanciarse, y reinventarse, de las generaciones anteriores".

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Image caption ¿Acertará Hollywood con esta nueva versión de Godzilla?

"Curiosamente, bajo la continua dirección de Ishiro Honda, el director original, las películas de Godzilla se pronunciaban en contra de la avaricia corporativa y otras locuras humanas", añade.

Godzilla incluso se convirtió en amigo de la Humanidad en encarnaciones posteriores, lo que llevó a la consolidación del personaje como un ícono universal de la cultura popular, y aunque improbable, un camarada escamoso de los niños.

Igualmente, los japoneses aprecian en su kaiju tanto el terror como el júbilo, algo que la última versión hollywoodense de Godzilla puede haber captado.

Tocará a los espectadores juzgar por sí mismos si el director, un fan declarado de Godzilla 1954, "ha entendido bien", como él sostiene.

Japón tendrá que esperar hasta julio. Esto puede parecer una tragedia para algunos. Pero los japoneses, desgastados de tantas calamidades, cuentan con la filosofía suficiente para soportar la espera.

Lea: Godzilla: Why Japan loves monster movies

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