Israelíes y palestinos, cada vez más desilusionados

Humareda en Gaza Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Este jueves Israel y Hamas cesan los ataques por unas horas.

Israel y Hamas terminarán acordando un alto al fuego y pondrán fin a su tercera confrontación militar abierta de los últimos cinco años y medio, pero a partir de ahí, ¿qué se viene?

Si bien las crisis pueden crear oportunidades, es improbable que sea así en esta batalla.

Dada la ausencia de una solución política a las tensiones subyacentes que alimentan esta lucha continua, el actual ciclo de lanzamiento de cohetes y revancha militar se reanudará en los próximos meses o años.

Hay soluciones a la peligrosa y deprimente situación actual, pero ninguno de los actores claves tiene el incentivo, el deseo o la voluntad política para emprender el cambio.

Empecemos por los protagonistas directos.

La chispa de la crisis más reciente se prendió con el secuestro y muerte de tres adolescentes israelíes, de lo cual Israel responsabilizó a Hamas, con lo que arrestó a cientos de miembros del grupo en Cisjordania.

A esto le siguió el homicidio, aparentemente por venganza, de un adolescente palestino, crimen por el que se arrestó a seis sospechosos judíos.

Ambas comunidades reaccionaron con enfado y asombro, aunque podía haber sido mucho peor.

Pero hay una agenda más amplia en juego que afectará a los cálculos en torno a un cese al fuego: qué lado ganó, qué lado perdió y qué ocurre –o no- más adelante.

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Image caption La casa del líder político de Hamas en Ciudad de Gaza fue blanco de un ataque aéreo.

Posturas enfrentadas

La situación en que se encuentra Israel es la más fácil de entender.

Una vez que Hamas dio rienda suelta al lanzamiento de cientos de cohetes, incluso aunque la mayor parte de ellos son neutralizados por el sistema de defensa con misiles Domo de Hierro, una respuesta militar firme por parte de Israel era inevitable.

Civiles han muerto y han sido desplazados. La infraestructura ha sido dañada.

Pero vista la asimetría que nutre el conflicto -un ejército profesional que responde a una fuerza irregular en el marco de un espacio urbano limitado- la respuesta israelí ha sido cautelosa y relativamente contenida.

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Image caption La respuesta de Israel podía haber sido mucho más violenta, escribe Crowley.

Fundamentalmente, Israel y el primer ministro del país, Benjamin Netanyahu, han evitado, al menos por ahora, ser absorbidos hacia una incursión terrestre en la Franja de Gaza.

Hamas ha jugado la única baza importante que tiene, teniendo en cuenta que su posición estratégica ha ido a menos desde hace uno, tres y siete años.

Perdió a un partidario clave el año pasado con el derrocamiento del presidente de Egipto Mohamed Morsi en el mes de julio.

Perdió a un defensor clave cuando decidió respaldar a la oposición siria contra el presidente del país, Bashar al Asad.

Y ha perdido un apoyo significativo entre los palestinos con su ineficaz gobierno de Gaza desde que llegó al poder en 2007.

Este año, Hamas decidió apuntarse al gobierno de unidad con su rival político, al Fatah, por temor a perder más terreno político.

Si puede lograr algún tipo de relajo del embargo israelí sobre Gaza y de las restricciones fronterizas de Egipto, puede decir que ha conseguido más en la semana pasada que el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, en el último proceso de negociación con Israel, que duró 9 meses.

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Image caption Edificios en Ciudad de Gaza fueron destruidos por los bombardeos israelíes.

La fragilidad de Mahmud Abbas

Esto supone un problema para Abbas, una vez más espectador en Cisjordania conforme ha ido evolucionando el conflicto en Gaza.

La motivación de Abbas para formar un gobierno de unidad con Hamas era volver a las elecciones y reforzar la legitimidad política de la ANP en favor de al Fatah.

Dicha estrategia probablemente descarriló con esta última crisis.

Después de Gaza, Abbas quizá sienta la necesidad de hacer algo.

Tiene cartas que jugar en Naciones Unidas, que serán populares pero generarán agudos rechazos de Israel y Estados Unidos.

Vista la ausencia total de conexión y confianza entre Abbas y Netanayahu, el presidente de la ANP podría tirar la toalla y retirarse, un paso que otras veces ha amenazado con adoptar.

Otros conflictos regionales

Lo que distingue este conflicto en Gaza de su predecesores en 2008 y 2012 es que no es la única guerra en el vecindario ni siquiera la más grave, teniendo en cuenta la tragedia en Siria y la escalada de la tensión en Irak.

Varios países de la región que, de otra manera, estarían presionando a la comunidad internacional y a Estados Unidos para responder a los aprietos de los palestinos tienen otras prioridades.

Una de ellas es el impacto regional de Irán, una preocupación creciente que gran parte del mundo árabe comparte con Israel.

El más reciente brote de violencia justifica de alguna manera la decision del Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, de volver a involucrarse en negociaciones de paz el año pasado, un proceso que colapsó en abril.

Estados Unidos tiene razón al decir que el estatus quo es insostenible, pero no tiene capacidad real para cambiarlo si no lo hacen israelíes y palestinos.

Y no lo harán.

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Image caption Simpatizantes de los palestinos en todo el mundo se han manifestado contra la ocupación israelí.

Las posturas en relación con los asuntos regionales claves inherentes al conflicto: las fronteras de un estado palestino y la naturaleza de un estado israelí; las expectativas de un lado y la abrumadora realidad del otro, y definiciones mutuamente excluyentes de seguridad, aceptación, justicia y dignidad, ciertamente endurecerán a todas las partes.

El peligro más grande de este último episodio no es una tercera Intifada, sino una desilusión más profunda entre israelíes y palestinos, comunidades que saben la una de la otra menos que las comunidades de hace 10 años.

En lo abstracto, respaldarán una solución de dos estados.

Pero ya no confiarán en que eso va a suceder, que la otra parte quiere la paz, que tienen algo que perder.

Este es el tipo de entorno que produce elementos como los que mataron a los adolescentes israelíes y palestino, que enciende los cohetes de Hamas y que vuelve a dar marcha al círculo vicioso.

*PJ Crowley es exportavoz del Departamento de Estado, profesor de leyes y socio en el Instituto de Diplomacia Pública y Comunicación Global de la universidad George Washington.