Escocia: un bebé, un gobierno en pánico y un Reino (des)Unido

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Image caption Muchos electores aún no se han decidido.

Algunos notaron la coincidencia: el día en que un sondeo de opinión mostró que el público escocés favorece la independencia de Reino Unido, la familia real anunció que William y Kate esperan un segundo hijo, el cuarto sucesor al trono de Reino Unido.

Y es que a una semana de que los electores escoceses voten sobre si desean desmantelar un matrimonio de 307 años con Inglaterra, este país entró en pánico.

La libra esterlina cayó a su nivel más bajo en 10 meses. El primer ministro David Cameron y el resto de los políticos en Londres por primera vez sintieron la posibilidad real de que Escocia se vuelva un país independiente.

Se podría decir que durante los dos años en que se han estado llevando las campañas para el referendo escocés, el establishment en Westminster –la clase dirigente- se "durmió en sus laureles".

Súbitamente la posibilidad de una separación es cada vez más real y los políticos en Londres están "en absoluto pánico", tal como lo describió Alex Salmond, ministro principal de Escocia, que dirige la campaña independentista.

Mientras escribo esto, David Cameron y los líderes de los otros dos principales partidos políticos británicos viajan a Escocia para hacer una campaña relámpago contra la independencia, antes del referendo el 18 de septiembre.

¿Pensó realmente Londres que los escoceses nunca elegirían romper con el Reino Unido? ¿Fue por eso que no se molestaron demasiado en organizar una campaña coherente por la unión?

"Corazón roto"

Si en algo están de acuerdo críticos y simpatizantes es que la campaña por el "No" ha sido calamitosa. En julio, en un discurso en Perth, David Cameron dijo que la partida de Escocia "rompería su corazón".

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Image caption La clase dirigente está "en pánico" por Escocia.

Quizás no sean muchos los escoceses a quienes les importe el corazón roto de David Cameron.

Un sondeo de opinión publicado en diciembre en el Daily Mail encontró que mientras que 8% de los electores escoceses siempre votan por el Partido Conservador (de Cameron), 9% están "dispuestos a cambiar de opinón". El resto se inclina principalmente por los laboristas y otros partidos de izquierda.

Mi vecina Elaine es escocesa. Está casada con un irlandés y ha vivido más de 30 años en Londres. Le pregunto qué opina de las súplicas urgentes del primer ministro.

"Durante años el gobierno en Londres nunca se ha interesado demasiado por lo que pasa en el norte y ahora los políticos se echan a llorar y a rogar para que Escocia no se vaya", dice Elaine.

Le recuerdo que si Escocia se va, se le romperá el corazón a Cameron: "Es un tonto", interrumpe su esposo, el irlandés. "Si le duele tanto, ¿por qué no prometió antes lo que está intentando prometer ahora?".

"Pero la verdad -dice Elaine- es que si yo votara, votaría por el No. Me dolería que Escocia se separe".

Patriotismo e identidad

He vivido más de 20 años en este país e, igual que Elaine, no he visto que los ingleses -los políticos- se interesen demasiado por lo que pase más allá de las fronteras de Inglaterra.

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Image caption William y Kate anunciaron que esperan otro hijo.

Y en lo que se refiere a los países que forman Reino Unido, no he visto nunca más apego patriótico e identidad nacional que la de escoceses, norirlandeses y galeses. Es como si el hecho de "vivir juntos" los hubiera vuelto tremendamente individualistas, cada uno con su rica cultura, sus arraigadas tradiciones y sus acentos tan particulares.

Yo no suelo seguir fútbol, uno de los deportes favoritos de los británicos. Pero, ¿hay otra actividad que incite más el patriotismo? He visto en el pub local a Inglaterra enfrentarse con Escocia y las diferencias e identidades de la afición son tan grandes como cuando Inglaterra se enfrenta a México.

También puedo decir que las únicas ocasiones en que he visto a este país –el Reino Unido- ser uno solo y escuchar a sus ciudadanos definirse como "británicos" -y no escoceses, ingleses, norirlandeses o galeses- es cuando se trata de la familia real.

Lo vi cuando mis vecinos decidieron organizar una fiesta en verano del 2012 para celebrar el Jubileo de la reina (Elaine fue la "directora" del comité organizador). Se cerraron las entradas a la calle y se colocaron "Union Jacks", como le dicen los británicos a su bandera.

Se sirvió comida y bebida en platos y vasos con la insignia. Y todos nos sentimos británicos (hasta yo, que soy mexicana).

También lo vi cuando se bautizó a George, el primer bebé de William y Kate. Las calles se llenaron de galeses y escoceses que llevaban sombreros y Union Jacks y que habían viajado a Londres de madrugada para ser parte del evento.

No soy monárquica y a menudo me cuestiono el propósito de la familia real. Pero estoy convencida de que nada define a "lo británico" y a "la unidad" –dentro y fuera de este país- como la familia real.

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Image caption Alex Salmond, ministro principal de Escocia, dirige la campaña por el Sí.

También estoy convencida de que el anuncio del "embarazo real" el mismo día en que se conoció la inminencia del "divorcio nacional" no fue casual. Por algo el príncipe William dijo ese día a los reporteros: "Estamos fascinados con la noticia, pero ahora es momento de concentrarnos en los eventos domésticos".

¿Por la Unión?

Es posible que otro bebé real mejore la causa de la unión. Después de todo William y Kate se conocieron en la Universidad de St Andrews en Escocia y además de ser duque y duquesa de Cambridge, son conde y condesa de Strahrearn (una región escocesa).

La reina, por su parte, cuando no está en su palacio en Londres, suele estar en su castillo en Balmoral, Escocia.

Si Escocia decidiera independizarse, la reina Isabel II seguirá siendo reina de Escocia. A menos que, una vez independiente, Escocia decida convertirse en una república.

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Image caption Las reservas de crudo en el Mar del Norte son vitales para la campaña independentista.

Pero Salmond ya indicó que si hay algo que han dejado en claro los escoceses –además de su "apoyo sustancial" para la independencia- es, tal como dijo "el entusiasmo del pueblo de Escocia para tener a Su Majestad, la reina, como nuestra reina de Escocia".

Al final, quizás no sea el petróleo, la moneda, ni las consideraciones económicas o políticas las que decidan el futuro de Escocia. Quizás el voto de los escoceses estará basado en su identidad.

Cuando le pregunto a Elaine cómo se define nacionalmente (¿es británica?), me dice: "Oh, no, no, no. Soy escocesa, primero que nada. Después británica".

Es probable, por lo tanto, que éste sea un voto emocional y, como tal, bien podría definirlo un bebé real: el cuarto sucesor al trono del Reino Unido de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

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