Las mujeres que desafían la violencia en la capital colombiana del horror

Media playback is unsupported on your device

En Buenaventura, la capital colombiana del horror, la lucha contra la violencia contra las mujeres puede llegar a ser un asunto de vida o muerte. Y Gloria Amparo Arboleda lo sabe muy bien.

"Pero cuando uno se da cuenta de que si lucha pierde la vida, y si no lucha también, es mejor morirse luchando", le dice a BBC Mundo.

Aunque, como ella misma explica, para su lucha las mujeres de Buenaventura, principal puerto del Pacífico colombiano, no necesitan de un fusil.

"La de nosotras es con acompañamiento, con apoyo mutuo, con consejo, con comadreo, con acompañar el dolor", dice del trabajo de Mariposas de Alas Nuevas Construyendo Futuro, la red de mujeres que ayudó a fundar en 2010.

Actualmente las "Mariposas…" ya suman más de 100 voluntarias que apoyan a las mujeres víctimas de la violencia y el desplazamiento forzado en el municipio de Buenaventura, uno de los más violentos y peligrosos de toda Colombia.

Y su trabajo les acaba de valer al colectivo el Premio Nansen para los Refugiados, un galardón de Naciones Unidas que reconoce "esfuerzos humanitarios extraordinarios" por las víctimas de desplazamiento forzado en el mundo.

"Cada día estas mujeres buscan como sanar las heridas de las mujeres y niños de Buenaventura, y al hacerlo ponen en peligro sus vidas", dirá al anunciar el premio, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), António Guterres.

"No hay palabras para describir su valentía", agregará después.

Derechos de autor de la imagen Other
Image caption Las voluntarias de Mariposas de Alas Nuevas Construyendo Futuro han ayudado a más de 1.000 mujeres víctimas de la violencia, y sus familias, en el municipio de Buenaventura.

Doblemente víctimas

La valoración del máximo representante de Acnur no sorprenderá a quienes saben que en los últimos años Buenaventura se ha ganado el título de capital colombiana del horror.

Esta es, después de todo, la ciudad de las casas de pique, el municipio que registra el mayor número de desaparecidos en todo el país, el que entre 2010 y 2013 vio a más de 51.000 personas abandonar sus hogares huyendo de la violencia.

Lea también: Buenaventura, la nueva capital del horror en Colombia

"Acá la violencia ha sido muy fuerte. Hemos visto asesinatos selectivos, desapariciones, desmembramientos de personas", señala Mery Medina, una de las 19 coordinadoras de las Mariposas.

"Es una lucha por territorio", explica, refiriéndose al interés de las diferentes bandas criminales de origen paramilitar que operan en el área por hacerse con el control de la que es una ruta estratégica para el narcotráfico.

Derechos de autor de la imagen Other
Image caption Mery Medina es una de las 20 agilizadoras del colectivo Mariposas de Alas Nuevas, además de pertenecer a otras organizaciones de mujeres.

La guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), por su parte, todavía opera en las zonas rurales vecinas, donde no faltan los cultivos de coca ni las operaciones de minería ilegal.

Mientras que los grupos armados ilegales también pelean por quedarse con el negocio de la extorsión en el principal puerto de Colombia sobre el océano Pacífico, sobre el que también tienen puesta la mirada inversionistas y especuladores.

Y las mujeres nunca escapan a los enfrentamientos y batallas que constantemente enfrentan a estos diferentes actores; a veces como víctimas directas, a veces en su papel de esposas, madres o abuelas.

"Si no nos toca por un lado, nos toca por el otro", explica Arboleda.

Derechos de autor de la imagen Other
Image caption Gloria Arboleda fue víctima de desplazamiento forzado en 1993. Esa ha sido la experiencia de numerosas mujeres en Buenaventura.

Y por si fuera poco los actores armados frecuentemente también recurren a la violencia sexual contra las mujeres para reafirmar su dominio, para amedrentar, para castigar.

"Nosotras tenemos cualquier cantidad de muchachas siendo acosadas, violadas", cuenta Arboleda.

"Es un arma también, que no es el tiro, que no es la bomba, pero si es el sentimiento y el dolor que se le causa a la muchacha, a la mamá, a la familia, a la comunidad", explica.

Lea también: Violencia sexual, la cara menos visible del conflicto colombiano

Todo igual

La situación no es exclusiva de Buenaventura, ni tampoco nueva en este municipio del Pacífico.

Esta ciudad puerto, sin embargo, se volvió un caso emblemático a finales de marzo pasado, luego de que numerosos medios empezaran a reportar sobre sus niveles de violencia y las autoridades nacionales ordenaran una intervención especial.

El presidente de la República, Juan Manuel Santos, visitó la zona, prometió más inversiones, creó una gerencia social especial y ordenó un aumento significativo del pie de fuerza para devolver la tranquilidad a los habitantes.

Pero cinco meses después, el consenso en la población parece ser que las cosas no han cambiado significativamente.

Derechos de autor de la imagen Other
Image caption Los barrios de bajamar de Buenaventura a menudo son controlados por las bandas criminales.

"Para ellos, para las autoridades, los problemas se han solucionado, muchos de los problemas. Pero esa no es la visión de la comunidad", confirma el padre Jhon Reina, quien coordina la pastoral social de la Iglesia Católica.

"Se siguen desmembrando gente, se sigue desapareciendo, a los comerciantes se los sigue 'vacunando', es decir, se los sigue extorsionando", le indica a BBC Mundo.

"Y el dominio de los barrios no está propiamente en la fuerza pública, sino en manos de algunos grupos, que para nosotros sigue siendo el problema del paramilitarismo, que todavía está vivo en Buenaventura", agrega.

Es cierto que la policía ha realizado numerosas arrestos, pero según el padre Reina y numerosos pobladores por lo general las capturas afectan a cuadros de poca importancia que pueden ser fácilmente remplazados.

Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption El aumento de la presencia policial y militar no ha logrado cambiar la percepción de inseguridad.

Y aunque también ha disminuido el número de homicidios y desapariciones, en comparación con el año pasado, la sensación que muchos tienen es que parte de esta reducción es resultado del miedo a denunciar.

"La gente había empezado a hablar, a denunciar, a tener más confianza. Pero hoy vemos sentimos que estas fuerzas, estos grupos al margen de la ley se están reorganizando y están haciendo reversar a la gente en su valentía para denunciar, estamos cayendo de nuevo en el silencio", se lamenta el padre Reina.

La sensación es compartida por José Quiñones, del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía General de la Nación.

"La gente se siente incluso más amenazada que antes, por lo que no está denunciando. Pero en cualquier momento se me levanta esto", dice de las cifras de desaparecidos, que pasaron de 41 a 25 en comparación con el período enero-agosto del año pasado.

Mientras que la reducción del número de muertes violentas desde el aumento de la fuerza militar (de 74 a 60), tampoco parece especialmente significativa.

Y las mujeres de Mariposas de Alas Nuevas saben que el riesgo sigue estando ahí.

"Comadreo" para sobrevivir

"Es por eso que nosotras siempre decimos que individualmente no podemos actuar, tenemos que actuar colectivamente, porque colectivamente tenemos más respaldo, nosotras mismas nos encargamos de cuidarnos", señala Mery Medina.

Para minimizar los riesgos, las "Mariposas…" recurren a la estrategia del "comadreo": la creación de espacios y oportunidades para encuentros y conversaciones amistosas, que también les permiten ir creando confianza con las víctimas generalmente reacias a buscar ayuda o denunciar.

"En nuestro territorio es supremamente delicado divulgar las violencias, porque ponen en riesgo la vida, nosotros nos reunimos para comadrear y ahí compartimos experiencias, dolores, peligros", explica Gloria Arboleda.

Derechos de autor de la imagen Other
Image caption Las dinamizadoras, como Maritza Asprilla, se encargan de capacitar a las mujeres sobre sus derechos y estrategias para vivir mejor.

Su colega Maritza Asprilla comparte con BBC Mundo los planes que las "Mariposas..." tienen para el Premio Nansen, dotado con US$100.000.

"El sueño de nosotras es tener una casa de acogida con todas las de la ley. La casa que nos hemos soñado es una casa inmensamente grande, con aproximadamente unos diez cuartos, que tengan sus camas dobles", cuenta.

"Ahí las mujeres encontrarían apoyo, capacitación a través de los talleres, para su autocuidado, su autoestima, para que conozcan la ley, sus derechos".

Asprilla quiere que el simbolismo del reconocimiento vaya mucho más allá de Colombia y la misma Buenaventura: "Que sea una casa no solamente para las mujeres de Buenaventura, sino para todas las mujeres del mundo".

Y desde ya, con su ejemplo, estas "mariposas" de la costa del pacífico colombiano se están haciendo sentir más allá de su territorio, con su capacidad para llevar esperanza a la capital colombiana del horror.

Lea también: Feminicidio, la "pandemia" que está matando a la mujer latinoamericana

Derechos de autor de la imagen Other
Image caption Buenaventura es uno de los municipios más violentos y peligrosos de Colombia. Y las mujeres son víctimas constantes de esa violencia.

Contenido relacionado

Vínculos

El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.