Los Topos: los rescatistas mexicanos clave en catástrofes internacionales

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Image caption Acevedo (izquierda) tenía 20 años cuando ocurrió el terremoto en 1985.

A las 7:19 am del 19 de septiembre de 1985 los habitantes de Ciudad de México se despertaron por la fuerza.

Un terremoto magnitud 8 en la escala de Richter azotaba el centro de la capital mexicana por tres interminables minutos.

"La primera impresión que tengo es de ver la casa de enfrente, cómo se cae parte de la fachada. Mujeres de rodillas, rezando por misericordia", recuerda hoy Eduardo Acevedo, en conversación con Will Grant para el programa Witness, de la BBC.

En esa época, Acevedo tenía 20 años y vivía fuera del centro de la ciudad, en un barrio que logró sobrellevar el sismo. Sin embargo, por alguna razón comenzó a caminar hacia el lugar de donde todos escapaban. Se dirigía al centro del caos.

"Todo el mundo en la locura total", recuerda. No era sólo su impresión. Ciudad de México fue declarada zona de desastre. Pero en ese minuto, más que escuchar las noticias, Acevedo se convertiría en testigo presencial.

"Seguí caminando hasta llegar a la Alameda. Vi que el Hotel Regis se había caído y que uno de los centros comerciales ardía en llamas. Los bomberos estaban ahí, habían sirenas sonando por todas partes".

Los dos terremotos del 19 y 20 de septiembre provocaron la muerte de por lo menos 10.000 personas.

Y en medio del desastre, espontáneamente, surgió un grupo de voluntarios que comenzó a rescatar a las víctimas con sus propias manos. Entre ellos estuvo Acevedo.

Pronto pasaron a ser conocidos como "Los Topos" y su prestigio como rescatistas creció hasta el punto que desde entonces su trabajo es requerido internacionalmente.

El tsunami en Indonesia en 2004, el terremoto de Haití de 2010, y el terremoto y tsunami de Japón en 2011 son solo algunas de las tragedias en las que se solicitó su colaboración y conocimiento.

Uno de los primeros "topos"

"El primer rescate que me tocó fue el de una señora que había quedado atrapada mientras se bañaba. Estaba desnuda y no quería salir. Pedía ropa. Finalmente le pasamos una bata y la sacamos. Tenía algunos rasguños pero afortunadamente no tenía ningún hueso roto".

"Yo tenía como seis meses de haber salido del ejército, de la brigada de paracaidistas. Aún no tenía trabajo así que me quedé en el centro, tratando de ayudar. Recuerdo que los voluntarios formaban cadenas humanas y vi con curiosidad cómo pedían silencio para tratar de escuchar a las personas que habían quedado atrapadas", cuenta el rescatista.

No se considera héroe. Fue una respuesta natural a la magnitud de un desastre, asegura Acevedo, que sobrepasó la capacidad de respuesta oficial.

"Empezamos a escuchar de un grupo de gente que andaba metiéndose entre los escombros. Los busqué y me di cuenta que podía unirme a ellos".

Fue así que sin estar especializados en trabajo de rescate y contando solo con sus manos, guantes y palas, el grupo comenzó a ser llamado para actuar en situaciones en las que los servicios de emergencia no daban abasto.

"El gobierno fue rebasado. Tuvimos que organizarnos nosotros mismos. Cuando la gente comenzó a ver que este pequeño grupo estaba sacando a la gente de los escombros empezaron a llamarnos los topos. Eramos los únicos que estabamos dispuestos a actuar en situaciones de riesgo".

Conocer un mundo devastado

Al año siguiente del terremoto Los Topos ya se había conformado en un grupo de rescate formalmente registrado.

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Image caption El trabajo de "Los Topos" es conocido mundialmente.

Y la fama internacional de Los Topos fue creciendo, siendo llamados para actuar en catástrofes tanto en América Latina como en el resto del mundo.

"No nos pagan. Es completamente voluntario", aclara Acevedo. "No es un trabajo. Siempre digo que es algo que tengo que hacer".

"Yo tuve un patrón. Me dijo 'vas a conocer el mundo, pero totalmente devastado'. Él tenía razón. Vamos a los sitios que todo el mundo está abandonando", señala Acevedo quien ha rescatado decenas de víctimas de entre escombros.

"Nunca me imaginé que iba a pasar un terremoto que me cambiaría la vida porque me la cambió. El hecho de quedarme con Los Topos me cambió la vida completamente".

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