10 cosas que preocupan a China de las protestas en Hong Kong

Protestas en Hong Kong Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Los manifestantes en Hong Kong han sido reprimidos con gases pimienta por parte de la policía.

Miles de personas han salido a las calles de Hong Kong, en China, durante las últimas semanas para pedir que el gobierno de Pekín no se involucre en las elecciones regionales de esta zona del país.

Desde que Hong Kong fue devuelto a China por parte de Reino Unido en 1997, este puerto del gigante asiático cuenta con algunos derechos como libre expresión, autonomía gubernamental y elecciones locales.

Sin embargo, para elegir un nuevo gobernador, los candidatos a estas elecciones deberán contar la aprobación del partido comunista, que el que gobierna en Pekín.

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Por esa razón se han realizado varias manifestaciones por estudiantes y académicos -que se han bautizado como "Occupy Central"- que han sido reprimidas con dureza por la policía de Hong Kong.

Pero esta situación ha puesto en un dilema al gobierno del presidente chino, Xi Jinping, quien deberá tomar varias decisiones al respecto esta semana, en la que se celebra un nuevo aniversario de la revolución comunista de 1949.

Por esa razón presentamos diez cosas que estaría considerando Pekín sobre la crisis en Hong Kong.

1. Esto nos lo buscamos

El gobierno de Pekín no cedió un centímetro en las reglas para nominar los candidatos a la elección de gobernador de la provincia de Hong Kong.

Muchos advirtieron que podía haber problemas pero, pese a, el presidente chino, Xi Jinping, dejó en claro que prefería tomar el riesgo de reprimir a los manifestantes que dar lugar al surgimiento de un líder local legitimado y con peso real.

En este momento, el gobierno chino está afrontando las consecuencias de esa decisión, así como un desafío político directo para Pekín: en definitiva, una prueba de fuego de la promesa que el gigante asiático ha hecho sobre su relación con Hong Kong: "Un país, dos sistemas".

2. Tenemos que ganar

En los dos años desde que llegó a la cima del Partido Comunista, Xi Jinping ha logrado amasar una enorme cantidad de poder y ha dejado claro que él es quien toma las decisiones que importan.

Sin embargo, uno de sus programas banderas – la campaña anticorrupción- le ha ganado varios enemigos políticos internos que están esperando pacientemente hasta que Xi cometa un error.

Error que puede ser la respuesta a la crisis en Hong Kong.

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Image caption El presidente de China, Xi Jinping, no ha cedido ante las exigencias de los manifestantes de Hong Kong.

Por esa razón, la pretensión de los manifestantes de que se modifiquen las normas de la elección del gobernador local de Hong Kong, que incluye el veto del Partido Comunista chino, no es algo en lo que Xi piense ceder.

No puede darse ese lujo ahora y siente que tiene que salir victorioso de esta confrontación.

3. Los estudiantes idealistas son nuestro talón de Aquiles. Otra vez.

La conducta de los académicos de mediana edad que lideran el movimiento "Occupy Central" es fácil de predecir y contrarrestar para el gobierno de Pekín.

Pero lo que los asusta en realidad son los estudiantes universitarios que ya comenzaron a unirse a la protesta diciendo que quieren un cambio en el sistema y continuarán sus demandas hasta que Pekín los escuche.

A través de su sostenida oposición a una reforma electoral, China ha creado un movimiento opositor con un claro sentido de su deber y su propósito, en una comunidad donde antes estaban más ocupados en sus clases y en el futuro de sus carreras.

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Image caption El gobierno central chino enfrenta el dilema de cómo lidiar con las manifestaciones.

En los últimos días, esos estudiantes se tomaron las calles para que sus voces fueran escuchadas mientras los rociaban con gas pimienta y detenían a sus líderes.

Y fue allí donde aparecieron los académicos de Occupy, que sintieron también la necesidad de salir de acompañar a sus estudiantes.

Lea: ¿Por qué China no quiere más democracia en Hong Kong?

4. La cola no hará caer al dragón

Hasta el domingo por la tarde, en China se mantenía un "apagón" informativo sobre lo que ocurría mientras tanto en las calles de Hong Kong.

Realmente Pekín no quiere que sus ciudadanos tengan ideas nuevas y "revolucionarias".

Hong Kong tiene 7,2 millones de habitantes, mientras que en el resto de China conviven 1.300 millones de personas.

El gobierno de Xi Jinping necesita dejar claro a ambas poblaciones que él está a cargo de lo que se dice. Y de lo que no.

En China continental, cualquier manifestación abiertamente política o antigubernamental sería reprimida en minutos.

En Hong Kong las cosas son distintas por aquella fórmula de "Un país, dos sistemas", que le garantiza autonomía y libertad de expresión.

Pero una revolución democrática multipartidista es la peor pesadilla para Pekín, Y las imágenes de los ciudadanos chinos jóvenes e idealistas, con pancartas y bandas amarillas en la cabeza, plantean al gobierno chino un dilema: "mal si lo hacemos; mal también si no lo hacemos".

He ahí el dilema: poner presión sobre la policía de Hong Kong para que actúe con firmeza, lo que finalmente provocaría que más y más estudiantes se sumen a la movilización.

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Image caption Las movilizaciones en Hong Kong pretenden para la intervención de Pekín en las elecciones locales.

O, en cambio, jugar con sutileza y sin el ejercicio de la fuerza, corriendo el riesgo de que los demócratas se unan a la petición de no intervención de Pekín con la idea en la cabeza de que ya no es algo peligroso de hacer.

5. Encontremos la llave de los corazones de la gente en Hong Kong

Es bastante difícil para el gobierno chino, en este punto de la situación, saber qué camino escoger: el de la amenaza o el de encantamiento.

Lo que no cambia es el público.

Pekín tratará por todos los medios de persuadir a los habitantes de Hong Kong para que se queden en sus casas, trazando una imagen de los manifestantes como una de las peores amenazas contra la integridad y la seguridad económica.

El problema es que, si Pekín quiere ganar esa batalla por los corazones y las mentes de los pobladores de Hong Kong, debería ceder en el rigor con que está reprimiendo las protestas, dejar espacio a los manifestantes y mostrar "mano blanda": algo que no le resulta muy fácil.

6. ¿Con cuántas celdas cuenta la policía de Hong Kong?

Son cerca de 500. Y esto es un problema para Pekín.

A pesar de que la manifestación ha sido declarada ilegal y la policía tiene autorización para arrestar a quien salga a la calle a protestar, lo cierto es que no todos caben en las celdas y, una vez que éstas están llenas, no es muy evidente qué puede hacer la policía con los jóvenes detenidos en las calles.

Estas celdas pueden ayudar a marcar un punto de inflexión, en el que el cansancio, el gas pimienta y la amenaza de cárcel pueden ser suficientes para mandar a los manifestantes a sus casas.

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Image caption Algunos piensan que las autoridades chinas cuentan con que los manifestates se desmovilicen por cansancio.

Pero la adhesión de nuevos manifestantes a las protestas puede generar una retroalimentación propia y fortalecer la actitud desafiante.

7. ¿Cómo se atreven a poner la cara de Deng Xiaoping?

Los manifestantes han reclamado el legado del patriarca chino, quien murió poco antes del retorno de Hong Kong a China en 1997 pero que fue clave en las negociaciones con Reino Unido, 30 años atrás.

Es ciertamente una extraña elección de figura emblemática o "santo patrón", porque fue Deng Xiaoping quien ordenó la represión de los estudiantes en la plaza Tiananmen en 1989.

Sin embargo, los líderes del movimiento han insistido en que fue él quien creó la fórmula "Un país, dos sistemas", que garantizó la forma de vida de Hong Kong durante 50 años.

Y aclaran que, sobre ese punto, Deng pensaba que en algunos años China sería más liberal y la brecha ideológica sería más estrecha. Pero lo que queda en evidencia es que China ha ido por el camino contrario, hacia el fortalecimiento de la noción del partido único para el control total del país.

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Image caption Los manifestantes han dicho que no saldrán de las calles hasta que Pekín no escuche sus demandas.

Y si Deng viviera hoy, probablemente no estaría aplaudiendo a los manifestantes.

8. Culpemos a los extranjeros.

Uno de los argumentos que han utilizado en los últimos días los principales representantes del gobierno chino ha sido el de afirmar que los demócratas están siendo arengados por extranjeros que quieren dañar la estabilidad y la prosperidad de Hong Kong y, de eso modo, también debilitar a la China continental.

Por ejemplo, uno de los periódicos favorables al gobierno chino que circulan en Hong Kong publicó este fin de semana que uno de los líderes estudiantiles del movimiento, Joshua Wong, tenía vínculos con el gobierno de Estados Unidos.

Pero tanto EE.UU. como Reino Unido se han mantenido al margen de la situación y, de todos modos, no está claro qué ganarían con la estrategia que denuncia el gobierno chino.

Lo cierto es que el verdadero peligro para Pekín no son los gobiernos extranjeros, sino las ideas extranjeras: las que vienen de Occidente.

9. No llegamos donde llegamos cediendo.

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Image caption El número de celdas en Hong Kong apenas llega a 500.

Se sabe que el presidente chino ha dicho en algunas ocasiones que la caída de la Unión Soviética se debió a que nadie tuvo las "agallas de sacar la cara por el sistema".

Desde que llegó hace dos años al poder, Xi ha logrado crear la idea que él es un nuevo patriarca, ejecutor de un liderazgo fuerte e intransigente que puede traer respuestas a las preocupaciones chinas.

10. No es el mejor momento para celebrar la revolución

Esta semana se colgó un renovado cuadro de Mao en la Puerta de Tiananmen, como parte de los preparativos del Día Nacional de China, en el 65 aniversario de la revolución comunista ocurrida el 1 de octubre de 1949. Fue el momento en que el propio Mao dijo: "La gente de China tiene que levantarse" y las multitudes lo ovacionaron.

Es claro que, 65 años después, Xi Jinping lidera un país distinto. Rico, eso sin duda. Poderoso, también.

Sin embargo, la República Popular China no ha logrado unificar su discurso más allá del ya anticuado y xenófobo nacionalismo.

El presidente necesita con urgencia definir el "sueño chino" de una manera que inspire a sus habitantes, sea en la China continental o en Hong Kong.