Los hombres que sobrevivieron enfrentamientos con tigres salvajes

Tigre de Bengala Derechos de autor de la imagen AP
Image caption El hábitat de los tigres de Bengala está desapareciendo y eso los pone en competencia directa con los humanos.

500 tigres de Bengala viven en los manglares boscosos más extensos del mundo, situados en la frontera entre India y Bangladés. Pero ahí también viven medio millón de seres humanos.

Cada año, los tigres atacan hasta 60 personas y solo la mitad de ellas vive para contar la historia.

Nada infunde más miedo al corazón y la mente de los habitantes de Sundarbans –el extenso delta en la costa norte de la Bahía de Bengala- que la palabra "tigre". La sola mención de la palabra puede causar un pánico irracional.

Curiosa de ver un tigre, le pregunté a un pescador si había visto uno en su camino esa mañana. Hasta ese momento estaba dispuesto a pasar el tiempo conmigo pero inmediatamente recogió sus redes y se fue sin decir adiós.

"Si menciona al tigre, aparecerá", dijo mi lanchero. "Es por eso".

Casi no hay una sola persona aquí cuya vida no haya sido afectada por un tigre de una u otra forma.

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Algunas zonas son más propensas a los ataques que otras. Entre 2006 y 2008, varias murieron en Joymoni, una pequeña aldea en la ribera del río Pashur, que colinda con un bosque.

En uno de esos ataques, un tigre saltó a través de las paredes de bambú de una choza a la medianoche y se llevó a una anciana de 83 años. Su hijo, Krisnopodo Mondol, que rondaba los 60 años en ese entonces, escuchó sus gritos.

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Image caption Un tigre cachorro hambriento cruza el manglar de Sundarbans.

"Abrí la puerta y corrí al lecho de mi madre. Pero ya no estaba allí", dijo.

"Lo único que vi fue una cama vacía. No la podía encontrar. Abrí la puerta de la veranda y, a la luz de la luna, la vi. Estaba mal herida, tendida en el suelo, sus ropas desparramadas a su alrededor".

Las lágrimas se le derraman a Krisnopodo.

"Hasta el día que me muera recordaré a mi madre esa noche", dice Krisnopodo.

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Image caption Las chozas de la aldea están hechas de barro, bambú y hojas.

La mayoría de la gente en Sundarbans depende del río para su alimentación y ganan dinero de la recolección de miel y de la pesca.

Aunque es ilegal, muchos se adentran en áreas protegidas –Sundarabans es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO- para cortar leña y cazar. Es esta práctica la que los pone en conflicto directo con el tigre.

Este verano, dos personas murieron en incidentes separados mientras pescaban cangrejos.

En 1997, Jamal Mohumad entró al bosque para cazar y pescar comida y se encontró a un cazador más grande y feroz.

"El tigre se me abalanzó con sus garras. Me enterró las uñas en las piernas y me arrastró bajo el agua. Luché bajo la superficie. Nadé tan rápido como pude y pedí ayuda a gritos”.

Jamal es una leyenda a nivel local en Sundarbans. Es la única persona de quien se sabe que ha sobrevivido tres ataques distintos de tigres.

En el más reciente, en 2007, había ido al bosque a recoger leña cuando, en la alta maleza cerca de la orilla del río, vio un tigre echado al sol.

"El tigre estaba en la ribera norte del río y yo en la sur. No podía huir. Sabía que si el tigre me veía me atacaría, así que empecé a rezar".

El tigre acechó a Jamal. Jamal se mantuvo inmóvil. Sabía que si se echaba a correr sería su fin.

"Como había sido atacado en dos ocasiones anteriores estaba más consciente de lo que debía hacer. Así que me quedé parado frente al tigre haciendo gestos histéricos y mucho ruido".

"El tigre también le teme al humano, sabe. Ambos pueden atacarse el uno al otro y es peligroso para ambos".

El tigre se acercó a un metro de Jamal y emitió un gran rugido. Jamal rugió de vuelta.

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Image caption Jamal Mohumad ha sobrevivido tres ataques de tigre.

La esposa de Jamal escuchó los ruidos y convocó a una muchedumbre de la aldea.

"Hicieron tanto ruido que el tigre salió asustado. Tan pronto vi a mis amigos de la aldea, caí desmayado".

Contrario a muchos aldeanos que han sido atacados, Jamal sigue yendo al bosque, pero es más cauteloso ahora.

"Tengo que continuar yendo al bosque para traer comida para mis hijos. Es por ellos que tengo que enfrentar al tigre una y otra vez".

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Image caption Así no lo puedan ver, el tigre siempre está cerca.

Los tigres en Sundarbans parecen ser más agresivos que en otras partes del mundo. No se sabe exactamente por qué, algunos creen que es por la salinidad del agua.

Pero la razón más probable es la desaparición de su hábitat natural y la escasez de animales que cazar.

En una aldea estudiada por conservacionistas, se encontró que los tigres matan a unos 80 animales domésticos al año; perros, gatos, cabras y vacas. Como resultado, los aldeanos atacaron varios tigres en represalia.

Para frenar esto, en 2008, grupos de conservacionistas locales organizaron 49 equipos de respuesta a los tigres.

Cada equipo de voluntarios es responsable de lidiar con los tigres que se desvían hacia la aldea. En lugar de matar al animal, los aldeanos lo ahuyentan de vuelta al bosque con antorchas encendidas y fuegos artificiales.

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Image caption Trabajadores del bosque indios devuelven un tigre al manglar.

La noción de que algún día los tigres podrían quedar extintos es difícil de comprender para los lugareños.

Un pescador, Deban Mandal, me mira con sospecha cuando se lo planteo. “¿Cómo es que un animal tan feroz puede estar en riesgo de desaparecer?”, pregunta.

Deban cuenta que iba camino a la zona de Kultoli Khal, en Sundarbans, para pescar.

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Image caption Los pescadores deben entrar al río, un lugar donde están vulnerables al ataque de los tigres.

La marea estaba baja y echaron camino hacia uno de los muchos riachuelos enlodados que conducen al bosque.

Deban se acercó a la orilla del riachuelo a recitar una oración. En ese momento, de la nada, le saltó un tigre.

"El rugido fue tan fuerte que sonó como un trueno", dijo, imitando el sonido del animal.

"Estaba completamente indefenso. Con el peso del tigre pensé que me desplomaría, así que lo agarré del torso y puse mi cabeza contra su pecho. Podía escuchar la rápida palpitación de su corazón. Podía sentir su aliento sobre mi cabeza mientras intentaba atacarme".

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Image caption Deban Mandal recuerda haber escuchado las palpitaciones del corazón del tigre.

Me mira con ojos bien abiertos mientras recuenta el incidente.

"Pensé que si seguía aferrado, no podría morderme. Pero se sacudió de lado a lado y, eventualmente, me caí y me mordió aquí en el cuello. Estaba seguro que moriría".

"Uno de los muchachos llegó con un hacha o algo largo, tal vez un pedazo de madera, y lo golpeó en la cabeza. Con el golpe, el tigre me soltó y salió corriendo".

Me muestra las cicatrices en el cuello, puedo ver las huellas donde lo penetró claramente.

Otro aldeano, Sukumar Mondol, sufrió heridas corporales mucho más graves. Su cara está torcida, ya no ve ni escucha bien y habla con un ceceo.

"Estaba sentado en la ribera cuando escuché al tigre rugir", me contó. "En un minuto ya estaba encima mío. Me atacó una y otra vez con sus garras. Mi mano quedó completamente dislocada".

"El tigre me mordió la cabeza. Sentí morir. Pensé que no habría manera de sobrevivir el ataque. No había quien me rescatara". El animal medía más de dos metros y medio, si contar la cola, asegura.

"Fue cuando llegó una mujer al rescate y salvó mi vida. Le pegó al tigre con toda su fuerza con un palo", dijo.

Las heridas de Sukumar feron cubiertas con una toalla y lo llevaron en una embarcación hasta Chalna, a unos nueve kilómetros, desde donde tuvo que viajar otros 50 hasta el hospital en Khulna.

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Image caption Sukumar Mondol muestra donde lo mordió el tigre.

Tiene suerte de seguir con vida. Estuvo varias semanas en el hospital y ya no puede trabajar.

"Desde el 27 de julio, 2011, no he regresado al bosque. El tigre es feroz. Come gente de almuerzo. Nosotros vivimos en su territorio. En esta zona. Con la ayuda de Dios sobreviví este ataque. Por su bendición estoy vivo".

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