¿Quién creó el primer cementerio en medio de una ciudad?

Cementerio de Père Lachaise Derechos de autor de la imagen Getty
Image caption El cementerio de Père Lachaise fue inaugurado a poco de que Napoleón Bonaparte fuera proclamado emperador.

La palabra "cementerio", que se deriva del griego antiguo, significa "lugar para dormir". Así que esas inscripciones en las lápidas de los cementerios que dicen "Descanso eterno" o "Descansa en paz" tienen mucho sentido.

En ellos, los cuerpos reposan en hileras bajo monumentos de piedra y mármol como si estuvieran acostados en dormitorios secretos.

Además, excepto para aquellas personas sensibles a las películas de terror, los cementerios – desde la isla veneciana de San Michele hasta la colección de tumbas de mafiosos italianos que da hacia Manhattan en el cementerio Calvary, de Queens- son realmente lugares de descanso rodeados de una sensación de ensueño y de escape al otro mundo frente las ruidosas ciudades a las que sirven.

Obra del trabajo de habilidosos diseñadores, arquitectos, escultores y jardineros, los cementerios citadinos pueden resultar descorazonadoramente hermosos.

Pero, aunque generalmente son refugios de vida silvestre, objeto de cautivadores ensayos en la historia del gusto y el diseño y una mirada fascinante sobre las convenciones sociales y las creencias religiosas, su origen fue espeluznante.

Hasta el siglo XIX, era normal enterrar a la gente que moría en las ciudades en el patio de las iglesias. Cuando el crecimiento de las ciudades industriales europeas se disparó, demasiados cuerpos comenzaron a ser apiñados en unos patios que ya estaban repletos. Esto contaminó fuentes de agua y dio pie a epidemias de cólera que arrasaron las ciudades.

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Image caption La tumba de Jim Morrison es una de varias que son objeto de peregrinaje en el famoso cementerio parisino.

Napoléon Bonaparte fue uno de los primeros líderes occidentales en tratar de resolver el flagelo de los cadáveres.

En el París del siglo XVIII el problema se había resuelto, parcialmente, depositando los huesos en vastas catacumbas subterráneas, pero cuando éstas empezaron a amenazar la estabilidad de la ciudad arriba de ellas, se requirieron nuevas soluciones.

Napoleón ordenó por decreto la construcción de cementerios con el diseño de jardines alrededor de la ciudad. El primero y más importante es Père Lachaise, en el 20mo arrondisement, que abrió en 1804 días después de que Bonaparte fuera proclamado emperador.

Tras un comienzo lento, se puso de moda ser enterrado allí, especialmente después de que la emperatriz Josefina hizo que trasladaran los restos de los trágicos amantes del siglo XII Abelardo y Eloísa.

Hoy el cementerio –con sus 69.000 monumentos y su aspecto de ciudad miniatura- está tan densamente poblado con cuerpos, un millón tal vez, que se emiten arrendamientos de 30 años, y si no son renovados se desentierran los restos y se dispone de ellos.

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Image caption El diseño, el paisajismo, la escultura y el arte en general se combinan en los cementerios urbanos desde la época napoleónica.

Los visitantes acuden en masa a visitar las tumbas de Molière, Chopin, Víctor Hugo, Colette, Marcel Proust, Edith Piaf, Isadora Duncan, Oscar Wilde, Gertrude Stein y Jim  Morrison, el líder de la banda The Doors.

Cultura de la muerte

El cementerio de Père Lachaise inspiró desarrollos similares al otro lado del Canal de La Mancha.

Siete magníficos cementerios abrieron en los alrededores de Londres, a partir de la década de los 30 en el siglo XVIII.

El más "encantado" –por encantador, pero también por embrujado- es el de Highgate, que data de 1839, diseñado por el arquitecto y empresario Stephen Geary, fundador de la London Cementery Company.

La muerte era un gran negocio en la Gran Bretaña victoriana. El prevalente culto a la muerte de la época exigía tumbas extravagantes con estilos exóticos.

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Image caption La tumba de Karl Marx, aquí en una foto de 1958, está coronada por una escultura gigante de su cabeza.

Objeto de burla por críticos como Augustos Welby Pugin, arquitecto del Palacio de Westminster –quien convenció a muchos de sus compatriotas de que el estilo gótico era el único estilo apropiado para un país cristiano-, Highgate contaba con una Avenida Egipcia bastante pagana y un Círculo de Líbano.

A diferencia de los patios de iglesia, los cementerios de Londres no eran estrictamente para creyentes. Quienes no pertenecían a la Iglesia anglicana también podían ser enterrados en ellos.

Es en Highgate donde puedes encontrar la tumba de Karl Marx, coronada con una vasta cabeza esculpida del prodigioso filósofo barbudo y socialista revolucionario.

El cementerio de la Ciudad de Londres, el más grande de Europa, abrió en 1954. Entre los fallecidos se cuentan miles de londinenses cuyos restos fueron traídos aquí de iglesias olvidadas de la ciudad, que fueron demolidas bajo una ley de 1860 o por las bombas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial.

"Paisajes románticos"

Cementerios aún más grandes fueron planificados para Londres, incluida una pirámide enorme diseñada por el arquitecto Thomas Wilson, que iba a construirse sobre el lugar más elevado de la ciudad, Primrose Hill. El plan nunca se ejecutó.

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Image caption El cementerio Woodland, en Estocolmo, continúa con la tradición de los cementerios-jardines en las ciudades.

En cambio, un vasto cementerio se construyó en una localidad de las afueras, Surrey, a la que se llegaba en un tren especial. El servicio iba tan lleno como si fuera cargado con muertos vivientes, aunque hasta 1941 los muertos y los vivos viajaban en rieles paralelos, y separados en primera y segunda clase.

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El cementerio más grande de todos, sin embargo, está a mucha distancia de Europa en el tiempo y en el espacio.

Se trata de Wadi us-Salaam ("El valle de paz"), una inmensa ciudad de la muerte en Najaf, Irak, que ha estado en uso por al menos 1.400 años.

Su inmensidad –debe tener al menos 10 kilómetros de longitud- te hace contener el aliento tanto como te hace sentir el calor de los 50 grados que puede llegar a marcar el termómetro en el verano.

Varias guerras intestinas han tenido lugar entre los dueños de las tumbas en años recientes, y sin embargo los rivales musulmanes sunitas y chiitas continúan estando unidos aquí en la muerte.

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Image caption El cementerio Farkasreti, en Budapest, es otra respuesta imaginativa al problema de dónde enterrar a los muertos de nuestras ciudades.

Una de las escapadas más deliciosas del sofocante calor de Calcuta es el Cementerio de South Park, fundado en 1767 para albergar los cuerpos de empleados de la East India Company.

Un exuberante lugar de follaje y pájaros tropicales, aloja tumbas neogóticas e indosarracenas, así como domos, arcos, obeliscos y pirámides.

El arte de diseñar cementerios, tan próspero en los siglos XVIII y XIX, no se ha perdido completamente desde entonces.

El cementerio Woodland de Estocolmo, construido entre 1915 y 1940 por los arquitectos suecos Gunnar Asplund y Sigurd Lewerentz, el cementerio Brionvega cerca de Treviso por Carlo Scarpa y la capilla del cementerio Farkasreti de Budapest están cargados de simbolismo, fina artesanía y respuestas imaginativas a la cuestión de cómo y dónde enterramos a nuestros muertos en las ciudades.

Estos también son lugares donde podemos estudiar la arquitectura inesperada, deleitarnos con los paisajes románticos, compartir espacios abiertos con una amplia variedad de flora y fauna para la que los cementerios son santuarios, recordar a los muertos o simplemente recostarnos entre tumbas de todas las formas y estilos, entregándonos a un sueño reconfortante.

Lee la historia original en inglés en BBC Culture

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