Elecciones en Reino Unido: los 3 grandes temas que dividen a los británicos

Debate electoral en el Reino Unido Derechos de autor de la imagen Getty
Image caption Muchas voces, muchas posiciones: por primera vez en la historia de las elecciones británicas, este año los líderes de siete partidos diferentes participaron en un debate televisivo.

Han sido descritos como unos comicios históricos y una de las elecciones más reñidas en la historia reciente de Reino Unido.

Y no sólo porque las encuestas no le dan una clara ventaja a los tradicionalmente dominantes Conservadores y Laboristas: nunca tantos otros partidos habían aspirado a jugar un papel clave en la conformación del gobierno de coalición que anticipan todos los analistas.

El gran elector del último parlamento, el partido Liberal Demócrata, ha perdido terreno, por lo que el Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP) y el Partido Nacional Escocés (SNP) también podrían resultar claves a la hora de definir al próximo primer ministro.

Y la campaña también le dio una oportunidad inédita para hacer oír sus voces y planteamientos al Partido Verde y el Plaid Cymru (Partido de Gales).

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Se trata, por lo tanto, de unas elecciones que no pueden describirse como polarizadas.

Lo que no significa que no haya temas que dividan claramente al electorado británico. BBC Mundo identificó los tres principales.

Crecimiento económico: cómo y para quién

La del Reino Unido fue una de las economías de más rápido crecimiento del mundo desarrollado el año pasado. Pero eso tampoco es mucho, ni ha liberado a los británicos de cierta ansiedad.

La tasa de empleo ha estado creciendo, pero fue solo hasta hace muy poco que los salarios también empezaron a crecer más rápido que la inflación. Y varios reportes indican que a mucha gente también le gustaría poder trabajar más.

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Image caption El crecimiento económico en el primer trimestre de 2015 fue el más lento de los últimos dos años.

Y aunque durante su gestión el gobierno conservador logró recortar el déficit público en aproximadamente un tercio, el pago de intereses y los costos cada vez mayores de los servicios sociales significan que ha tenido que prestar más dinero de lo que esperaba.

Así las cosas, las diferentes visiones sobre reducción del déficit y crecimiento económico serán sin duda unas de las claves de la elección.

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Y, en ese sentido, los británicos en cierta forma continúan divididos en dos grandes campos, aunque entre un extremo y otro haya muchas tonalidades de gris.

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Image caption La necesidad de continuar o no con las actuales políticas de austeridad está en el centro del debate.

Por un lado están aquellos que creen que acabar con el déficit es prioritario y que le corresponde al sector privado liderar el camino de la recuperación, con todo lo que ello implica en materia tributaria y flexibilidad del mercado laboral.

Por el otro están quienes favorecerían un rol más activo para el estado vía mayor inversión pública y regulación, y que aceptarían también una reducción del déficit más gradual y/o vía mayores impuestos (aunque no todos coincidan en cuáles o para quién).

Es, en cierta forma, la división política más antigua del mundo. Pero sigue siendo una división fundamental.

Los servicios públicos y el futuro del Sistema Nacional de Salud

La otra cara de la discusión sobre austeridad es su impacto sobre los servicios públicos. Y ese es otro evidente motivo de división entre votantes y políticos de Reino Unido.

Aunque, al menos en discurso, todos parecen estar de acuerdo en una cosa: la protección del mítico NHS –el sistema nacional de salud– es un asunto prioritario.

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Image caption Estas elecciones podrían ser decisivas para el futuro del sistema británico de salud.

Casi todos los partidos coinciden en que los servicios de salud deben ser gratuitos en el punto de entrega y prometen más recursos. Pero su alcance y cobertura es objeto de otra discusión.

Y es que el problema es evidente: en los últimos 60 años el énfasis del NHS ha pasado de dedicarse casi exclusivamente a curar enfermedades a administrar también padecimientos –como por ejemplo la demencia– que no tienen cura y requieren de años de atención.

Esto ha disparado los costos y obliga a buscar soluciones. Y, de forma indirecta, también ha puesto más presión sobre otros servicios públicos.

No todos ven de la misma manera la relación entre las demandas del sistema de salud y los recortes en otros servicios sociales –como subsidios por desempleo, vivienda, etc.– que tienen un efecto sobre la calidad de vida de la gente y por lo tanto también sobre su salud.

Y así las cosas, qué otros servicios deben ser protegidos, y hasta dónde, es, por lo tanto, otra importante fuente de división en esta elección.

Inmigración y la Unión Europea

El tercer gran punto de contención entre los votantes británicos, y probablemente el más polarizante, tiene que ver con la inmigración.

Y una de las primeras divisiones se encuentra entre quienes creen que los problemas de los servicios sociales, bajos salarios, empleo, etc., mencionados arriba, son responsabilidad fundamental de los inmigrantes y aquellos que entienden que no.

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Image caption La creciente popularidad de los discursos más extremistas en materia de migración ha llevado a varios partidos a endurecer sus posturas.

El tema le ha dado un especial protagonismo en estos comicios al Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), el más obvio representante de quienes piensan lo primero.

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Pero dentro de los dos grandes bandos hay varias tonalidades de gris, así como diferencias de énfasis y sobre las posibles medidas para enfrentar los desafíos planteados.

Esto obviamente remite a asuntos como acceso a servicios y subsidios, límites al número de migrantes, condiciones para su ingreso, etc.

Aunque para el UKIP, por ejemplo, el problema de fondo es la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea.

Eso también ha ayudado a poner el tema en agenda, dividiendo en la práctica a los británicos entre quienes están dispuestos a arriesgar la membresía en la UE y los que no, pues por el momento lo que diferencia a los partidos es su disposición o no a convocar a un referendo sobre el tema.

Aunque, en el fondo, eso refleja también diferentes valoraciones sobre la utilidad del proyecto europeo.

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