¿Qué cambió en Guatemala para que se presenten las mayores protestas en décadas?

Un manifestante en Guatemala muestra el hashtag #RenunciaYa Derechos de autor de la imagen reuters

¿Qué pasa cuando una clase media frustrada por la falta de oportunidades de ascenso, cansada de la inseguridad y asqueada de la corrupción descubre al inicio de un proceso electoral que muchos de sus gobernantes están detrás de una red de desfalco aduanero? La indignación enciende la chispa.

Esto fue lo que sucedió en Guatemala a mediados de abril, cuando funcionarios judiciales y un organismo avalado por la ONU desmantelaron una estructura criminal que recibía sobornos de importadores para evadir el pago de impuestos de aduana.

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El escándalo sacudió a una clase media guatemalteca históricamente pasiva.

El día que salió a la luz pública el caso, una joven decidió tomar cartas en el asunto e invitó por Facebook a un grupo de amigos a salir a protestar.

En cuestión de días, unas 10.000 personas habían confirmado su asistencia a esa convocatoria abierta bajo el hashtag #RenunciaYa. La poblicación del evento en un periódico local, la participación de otros movimientos y personas influyentes ayudaron a que la etiqueta se regara por otras redes sociales y captara la atención de medios de comunicación.

Si bien los organizadores se sorprendieron de la respuesta, los expertos no. Pues en un ambiente electoral y un clima de descontento económico, el destape de un escándalo aduanero terminó por indignar a una clase media influyente en la opinión pública.

El pasado 25 de abril, miles de personas protagonizaron la primera de una serie de manifestaciones que según analistas está provocando un "barrido" de altos funcionarios.

"Creo que se encendió una chispa y sorprendentemente la población se metió al fuego", le cuenta a BBC Mundo uno de los miembros del movimiento #RenunciaYa, conocido como el grupo de los siete, por ser un movimiento integrado por siete personas de edades comprendidas entre los 20 y 50 años.

Ahora esa "chispa" despertó a una clase media que aunque sólo representa el 10% de la población, es la que concentra a los profesionales del país e influye en la opinión pública.

Otros movimientos están naciendo en las redes sociales; y en las calles, organizaciones ya establecidas, como las de estudiantiles, campesinos, patronales y sindicatos, se están sumando al pedido de generalizado de introducir cambios profundos en el sistema de Estado del país centroamericano.

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Image caption Historicamente, la clase media de Guatemala se ha mantenido al margen de protestas.

"Empoderamiento ciudadano"

"Desde los años 80 no ha habido una movilización de tal magnitud", le cuenta a BBC Mundo el guatemalteco Marco Fonseca, profesor de la Universidad de York de Canadá y autor de un análisis sobre #RenunciaYa.

"Este es uno de esos momentos que sólo ocurren cada 20 años", explica por su parte el director del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos, Edgar Gutiérrez.

Según los expertos, no es la corrupción lo único que ha movilizado a la gente. También se trata de una clase media frustrada por la estructura de empleo -el 63,3% de los asalariados no tiene contrato de trabajo, según el Instituto Nacional de Estadística- con pocas posibilidades de ascenso social y donde la corrupción es vista como una vía ilegítima de lograr ese ascenso.

Si a esto se suma que en mayo empezó oficialmente la campaña electoral para elegir en septiembre al próximo presidente de Guatemala, se puede hablar de una oportunidad única para lograr que el activismo online y el de las calles sean lo suficientemente poderosos como para tratar de impulsar reformas en el sistema.

"Cuando (los guatemaltecos) sacamos a la vicepresidenta (tras la primera protesta), se multiplicó la energía y el furor. Experimentamos un empoderamiento ciudadano en el que pudimos ver cómo la gente se puede volver en un actor dentro de la democracia", cuenta uno de los portavoces de #RenunciaYa.

El grupo de los siete nunca imaginó que iban a tener tal poder de convocatoria, pero en cuanto vieron la respuesta que estaban teniendo en las redes, pusieron en marcha una serie de estrategias que garantizaran el éxito de esa primera marcha.

Diseñaron carteles donde dejaban claro el objetivo de la protesta, prohibieron la participación de encapuchados, hicieron un llamado a los participantes a denunciar a cualquier persona que amenazara con frustrar la iniciativa pacífica del movimiento e introdujeron un amparo ante los tribunales para garantizar el derecho a la protesta.

¿Oportunidad única?

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Image caption Hasta ahora, las protestas han sido pacíficas en uno de los países más violentos de América Latina.

Lo que quizás diferencia esta especie de "primaveras árabes" con otras que han tenido poco impacto real es que el activismo en las redes parece ir de la mano al callejero gracias al apoyo de importantes medios de comunicación y de grupos de civiles.

Otro factor importante es la postura del gobierno de Estados Unidos de apoyar cualquier iniciativa que busque combatir la corrupción en los países que conforman el llamado "triángulo norte" (Honduras, El Salvador y Guatemala) de Centroamérica.

"Más que el presidente de turno, las decisiones finales pasan por la embajada (de EE.UU.)", le asegura a BBC Mundo el analista político Marcelo Colussi.

Recientemente, el embajador de EE.UU. en Guatemala, Todd Robinson, felicitó los esfuerzos que se están haciendo en el país que han llevado a la salida del gobierno de cuatro ministros y la vicepresidenta y la detención de decenas de funcionarios y empresarios por casos de corrupción.

Según los especialistas, el interés de Washington por esta región es geopolítico. "El tema es el narcotráfico y la inmigración", comenta Frank LaRue, ex relator especial de la UNO en Guatemala. "El 60% de las drogas vendidas en Estados Unidos pasa por Guatemala".

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Image caption Otros movimientos han convocado multitudinarias protestas callejeras.

El hecho de que este escándalo de corrupción hiciera erupción al inicio de una contienda electoral brinda -según analistas- una oportunidad única para generar un cambio.

"Estamos a pocos meses de una elecciones y la gente no está en el tema electoral, no ven que las elecciones sean una salida al problema porque piensan que es una prolongación del sistema corrupto y mafioso", señala Edgar Gutiérrez.

Los miembros de #RenunciaYa lo saben.

"Aquí el pueblo está encendido, la gente se está organizando y está hablando en las calles. Y lo que queremos es que se produzca una transformación más importante", aclara el portavoz del grupo de los siete. "Lo que (los guatemaltecos) tenemos que hacer es empujar los cambios, porque si no se dan ahorita, va a ser difícil que se den en otro contexto.

Desde que este grupo de jóvenes veinteañeros y adultos de 40-50 años se unió para pedir la salida de la vicepresidenta, los objetivos han cambiado. Ya no se trata sólo de exigir la renuncia de altos funcionarios, se trata de impulsar una reforma electoral antes de que se celebren los próximos comicios que garanticen un cambio constitucional del país.

No obstante, el analista Colussi advierte que si no surje una propuesta clara o alguien que capitalice esta indignación, estas protestas "quedarán en nada". "Ahora estamos en la cresta de la ola".

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