Los miles de brasileños que le dieron "sabor sudamericano" a Japón

Juneck
Image caption Ricardo Juneck es maestro de sushi, un raro honor para un extranjero en Japón.

Ricardo Juneck goza de un raro honor entre los extranjeros que viven en Japón. El chef de 46 años nacido en Brasil es un maestro del sushi y dirige una exitosa empresa de servicio de comidas.

Hoy en día incluso enseña a estudiantes japoneses cómo cocinar la exquisitez nacional, y por su curso de entrenamiento culinario han pasado más de 2.500 cocineros potenciales.

Su reputación es tan buena que el año pasado fue elegido para formar parte de un grupo de chefs que representaron a la Asociación Nacional de Sushi de Japón en el "Mundial de Sushi".

"Japón me ayudó a cumplir mi sueño" dice Juneck. "Hoy tengo un hijo en la universidad y he obtenido reconocimiento en el campo donde he invertido todos mis esfuerzos en mi vida".

Patrones de migración

Juneck es parte de una vibrante conexión cultural bidireccional entre Brasil y Japón.

Desde 1908, cientos de miles de ciudadanos japoneses dejaron atrás la turbulenta economía de entonces para empezar una nueva vida en el país más grande de América del Sur.

Con una firme ética laboral y una nación rica en recursos naturales, muchos lograron vidas exitosas allí. Contrariamente a sus propias expectativas, muchos decidieron quedarse en Brasil donde tuvieron hijos y nietos.

Brasil ahora tiene la mayor población de descendientes japoneses del mundo, fuera de Japón, y esto puede verse claramente en el famoso distrito de Liberdade de Sao Paulo, con sus arcos pintados de rojo y sus restaurantes japoneses.

Image caption Sao Paulo tiene una alta concentración de descendientes japoneses.

Pero cuando la economía brasileña se encontró en aguas turbulentas en los 1980, este proceso se revirtió y los descendientes de inmigrantes japoneses comenzaron a mirar a Japón, el país de sus padres o abuelos, como una tierra de la oportunidad.

Inicialmente algunos viajaron con visas de turistas, pero en 1990 cambiaron las leyes japonesas y se permitió a los descendientes de ciudadanos japoneses que obtuvieran visas de larga permanencia y derecho a trabajar.

"Ciudad brasileña"

En 2008, en la cima de este influjo, había unos 320.000 brasileños de descendiencia japonesa viviendo y trabajando en Japón, una cifra que ahora se ha reducido a unos 170.000.

La presencia sudamericana era tan fuerte, que los restaurantes de la tradicional parrillada brasileña, conocidos como churrascarias, comenzaron a aparecer en Japón.

Con la gran concentración de brasileños en Oizumi, 100km al norte de Tokio, la ciudad se volvió un atractivo turístico y se convirtió en "la ciudad brasileña" de Japón.

Image caption "Churrascaria" en Oizumi, donde 10% de la población es brasileña.

Se dice que en esa localidad de 40.000 habitantes cerca de 10% es brasileña, y autobuses llenos de turistas japoneses viajan hasta allí para tener una probada de cómo es la vida en Sudamérica.

"Son japoneses de todas las edades" dice Shuichi Ono, de la asociación local de turismo. "Los más viejos quieren probar la comida, los más jóvenes toman lecciones de samba y capoeira (una danza de artes marciales)".

Los brasileños son conocidos en Japón como "dekassegui" o, literalmente, "gente que deja su hogar para trabajar en otro lugar".

Campeona del kimono

Ricardo Juneck no es el único brasileño que enseña a los japoneses uno de sus talentos nacionales.

Image caption Kamila Miyuki Yamashiro ha vivido en Japón siete años. Enseña el arte de vestir kimono.

Kamila Miyuki Yamashiro, de 24 años, da clases en Hakubi Kyoto, una de las escuelas más famosas de Japón dedicadas al arte de vestir el tradicional kimono.

"Siempre usé el kimono en Brasil, pero no sabía mucho sobre él" dice Kamila, quien ha vivido en Japón por siete años y también es cantante profesional de Enka, un tipo de música japonesa.

Vestir el kimono no es tan fácil como parece y le tomó cuatro años obtener la cualificación para poder enseñar.

"Al comienzo de este año me convertí en la maestra más joven en Hakubi", dice con orgullo.

Algunos brasileños de descendencia japonesa han tenido más dificultades para adaptarse a la vida en la nación asiática.

"Japón me mantenía muy lejos de la familia y amigos" dice la fotógrafa Patricia Rodrigues Shibata, quien llegó en 1991, pero ha tuvo problemas para ajustarse. "Me sentía muy sola".

Los problemas más recientes en el país, como el impacto de la crisis económica, han provocado que muchos brasileños regresen a casa.

El terremoto y tsunami de 2011 dieron un mayor impulso a este proceso.

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Image caption La crisis financiera en Japón forzó a muchos brasileños a dejar el país.

Algunos, sin embargo, continúan aguantando.

Sueli Guishi, de 52 años, ha vivido en Japón durante 22 años y ha superado muchos desafíos, incluida la pérdida un riñón a causa de diabetes.

Ahora está embarcada en una carrera totalmente nueva como cantante.

"Todos tenemos problemas, pero he aprendido que el mejor lugar del mundo es donde vives bien. ¿Dónde más podía haber comenzado una carrera como cantante a los 47 años?", dice.

Con tal optimismo, es probable que los fuertes vínculos entre Brasil y Japón continúen durante muchos años más.