V2: el cohete nazi que pudo haber hecho que los británicos llegaran primero al espacio

El cohete V2 exhibido en Trafalgar square, Londres, en 1945 Derechos de autor de la imagen Getty
Image caption Terminada la guerra, hubo una batalla entre los aliados por apoderarse de la tecnología de los V2. En la foto, uno de los misiles exhibidos en Trafalgar square, en el centro de Londres.

Corría el verano de 1945 y, mientras la guerra terminaba en Europa, las fuerzas aliadas se apresuraban a descifrar los secretos del cohete nazi V2.

Aunque esas armas terroríficas, construidas por mano de obra esclava, no tuvieron mayor impacto en el desenlace de la guerra, sí poseían el potencial para cambiar el mundo.

"Hubo una batalla indecorosa para apropiarse de la tecnología de los misiles V2", dice el británico John Becklake, exjefe de ingeniería del Museo de Ciencias de Londres. "En eso andaban los estadounidenses, los rusos, los franceses y también nosotros".

Líder del programa de armas creado por Hitler como venganza por los bombardeos a las ciudades alemanas, Wernher von Braun se rindió a las fuerzas estadounidenses en mayo de 1945 y fue llevado en secreto a EE.UU.

En el mismo mes, los rusos se apoderaron de las instalaciones de investigación y pruebas de von Braun en Peenemunde en la costa del mar Báltico.

Los franceses, mientras tanto, consiguieron reunir a 40 científicos e ingenieros espaciales y los británicos se embarcaran en un proyecto de ensamblar cohetes para una serie de vuelos de prueba.

Tecnología de "otro mundo"

Conocido como la Operación "Backfire", el programa británico incluía el lanzamiento de cohetes V2 desde Holanda hasta la frontera espacial para que luego cayeran en el Mar del Norte.

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Image caption Los V2 causaron miles de muertes entre los británicos en los meses finales de la Segunda Guerra Mundial.

El experimento resultó exitoso. Los misiles supuestamente descendieron a menos de 5km de sus objetivos, una mayor precisión que lo conseguido por los alemanes durante la guerra.

Y los ingenieros que supervisaron las pruebas se dieron cuenta de que von Braun había solucionado algunos problemas fundamentales en cohetería.

Había diseñado un motor de un tamaño considerable, un surtidor avanzado para llenar combustible lo suficientemente rápido y un sofisticado sistema de dirección.

"Literalmente, el cohete era de otro mundo", dice Becklake quien posteriormente ayudó a restaurar un V2 que fue exhibido en el museo. "Estaba repleto con tecnología avanzada".

Observando desde el espacio

Unos ingenieros de la Sociedad Británica Interplanetaria en Londres decidieron que esa tecnología podría ayudarlos a construir una nave espacial, un sueño que apenas cinco años atrás consideraron descabellado.

En 1946 Ralph Smith, miembro de la sociedad, diseñador y artista, presentó una detallada propuesta de adaptar un misil V2 a "un cohete tripulado".

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Image caption Al otro lado del Atlántico la historia fue distinta. En la foto, prueba con V2 en Nuevo México, en 1945.

El diseño del Megaroc de Smith contemplaba alargar y fortalecer el casco del V2, aumentar la cantidad de combustible y reemplazar la ojiva de una tonelada con una cápsula tripulada.

El cohete no tendría la suficiente potencia para colocar a una persona en órbita. En su lugar, el astronauta (y solo se consideró enviar uno) sería lanzado sobre una trayectoria parabólica a unos 300.000 metros sobre la Tierra.

Lanzado a un ángulo de dos grados, al llegar al espacio el cohete se desprendería y la trompa segmentada se despegaría para hacer visible la cápsula.

Smith colocó dos ventanas en el diseño y sugirió que el pionero espacial, equipado con un traje para volar a grandes alturas, podría usar sus pocos minutos en el espacio para hacer observaciones de la Tierra, la atmósfera y el Sol.

Y con Occidente puesto en guardia frente a la Unión Soviética, el Megaroc también hubiese servido para espiar sobre el territorio enemigo.

Image caption La tecnología del V2 hubiera sido más que capaz de poner al hombre en el espacio, consideran los expertos.

Luego de aproximadamente cinco minutos de ingravidez, la cápsula caería de nuevo a la Tierra, protegiendo al astronauta con su escudo de calor. Entonces, un paracaídas sería desplegado para que terminara flotando en el aire hasta aterrizar suavemente.

El diseño hasta incluía otros paracaídas para el cohete con el objetivo de que toda la nave pudiera ser reutilizable.

Smith lo contempló todo, desde las exactas dimensiones del cohete hasta la fuerza propulsora de los motores y las fuerzas G que el astronauta experimentaría.

"Era un diseño completamente práctico", dice el historiador espacial y editor de la revista "Spaceflight", David Baker, al referirse al Megaroc.

"Toda la tecnología ya existía y pudo haberse completado en un lapso de tres a cinco años".

Baker, quien recibió entrenamiento sobre la tecnología de los V2 en EE.UU. y pasó la mayor parte de su carrera como ingeniero de la Nasa trabajando en el programa del Transbordador Espacial, sostiene que el Megaroc estaba diez años adelantado a su época.

"Para 1951, Reino Unido podría haber estado enviando gente de manera regular al espacio sobre una trayectoria balística".

Nuclear, no espacial

En 1946 Smith entregó su diseño de una nave especial al ministerio de Suministros y Abastecimientos del gobierno británico, pero unos meses después fue rechazado.

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Image caption Wernher von Braun se rindió a los aliados en 1945 y se trasladó a Estados Unidos.

A pesar de tener ventaja con su Operación "Backfire", Reino Unido decidió abandonar la tecnología V2 y concentrar sus limitados recursos en investigaciones sobre aviación y tecnología nuclear.

"Reino Unido gastó todo su dinero en salvar al mundo libre", afirma Becklake. "Estábamos en bancarrota".

"La propuesta llegó en el peor de los momentos para el país", concuerda Baker. "En 1946 y 1947 las condiciones no estaban dadas en el país".

Al otro lado del Atlántico, mientras tanto, la historia era muy distinta.

Las fuerzas armadas estadounidenses le dieron a von Braun todos los recursos disponibles para desarrollar el V2 hasta llegar a un cohete de nueva generación.

Como resultado surgió el Mercury-Redstone, que en 1961 lanzó al espacio al primer astronauta estadounidense, Alan Shepard.

La primera nave espacial estadounidense era notoriamente similar al diseño de Smith. "Era un V2 extendido", dice Becklake. "No tenía realmente nuevas tecnologías, pero consiguió enviar a Shepard al espacio".

En una realidad alterna, si el ministerio de Suministros hubiese aprobado el proyecto, el primer astronauta habría sidobritánico.

"Reino Unido tenía 10 años de ventaja sobre los estadounidenses", asegura Baker. "El Megaroc era básicamente el Mercury-Redstone."

"Es tremendamente frustrante", agrega Baker, "pero es estupendo para mostrar que si bien este país pudiera haber estado atravesando muy malas condiciones sociales, financieras y de nivel de vida, se encontraba en lo más alto en cuanto a tecnología".

Image caption ¿Es posible que un británico le hubiera ganado la carrera al cosmonauta Yuri Gagarin?

Y esa podría ser simplemente otra historia de lo que hubiera podido pasar, confinada a los abultados archivos de la Sociedad Británica Interplanetaria, si no fuese por los paralelos que hay con la era actual de cohetería privada, satélites personales e innovadores aviones espaciales.

Construir vehículos espaciales reutilizables con un presupuesto limitado es exactamente lo que compañías como Virgin Galactic y Xcor están intentando hacer hoy en día.

Otras pequeñas empresas, como la británica Reaction Engines, están desarrollando innovadores sistemas de propulsión para impulsar a los vehículos espaciales reutilizables del futuro.

"El espíritu del Megaroc sigue vivo", dice Baker. "Necesitamos a políticos inspiradores que entiendan el verdadero valor de invertir en estas cosas. Hemos mostrado que podemos hacerlo y lo podemos hacer otra vez".

Lee la historia original en inglés en BBC Future

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