Colombia: así recibieron las víctimas de las FARC el acuerdo anunciado en La Habana

Martha Luz Amorocho
Image caption Martha Luz Amorocho perdió un hijo de 20 años en un atentado de las FARC contra un club en Botogá en 2003. "Siento que (el acuerdo) es una puerta abierta, que comienza lo complicado".

Este miércoles el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciaron que habían consensuado firmar un acuerdo para ponerle fin a más de 50 años de conflicto "a más tardar en seis meses".

Parece posible porque, tras casi tres años de negociaciones, ya completaron la negociación del tema más difícil y sensible, lo que les permitió anunciar un plan de justicia que se implementará una vez terminado el conflicto y que alcanzará no sólo a perpetradores de las FARC, sino también del Estado y la sociedad civil.

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Image caption Con un apretón de manos el presidente de Colombia Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño Echeverri, alias "Timochenko" sellaron el acuerdo.

El plan, dijeron, tiene en el centro a las víctimas, su derecho a la verdad y a ser reparadas.

BBC Mundo habló con cuatro víctimas de las FARC para saber cómo recibieron la noticia y qué piensan del acuerdo.

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Guillermo Murcia, campesino del oriental departamento de Arauca, pisó un artefacto explosivo en el patio de su casa en noviembre de 2005. Tenía 22 años. Lograron salvarle los miembros, pero quedó con heridas en todo el cuerpo. La mina no era para él, era para un amigo suyo que estaba en el Ejército. La había colocado otro de sus amigos, que estaba en las FARC.

"Después de un largo proceso, me doy cuenta de que a pesar de que yo estaba como estaba, no me había pasado tanto. Yo quería encontrarme a ese muchacho y decirle que lo perdonaba. No pude encontrarlo".

"Yo estuve en La Habana (como parte de una serie de comitivas de víctimas que fueron a la mesa de negociación) conversando con ellos en octubre de 2014. Fue una experiencia bonita. A mí me faltaba una partecita por cerrar. Yo hice un proceso donde pude perdonar, reconciliarme con la sociedad. Pero me faltaba encontrarme con el victimario y decirle que los perdonaba".

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Image caption "Todos los que le estamos apostando a la paz sabemos que hay que dar para recibir. Sabemos que hay que perdonar para poder sacar el país adelante", dice Guillermo Murcia que resultó herido por una mina.

"(Con el anuncio del miércoles hay) emociones encontradas: por un lado hay una gran esperanza de que hay una fecha fija para el acuerdo definitivo. También está el dolor que uno siente. Estos tipos que han causado tanto daño, tantas muertes, tantas masacres, y van a salir pagando sus condenas con tal vez 5 a 8 años de cárcel".

"Pero todos los que le estamos apostando a la paz sabemos que hay que dar para recibir. Sabemos que hay que perdonar para poder sacar el país adelante".

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"La verdad y la reparación son dos de los componentes que las víctimas esperamos que no se queden ahí en solo cuento, que se sepa la verdad, dónde están nuestros secuestrados, por qué hicieron lo que hicieron".

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Martha Luz Amorocho perdió a un hijo de 20 años en el atentado de las FARC contra el club El Nogal de Bogotá en 2003. Participó de una de las comitivas de víctimas que visitó la mesa de negociaciones de La Habana en 2014.

"Yo perdí a un hijo de 20 años, el de 22 tiene 35 y me acaba de llegar la nieta. Por supuesto, (quiero) dejarles un país en paz".

"Ninguna mamá tiene que enterrar a los hijos por la violencia. Fui a sembrar esa conciencia (a La Habana). Cuando ahorita llegan los acuerdos uno entiende que sí lo escuchan".

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Image caption Tras casi tres años de negociaciones en La Habana, Cuba, el Gobierno de Colombia y las FARC anunciaron un plan de justicia.

"Los métodos violentos no pueden ser válidos en ninguna circunstancia. Si yo soy víctima no me puedo volver victimario. Cuando perdono soy dueña de mi dignidad. Mientras tanto sigo dándole mi vida a mi victimario".

"Siento que (el acuerdo) es una puerta abierta, que comienza lo complicado. Porque es el trabajo que tiene que hacer cada uno desde su corazón".

"Yo pienso que más que las penas mismas, el arrepentimiento y el no volverlo a hacer es más importante. La pena es algo necesario, porque es materializar eso que se está pensando y se está diciendo. Tiene que haber un cambio".

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Image caption Las víctimas quieren saber cuáles serán los pasos para que se logre un acuerdo de paz definitivo en un plazo de seis meses.

"Tenemos que ser capaces los unos y los otros de crecer, de hacer cosas nuevas que dejen algo para los que vienen. El perdón para que pueda haber paz es algo que tiene que pasar. El perdón no es olvido, y me libera a mí. ¿Me sirve a mí no perdonar? El otro ni cuenta se da si no lo he perdonado".

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Odorico Guerra tiene 42 años. Es de Aracataca, Magdalena, en el norte del país. Sufrió desplazamiento forzado, le quitaron tierras, vivió el asesinato selectivo de familiares y fue víctima de violencia sexual. Es también coordinador de la Mesa Nacional de Víctimas de Colombia.

"Yo creo que de alguna manera, por un lado (estamos) muy optimistas y llenos de esperanza; era algo en lo que las víctimas habían venido trabajando".

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Image caption Odorico Guerra sufrió desplazamiento forzado, le quitaron tierras, vivió el asesinato selectivo de familiares y fue víctima de violencia sexual.

"(Por el otro lado,) para nadie es un secreto que en la mayoría de los procesos donde se han hecho cese de hostilidades, procesos de paz, siempre ha habido grandes indultos, grandes amnistías, pero honestamente le queda a uno un cierto sinsabor".

"Es casi obligar a perdón y olvido. Las penas nos parecen en algunos casos insignificantes. De pronto para los guerrilleros de a pie están bien, pero para los (líderes) las penas deberían ser más grandes".

"Yo creería que las víctimas estamos en el centro del acuerdo, pero tengo mis dudas, porque debemos ser más protagonistas. Creo que la mayoría de las víctimas de a pie no conocíamos bien los pormenores de las negociaciones".

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Image caption "Mientras no descarguen las armas no va a haber paz", opina Arecely Cuitiva, quien fue desplazada dos veces de su tierra.

Arecely Cuitiva y su familia son campesinos. Fueron desplazados en dos ocasiones de su tierra en el departamento de Tolima, al sur de Bogotá. La primera vez se fueron por los combates entre las FARC y el ejército. La segunda fue después de que la amenazaran de muerte, acusada de colaborar con las fuerzas de seguridad. Pasaron seis años fuera de su hogar, al que ya regresaron.

"Nosotros anoche (el miércoles) estuvimos mirando las noticias".

"En esas cosas yo no creo, pues la violencia no se acaba. Ellos están firmando una paz, pero a los alrededores sigue lo mismo. La violencia se sigue generando por los alrededores. Aquí en el Tolima está muy afectado".

"Mientras no descarguen las armas no va a haber paz. Mientras no digan aquí las colocamos, aquí las ponemos. Mientras tanto, yo no les creo".

"Para mí ya no alcanza la justicia. Hagan lo que hagan ya no van a remediar lo que ya a nosotros nos pasó. Tengamos lo que tengamos, el dolor ya lo tenemos".

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Image caption Las negociaciones entre el Gobierno de Colombia y las FARC comenzaron en 2012 en Oslo, auspiciadas por Noruega, y luego se trasladaron a La Habana, Cuba.

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