Las mujeres encarceladas tras ser violadas en Emiratos Árabes Unidos

Mónica, una mujer filipina que fue a trabajar como empleada doméstica en los Emiratos Árabes Unidos. Derechos de autor de la imagen Daniel Silas Adamson
Image caption Mónica emigró a los Emiratos Árabes Unidos para buscar mejores perspectivas para su familia.

En los Emiratos Árabes Unidos (EAU) es frecuente que las mujeres inmigrantes sean encarceladas por tener relaciones sexuales fuera del matrimonio. Desesperada por abandonar ese país, una empleada doméstica filipina encontró una dramática vía para escapar de ese destino.

No había gran cosa en el pueblo que Mónica abandonó. Ni clínica, ni escuela, ni alumbrado público. Apenas la encrucijada de unas calles sucias y unas pocas casas de concreto con techo de hojalata. Sin embargo, lo que realmente le preocupaba era la falta de perspectivas.

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Ella tenía tres niños pequeños y un marido que apenas ganaba suficiente dinero para darles de comer. Si ella pudiera trabajar en el Golfo por unos pocos años siquiera, pensó, quizá podría darles a esos niños un tipo de vida distinta.

Un futuro en el extranjero

El autobús tardó 10 horas en llegar a Manila, la capital de Filipinas. Allí, Mónica se inscribió en una agencia de búsqueda de empleo y voló hacia los Emiratos Árabes Unidos, donde empezó a trabajar como empleada doméstica de una familia emiratí.

Los centros comerciales y los rascacielos de Dubái y Abu Dhabi estaban a un mundo de distancia de la pobreza rural de su pueblo natal y, al principio, Mónica estaba emocionada por tener un trabajo. Poco a poco, sin embargo, empezó a extrañar a sus hijos y a resentir la monotonía del trabajo y la mezquindad de sus empleadores.

Había otro sirviente en la casa, un conductor de Pakistán. Unos pocos meses después de que Mónica llegó, la familia salió de la casa por un día, dejándola a solas con el chofer.

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Image caption Mónica quedó impresionada, al principio, por los centros comerciales y los rascacielos que encontró en los Emiratos.

"Yo estaba en la cocina limpiando. Entonces, él vino...llevaba un cuchillo cuando me sometió...no había nada que yo pudiera hacer. Estaba sola. Incluso si gritaba, estaba sola".

Tres meses más tarde, sin haberle comentado a nadie sobre la violación, Mónica se dio cuenta de que estaba embarazada. Según las leyes de los EAU, es un delito tener relaciones sexuales fuera del matrimonio. Dado que Mónica no tenía forma de probar que había sido violada, el embarazo constituía una prueba de su culpabilidad.

Temiendo ser encarcelada, Mónica ocultó su preñez todo el tiempo que pudo. "Sabía que podían enviarme a la cárcel y estaba aterrada", dijo.

Castigos extremos

Bajo la Ley Islámica, que constituye la base del Código Penal de los EAU, el sexo fuera del matrimonio es considerado como Zina, una categoría que además incluye el adulterio, la fornicación y la homosexualidad.

No hay estadísticas oficiales acerca del número de personas enjuiciadas por Zina. Queda claro, sin embargo, que el peso de la ley en estos casos cae de forma mayoritaria sobre las miles de mujeres asiáticas y africanas que han sido traídas a los Emiratos para cocinar y limpiar en las casas de los ricos.

Una investigación del servicio de la BBC en árabe sugiere que cientos de mujeres inmigrantes son encarceladas cada año en los EAU por delitos considerados como Zina, incluyendo el sexo consentido.

De acuerdo con Human Rights Watch, estas normas de los EAU violan las leyes internacionales de protección de los derechos humanos. Grupos de defensa de los derechos humanos apuntan además que los castigos por cometer Zina son aplicados de forma desproporcionada sobre las mujeres.

Aunque se sabe que hay trabajadoras domésticas que han sido sentenciadas a flagelación y, en casos extremos, a lapidación por estos delitos, no hay evidencia de que este tipo de castigos realmente se hayan aplicado en los EAU.

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Image caption Activistas de derechos humanos afirman que la legislación no protege de forma suficiente a las emigrantes.

La investigación de la BBC confirma, sin embargo, que las mujeres acusadas por tener relaciones sexuales fuera del matrimonio son usualmente esposadas y encadenadas. Grabaciones, hechas de forma encubierta en una sala de juicios de los Emiratos, muestra a una joven mujer filipina arrastrando sus dos pies encadenados a lo largo de un pasillo.

Cadenas en el hospital

Sharla Musabih, una activista estadounidense que pasó más de 20 años en los EAU a cargo de un albergue para mujeres vulnerables y que habían sido víctimas de abusos, afirma que en Abu Dhabi ella vio a una empleada doméstica etíope encadenada por los tobillos a una cama del hospital, apenas unas horas después de haber dado a luz.

Al igual que Mónica, la mujer etíope había sido violada.

Rothna Begum, una investigadora de Human Rights Watch, reportó el caso de una mujer de Indonesia que, habiendo saltado de un balcón en un intento de escapar de un empleador abusador, fue esposada de manos y pies a la cama del hospital.

El uso de esposas y cadenas con las mujeres acusadas de intentar escapar o de cometer Zina es, según dice Begum, "una práctica usual en los EAU".

El gobierno de los Emiratos Árabes Unidos no respondió a las solicitudes de la BBC para discutir sobre las leyes de la Zina y el trato que reciben los inmigrantes que trabajan como empleados del hogar.

Para Mónica, al igual que para otras mujeres embarazadas que corren el riesgo de ser encarceladas por tener relaciones sexuales no permitidas, la salida evidente es abandonar el país. Pero aquí, nuevamente, Mónica se encontró atrapada por las leyes de los EAU.

Ni derechos ni pasaporte

Los empleados domésticos son traídos a los Emiratos bajo un mecanismo conocido como el sistema Kalafa, en el cual el derecho del inmigrante a trabajar, a cambiar de empleo y a regresar a su país depende absolutamente del empleador que lo contrató para que pudiera entrar al país.

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Image caption Mónica intentó ocultar su embarazo para evitar ser encarcelada.

Esa dependencia creada por el sistema Kalafa, así como la falta de una protección legal adecuada, deja a los trabajadores del hogar en una situación vulnerable a la explotación y el abuso.

Quizá nunca se conozca plenamente el alcance de los abusos. En 2014, Human Rights Watch entrevistó a 99 empleadas domésticas de un estimado de 146.000 que hay en el país actualmente.

La mayor parte dijeron que trabajaban muchas horas extras sin la debida paga -en casos extremos, hasta 21 horas al día- y muchas dijeron que sus sueldos habían sido retenidos. Otras habían sido confinadas en las casas de sus patronos o privadas de comida y descanso.

Un total de 24 dijeron haber sufrido abusos sexuales o físicos. Casi todas habían visto sus pasaportes confiscados, pese a que eso es ilegal en los Emiratos. Según HRW, algunas de estas mujeres "describieron situaciones que pueden equipararse a la esclavitud según la legislación internacional. Varias trabajadoras dijeron que sus empleadores parecen pensar que las habían comprado".

En el verano de 2014, incapaz de seguir ocultando su embarazo, Mónica le rogó a su "madam" emiratí que le permitiera regresar a Filipinas. Su empleadora, invocando sus derechos bajo el sistema Kalafa, le preguntó "¿Por qué debería enviarte a casa? Aún no ha finalizado tu contrato".

Si hubiera dado a luz en los EAU es probable que Mónica, también, hubiera sido llevada a los tribunales cargando unas cadenas. Pero, con casi siete meses de embarazo ella encontró una forma dramática de escapar.

Usando Facebook, Mónica contactó al presentador de un popular programa de radio en Filipinas. Ella le dio el número de un teléfono celular que ella mantenía oculto en la cocina. El presentador llamó a Mónica poco después.

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Image caption Mónica hizo una arriesgada apuesta para intentar volver a Filipinas.

Se encerró en un cuarto de baño de la casa donde trabajaba para salir al aire. Entonces, Mónica le contó a miles de radioescuchas que había sido violada, que estaba embarazada y que estaba desesperada por volver a casa. "Quiero irme, pero ellos no me dejan", dijo.

"Mónica, ¿sabe tu familia en Filipinas sobre tu situación?", le preguntó el presentador.

"No, no lo saben", respondió.

"Esa es la parte más dolorosa de la historia", dijo el presentador a los oyentes. "Ella tiene un esposo en Filipinas y él no sabe lo que ocurre".

La jugada de Mónica resultó eficaz. El impacto sobre la opinión pública que tuvo su llamada forzó al gobierno en Manila a dirigirse a las autoridades de los Emiratos. Pocas semanas más tarde, apenas las requeridas para entrenar a una empleada sustituta procedente de Indonesia, los empleadores de Mónica le devolvieron su pasaporte, le compraron un billete de avión y la enviaron de vuelta a Filipinas.

Desde la agencia de empleos en Manila, Mónica llamó a su familia. "Al inicio mi marido no podía aceptarlo. Estaba muy molesto. Me culpaba y decía: 'eso es lo que consigues por querer trabajar en el extranjero'. Pero, luego de pensarlo me dijo que volviera a casa".

Acompañada por su padre, Mónica hizo el largo viaje de vuelta a su pueblo. No era el regreso con el que ella había soñado. "Si tu marido no puede aceptar el niño, dámelo. Nosotros lo criaremos", le dijo su madre.

Luego de pensar más las cosas, el esposo de Mónica se calmó. "¿Por qué le vas a dar el niño a tu madre? Deja que sea nuestro", le dijo.

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