Por qué querían controlar a Airbnb en San Francisco, la ciudad donde se creó

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Image caption En San Francisco hay una crisis de vivienda por la falta de espacios para la construcción.

Cuando llegué por primera vez a San Francisco, pasé por lo que cualquier recién llegado tiene que pasar: mirar interminables entradas en la página de anuncios Craiglist con la esperanza de encontrar algún sitio para vivir.

Un anuncio prometedor, publicado por un chico llamado Sebastián, ofrecía un estudio cerca del fantástico parque del Golden Gate. Le escribí unas líneas a Sebastián.

Un día después contestó pidiendo perdón. El piso no se había alquilado, me dijo, pero había decidido ponerlo en Airbnb para rentarlo a turistas.

Y, ¿qué es Airbnb? Un sistema de economía compartida -como Uber- pero de apartamentos, donde la gente pone sus propiedades en una lista en internet para que otros las alquilen de forma temporal.

Lo que muchos consideran ventajas para los turistas, por los precios, otros lo condenan por ser un golpe al negocio de la hotelería.

Y eso, en resumen, es lo que rechazaba la campaña de "Yes on Prop F" ("Sí a la Propuesta F") en San Francisco: en una ciudad que sufre una seria crisis de vivienda, que los espacios habitables se conviertan en minihoteles rentables no ayuda.

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Image caption Los detractores afirmaron que la propuesta F era "demasiado extrema".

Y quién puede culpar a los propietarios, si incluso habitaciones pequeñas en San Francisco se están ofreciendo en Airbnb por cientos de dólares la noche. Se gana mucho dinero.

Pero este martes los habitantes de la ciudad californiana, que salieron a votar para dar su opinión sobre varios asuntos, decidieron rechazar la propuesta F, que intentaba establecer nuevas normas para las viviendas compartidas.

Normas tan duras que, básicamente, iban a arruinar el modelo de negocios de Airbnb en la ciudad.

Campaña de Airbnb

La Propuesta F buscaba que la gente sólo pudiese alquilar su casa de forma temporal por un máximo de 75 días al año. Y quien se arriesgase a sobrepasar ese límite iba a recibir grandes multas.

Por eso, la campaña en contra de la medida fue financiada con más de US$8 millones de Airbnb en metálico.

Su sede de campaña convocó a numerosos voluntarios, algunos de ellos personas con sus viviendas puestas en alquiler a través del sitio de la empresa, y fue apoyada por mucha tecnología.

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Image caption En Nueva York AirbNb también ha generado polémica.

Patrick Hannan, portavoz de la campaña, me contó que tuvieron voluntarios para hablarle a la gente en cuatro idiomas para conseguir votos.

Su estrategia no sólo se basó en cambiar lo que pensaban las personas, sino también en seguir a gente que -sabían- seguramente estaba en contra de la ley y asegurarse así de que fuera a votar.

Cuando visité la sede, hace un par de semanas, observé un juego de roles entre los voluntarios en preparación para una de esas típicas visitas puerta a puerta.

El argumento que el equipo contra la Proposición F utilizó (es decir, el de Airbnb) es que la norma provocaría que muchos espiaran a sus vecinos. ¿Por qué?

Porque de haber sido aprobada, la "Prop F" iba a permitirles a los residentes demandar a sus vecinos si creían que estos estaban ofreciendo sus apartamentos en Airbnb de forma ilegal.

Image caption La campaña del No ensayando cómo convencer a los vecinos.

También explicaron que, al contrario de lo que piensan muchos, la gente con sus apartamentos en Airbnb ya paga los mismos impuestos que los hoteles de la ciudad.

La campaña del Sí sostenía que muchos de los propietarios ignoraban este requisito y no notifican a la comuna cuando estaba ofreciendo habitaciones.

Cuando salía de la oficina del No, Hannan me ofreció una perspectiva más romántica de por qué sentía que la norma no era justa, una visión relacionada con el espíritu libre de San Francisco.

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"El San Francisco en el que educo a mis niños es un lugar de inclusión, no de exclusión. Damos la bienvenida a aquellos que son diferentes a nosotros. Recibimos bien a comunidades que podrían no encajar tan fácilmente en el tejido cultural", explicó.

"A los que ahora dicen que algunas personas no son bienvenidas en San Francisco, les digo la palabra justa: ¡tonterías!".

Larga batalla

Antes de que se realizara la votación la campaña del Sí ya creía que iba a perder. Su financiación, de cerca de US$1 millón, había recibido ayuda parcial del gremio de hoteleros.

Cuando me encontré con Dale Carlson, el portavoz de la campaña, me dio la impresión de ser alguien resignado a perder, pero que todavía se sentía obligado a hacer entrevistas con la prensa.

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Image caption Airbnb ganó la batalla este miércoles, pero por un estrecho margen.

Si perdemos, está bien. Esta es una larga batalla".

"Airbnb no es la causa de nuestra crisis de vivienda. Pero es una pieza importante", agregó.

Le expliqué la perspectiva de Hannan.

"Las corporaciones como Airbnb no gastan US$10 millones en campañas políticas porque están preocupadas por la armonía en las comunidades", dijo.

"No les preocupa que los vecinos se espíen unos a otros.Están preocupadas porque los vecinos demanden a Airbnb".

Ciudad simbólica

Pedí hablar con alguien de Airbnb sobre la votación, pero no me pusieron en contacto con nadie.

La semana pasada, sin embargo, la empresa invitó a un puñado de periodistas de tecnología y economía a cenar y allí compartió sus planes para el futuro, entre los cuales figuraba ofrecer servicios "offline" más allá de las habitaciones.

Los empleados de Airbnb presentes en esa cena no quisieron hablar de qué pasaría si la Propuesta F fuera aprobada.

Image caption El portavoz de la campaña del Sí, Dale Carlson, se había resignado a perder la votación.

San Francisco no es la ciudad más grande para la empresa en número de alojamientos (es París), pero la batalla allí es simbólica, puesto que es la urbe en la que empezó todo.

Sin embargo, a pesar de la victoria, el resultado no fue el esperado.

De hecho, fue mucho más apretado de lo que esperaba la campaña del Sí: sólo fue una diferencia del 5% y eso no es mucho.

Dado que en otras ciudades de Estados Unidos están buscando regular la actividad de Airbnb, este resultado podría jugar en favor de las personas que se oponen a esta actividad.

Sin embargo, como la exitosa y perturbadora aplicación Uber, la estrategia de Airbnb parece ser volverse tan apreciada por sus usuarios, tanto los que alojan a otros como los que se alojan gracias a ella, que cualquier intento político de eliminarla sería, de hecho, muy impopular.

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