Barro, lágrimas y muerte en el peor desastre ecológico de América Latina

Regencia Derechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Regencia es un pueblo pesquero ubicado en la desembocadura del río Doce

La avalancha de barro y residuos mineros que a principios de noviembre arrasó con un pueblo y destruyó el río Doce en Minas Gerais es considerada como la mayor catástrofe ambiental de Brasil.

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Esta semana, el gobierno de Dilma Rousseff introducirá una demanda por más de US$5.000 millones contra las empresas Vale y BHP, responsables del rompimiento del dique de residuos.

Millones de personas se han visto afectadas y toneladas de peces han muerto por la contaminación del río cuyos niveles fueron considerados como tóxicos por Naciones Unidas.

Se trata de una tragedia sin precedentes que el fotógrafo brasileño Leonardo Merçon deja plasmada en las siguientes imágenes.

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Image caption Regencia es un lugar especial para el fotógrafo Merçon, de 34 años. Este pueblo de 300 familias de pescadores en la desembocadura del río Doce tiene una característica especial: su preocupación por preservar la naturaleza
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Image caption "Se trata de una comunidad organizada, acostumbrada a luchar por este santuario ecológico", le dice Merçon a BBC Brasil. "Muchos eligieron vivir ahí". Y ahora son testigos de cómo la esa fauna se está desvaneciendo.
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Image caption La marea de barro –en total 55 millones de metros cúbico y desechos de mineral de hierro- los tomó por sorpresa. "Intentaron ayudar de alguna forma", cuenta el fotógrafo. Pero la mancha se ha extendido por 10 km de playa.
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Image caption Acompañado por dos colegas del Instituto Últimos Refugios, una organización ambiental sin fines de lucro, Merçon hizo un seguimiento de las consecuencias del derrame por distintas ciudades: Governador Valadares , Flush , Pena Advisor , Aimorés, Baixo Guandu. (Algunas de estas aves ya han sido encontradas muertas)
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Image caption En Governador Valadares, la ciudad más grande de la región, pasaron una semana sin agua potable. “Allí nos dimos cuenta que todo era peor de lo que nos imaginábamos”.
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Image caption “Comenzamos a ver miles de peces muertos, camarones y caracoles que salían del agua a morir quemados en las piedras".
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Image caption "Vimos peces muertos de 10 kilos y a los residentes desesperados por salvar todo lo que podían para el consumo", cuenta el fotógrafo
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Image caption Pero para Merçon, lo más triste fue hablar con las personas cuyas vidas han cambiado completamente por el desastre. En Aimorés, recuerda los gritos de un pescador. Se llamaba Benilde y lloraba cuando recogía los peces muertos, el sustento de la familia.

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