¿Es justo castigar a los presos con comida horrible?

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Las cárceles de Nueva York anunciaron que van a abolir una práctica que no deja de ser controversial: alimentar a los internos con un tipo de comida conocido como "nutraloaf" o "pan de reos".

Se trata de un bloque de comida mezclada y a menudo horneada que se sirve en algunas de las cárceles de Estados Unidos como castigo por mala conducta.

No hay una receta genérica.

La versión de la prisión estatal de Nueva York que va a ser descontinuada consiste en harina, leche, levadura, azúcar, sal, margarina, papas y zanahorias.

La del condado de Los Ángeles contiene carne molida, pavo o proteína vegetal, col, zanahorias, papas, jugo de tomate, harina, cebolla, frijoles, chile en polvo y huevo, mientras que la receta de las cárceles estatales de Pensilvania incluye arroz y avena.

"Básicamente, son una conglomeración de todo lo que comerías en un día. Puede ser un cóctel de frutas, avena, salsa de tomate, atún... todo en el mismo bloque", le explica a la BBC Laurie Maurino, presidente de la Asociación de Afiliados de Servicio de Comida a Correccionales (ACFSA, por sus siglas en inglés).

"Son comestibles, pero creo que lo que enloquece a los internos es que pueden llegar a recibir la misma comida todos los días durante semanas. El problema es la monotonía", opina.

Frecuentemente, los bloques son aún menos apetitosos pues están empacados en bolsas.

"Absolutamente detestable"

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Image caption Si no se comportan, los internos corren el riesgo de perder hasta por un mes comidas "decentes", como ésta.

Nadie sabe exactamente cuántas instituciones usan el pan de reos, pero Benson Li, expresidente de ACFSA, estima que unas 100 de las 4.500 cárceles en EE.UU.

La Agencia Federal de Prisiones asegura que nunca ha usado nutraloaf en sus instalaciones, así que ese tipo de alimentos se encuentra ya sea en instituciones administradas por los estados o en cárceles municipales o de condados.

"Cada estado tiene su propia legislatura así que algunas prisiones ofrecen nutraloaf como una medida disciplinaria, por ejemplo si los reos irrespetan a la policía de seguridad. Pero en los últimos años, la mayoría lo están usando menos, pues les parece menos útil, y cruel", señala Li.

La decisión de darle a un preso nutraloaf en vez de la comida normal de la cárcel debe ser aprobada por quien esté a cargo, explica. Típicamente, se sirve a diario por hasta 30 días.

La idea es hacer que los reos se den cuenta de que tienen algo que perder -comida decente-, así que el pan de reos actúa como un disuasivo para prevenir mala conducta.

"La mayoría de los legisladores regulan los ingredientes con los que se hacen para asegurarse de que cumplen con los estándares nutritivos requeridos. Normalmente proveen de 2.100 a 2.200 calorías al día, y son altos en proteína. Yo los he probado y, si están bien hechos, saben a pastel de carne", dice Li.

No obstante, no todo el mundo concuerda. El pan de reos ha sido descrito como repugnante, "absolutamente detestable" y "como masticar tiza".

También ha sido la causa de demandas legales en varios estados, con los presos alegando que la comida punitiva es tan asquerosa que es inconstitucional.

¿Tiene caso?

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Image caption Los prisioneros tienen derecho a una alimentación nutritiva.

David Fathi, director de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles Proyecto Prisión, cree que a nadie lo deben privar de comida como castigo pues la comida es una necesidad humana básica, pero dice que el pan de reos "constitucionalmente es un área gris".

"Hay cosas claras -a los prisioneros tienen que darles una dieta nutricionalmente adecuada- pero no puede ser tan desagradable que ninguna persona razonable se la comería, perdería peso y tendría problemas de salud. En ese caso habría un recurso de inconstitucionalidad válido".

Fathi cita un caso de 1978 de la Corte Suprema, en el que un grupo de reos de Arkansas tuvieron éxito con una demanda por "grue", una versión anterior del nutraloaf que era una mezcla de carne, papas, sirope, vegetales, huevos y margarina, horneada hasta endurecer.

Fue abolida bajo la Octava Enmienda, que prohíbe castigos crueles e inusuales.

"Cuando los tribunales han permitido el uso del bloque ha sido cuando la conducta indebida del prisionero estuvo relacionada directamente con la comida, tirándola o no retornado la bandeja", explica Fathi.

Argumenta además que interferir con la dieta de los internos los puede hacer más necios, por lo que no tiene sentido.

A pan y agua

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Image caption La comida no es exquisita pero ya no es tan terrible como solía ser.

La Asociación Correccional Americana (ACA), que establece las mejores prácticas para la industria, no aconseja el uso de comida como medida disciplinaria.

Sin embargo, Heather Ann Thompson, historiadora de encarcelación masiva de la Universidad de Michigan, señala que la práctica tiene una larga historia en EE.UU.

"Ha ido desde la falta de cuidado por la calidad de la comida -sin suficiente contenido calorífico o podrida o mal preservada- hasta dietas restringidas, como pan y agua en el siglo XIX y principios del XX".

"No fue sino hasta los años 60 que empezó a cambiar".

El pan de reos, no obstante, fue en contra de este cambio, pues era hecho "tan asqueroso y desagradable como fuera posible", asegura.

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Image caption Estar a pan y agua era posible hasta el siglo pasado.

El estado de Nueva York lo va a reemplazar con "una comida alternativa -nutritiva, con las calorías suficientes y agradable al paladar- compuesta de alimentos normales que se le pueda entregar de manera segura a y comida por los internos", indica el sitio web del Departamento de Servicios Correccionales del estado de Nueva York.

Un almuerzo "que consiste de fruta, queso, carnes frías, pan para sándwich y ensalada de col cumpliría con los requisitos", añade.

Habla también de que las comidas especiales sólo pueden ser usadas cuando un preso que está en régimen de aislamiento tira la comida, comete actos antihigiénicos "como escupirle a los empleados o a otros internos, o tirar heces u orina", o se rehúsa a obedecer una orden directa durante la hora de la comida.

El nuevo menú dista de ser gastronomía exquisita, pero Fathi dice que es un paso en la dirección correcta y es otro signo de que las cárceles estadounidenses están dándole la espalda a "prácticas arcaicas".

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