Sobreviviente del ataque en Estambul: "Había sangre por todas partes. Las madres cubrían los ojos de sus hijos"

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Image caption En el ataque llevado a cabo el martes por un suicida de Estado Islámico en la plaza Sultán Ahmet de Estambul fallecieron al menos 10 personas y las recordaron con un homenaje este jueves. Foto genérica.

Nazlican es consciente de que sigue viva por casualidad.

"Es lo que me dije a mí misma por primera vez cuando perdí a algunos de mis amigos más cercanos en Suruc", dice a la BBC esta turca de 21 años.

Es una sobreviviente del ataque que tuvo lugar el martes en Estambul, Turquía, y en el que fallecieron al menos 10 personas.

Pero la joven se refiere a otro atentado, al que tuvo lugar en Suruc.

En esa ciudad del sureste de Turquía, cercana a la frontera siria, otro ataque con bomba causó la muerte de 30 personas e hirió a unas 100 en julio del año pasado.

"Y me lo volví a recordar cuando escuché a la hermana de una víctima del ataque con bomba ocurrido en octubre en Ankara hablar del alivio que había sentido su familia al recuperar los pedazos del cuerpo de su hermano", recuerda.

En aquél fallecieron al menos 97 personas.

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Image caption En el ataque de Suruc, ocurrido en julio del año pasado, fallecieron 34 personas.

El pasado martes, cuando un atacante suicida de origen sirio accionó los explosivos hacia las 10:00 de la mañana hora local en una zona céntrica y turística de Estambul, Nazlican estaba allí.

"Me salvé por un pelo", reconoce la joven al servicio turco de la BBC.

"Solo he perdido parcialmente la audición", explica.

"Y los médicos no saben si va a ser permanente".

"Sonido familiar"

Fue una cita de trabajo la que la llevó al peor lugar en el peor momento.

"Había llegado un poco antes, así que me senté en un banco a hacer tiempo", recuerda.

Cuando revisó el reloj y vio que era hora de irse, escuchó un tremendo estruendo.

Era un sonido que se le hizo familiar, que le recordó a su niñez.

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Image caption El del martes no fue el primer atentado que le tocó de cerca a Nazlican.

"Cuando éramos niños y salíamos a jugar juntos, siempre alguien lanzaba un petardo para asustarnos", cuenta.

Pero nada más lejos de la realidad. Aquel estallido no fue ningún juego, sino un ataque que se cobraría la vida de al menos 10 personas, entre ellas ocho turistas alemanes.

"Se siente extraño asociar dos eventos tan distintos al mismo sonido", se lamenta.

Pero después del sonido, que aún no identificaba con un ataque suicida, vio "una enorme bola de fuego" venir directamente hacia ella.

"La explosión hizo temblar el suelo y me caí", narra.

"Había sangre por todas partes, y un olor nauseabundo", explica.

"Revisé mi cuerpo para ver si alguna de mis extremidades había desaparecido", añade.

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Image caption En el atentado de Ankara de octubre del año pasado fallecieron al menos 97 personas.

Fue al recuperar la conciencia cuando se percató de la dimensión de la situación.

"Me di cuenta de que había estado en medio de un ataque con bomba".

Y lo que vio se le hizo también familiar.

"Recuerdo haber visto ojos llenos de miedo alrededor", relata.

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Image caption Reconoce que se salvó del ataque del martes en Estambul "por un pelo".

"Se escuchaban gritos, lloros, a gente diciendo que fue un atacante suicida", añade.

"Algunas mujeres corrían, y las madres cubrían los ojos de sus hijos con sus manos".

La escena se parecía a una que vivió 13 años atrás, en 2003.

En noviembre de aquel año, cuando dos coches bomba estallaron a las puertas de sendas sinagogas en el centro de Estambul causando 20 muertos y más de 300 heridos, ella apenas había cumplido los 9 años.

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Image caption Cuando dos coches bomba estallaron a las puertas de sinagogas en Estambul en 2003, Nazlican tenía 9 años.

"Estaba con mi madre en aquel momento, así como los niños de la plaza del Sultán Ahmet (este martes)", hace memoria.

"Recuerdo que mi madre me llevó lejos de la misma manera, tapándome los ojos".

Resignación

El pasado martes esperó, en medio del charco de sangre, que alguien llegara a ayudarla.

E inevitablemente, pensó en el pasado.

"Desde que perdí a mis amigos en Suruc siento que me falta una parte de mí. Así que si hubiera muerto (en el ataque del martes), ¿cómo lidiarían mis seres queridos con mi ausencia?", se pregunta.

Pero en la plaza del Sultán Ahmet alguien vino hasta ella y la agarró de la mano.

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Image caption "Las masacres nunca deberían olvidarse", dice la sobreviviente.

"Recuerdo que me dijo que Dios me salvó para mi familia y que iba a estar bien", recuerda.

"Empecé a llorar, y él también", relata.

"Dios salvó mi vida, pero no dejo de preguntarme por qué no salvó la de los demás".

Por ello, insiste en que "las masacres nunca deberían olvidarse".

"Pero sé que se olvidarán. A menos que nos ocurran a nosotros no las recordaremos, ni compartiremos el dolor de los demás", dice con resignación.

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