¿Debería Estados Unidos cambiar la manera en la que elige a sus presidentes?

Votante asustada frente a Donald Trump Derechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Las elecciones presidenciales en Estados Unidos son un proceso largo, que puede alcanzar hasta dos años, y extravagante.

¿Hay algún espectáculo democrático más grande que las elecciones presidenciales en Estados Unidos?

Las de India son más pintorescas. Elefantes transportan las máquinas electrónicas de votación a las laderas de los Himalayas y hay una exhibición de pirotécnicos al momento de la victoria.

Las votaciones en Afganistán, donde las mujeres forman colas en los puestos de votación vistiendo burkas celestes mientras unos militares oscurecen el panorama con sus armas y amenazas, son más épicas.

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Image caption Así lucen los candidatos del partido satírico de los Monstruos Locos y Delirantes en Inglaterra.

Las británicas, con la participación del "Partido Oficial de los Monstruos Locos y Delirantes" (Monster Raving Loonies), con sus candidatos vestidos como pollos, compiten por el premio a la bufonada.

Pero en la línea del entretenimiento, es difícil vencer al "Camino a la Casa Blanca", que zigzaguea entre los campos de maíz de Iowa, la nieve de New Hampshire y tantos otros que uno se vuelve indiferenciable del otro.

Puede decirse con seguridad que ningún otro país puede competir con estas populares elecciones.

Mucho drama

Como muchos buenos dramas, se desarrolla por episodios: el caucus de Iowa, las primarias de New Hampshire, el Supermartes, las convenciones, los debates presidenciales y después, finalmente, el desenlace de la noche de las elecciones.

Como toda buena novela, puede producir finales de infarto, como en 2008, cuando Barack Obama estaba empatado con Hillary Clinton.

Y como toda buena pieza, reúne a un reparto irresistible. Algunos personajes, como el telegénico Marco Rubio, se sienten como si hubieran caído directamente en la lista de protagonistas.

Otros, como Donald Trump, se roban la escena. Y algunos, como Ben Carson, lucen como si se hubieran tropezado y hubieran acabado en el montaje equivocado. Y están esas deliciosas apariciones de actores invitados, como Sarah Palin.

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Image caption ¿Es Donald Trump un profesional en robarse escenas?
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Image caption El candidato republicano Ben Carson ha vivido numerosos altibajos en su campaña.

Las elecciones presidenciales son un éxito de taquilla. Solo basta preguntar a los canales de noticias.

Estos registran récords de audiencia durante los debates presidenciales, que generalmente van acompañados de una música de ritmo marcial, que no quedaría mal como soundtrack de Top Gun.

En Facebook, las elecciones fueron el tema del que más se habló en el 2015.

El problema es que el show democrático más grande de la tierra también gana como el más extravagante.

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Image caption La ex gobernadora republicana de Alaska, Sarah Palin, ha dado su apoyo a Donald Trump.

Para los espectadores internacionales, puede parecer una farsa de largo aliento, protagonizada por personajes caricaturescos, que funciona como entretenimiento, pero que es una publicidad pobre para la democracia estadounidense.

Las elecciones presidenciales satisfacen fácilmente los requerimientos de drama. ¿Pero satisfacen las necesidades de una sana democracia?

Paradojas geográficas

Independientemente del reparto, el proceso en sí mismo es fácil de satirizar.

La carrera comienza en Iowa y New Hampshire, dos estados relativamente pequeños que terminan teniendo un impacto desproporcionado en el resultado final.

Hay que decir que los votantes en Iowa y en New Hampshire se toman muy seriamente sus responsabilidades cívicas y estudian muy de cerca a cada uno de los candidatos presidenciales.

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Image caption Hillary Clinton y Barack Obama estaban empatados en las elecciones del 2008.

Pero el 94% de la población de ambos estados es de raza blanca, comparada con la proporción nacional del 77%, y difícilmente podría ser descrita como étnicamente representativa del país. Es más bien al contrario.

Además de estas peculiaridades geográficas, está la duración de la contienda.

¿Dos años en campaña?

Las campañas de hoy en día se han convertido en maratones de hasta dos años.

Ted Cruz, el primero en anunciar su candidatura, lo hizo el 23 de marzo de 2015.

Debido a que las campañas se han vuelto más largas, el dinero se ha vuelto incluso más importante.

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Image caption El candidato republicano Ted Cruz viene haciendo campaña hace casi un año.

Solo basta decir que las elecciones presidenciales de 2012 costaron la cifra record de US$2.000 millones y las de este año podrían llegar a US$5.000 millones.

Este dinero proviene en su mayoría de los Super-Pacs (comités de acción política), que pueden reunir fondos ilimitados.

En las elecciones generales propiamente dichas, están los caprichos del Colegio Electoral.

Este sistema enfocado en los estados ha producido presidentes que no ganaron el voto popular a nivel nacional, en 1876, 1888 y 2000, cuando Al Gore registró 543.895 más votos que el ganador, George W. Bush.

El tiempo no alcanza

No es la única debilidad del Colegio Electoral. Debido a que más de 40 estados son en su mayoría republicanos o demócratas, las campañas presidenciales se concentran en un pequeño número de estados indecisos, como Ohio o Florida.

Image caption En muchos estados deben hacerse largas colas para votar.

Mientras tanto, ignoran algunos de los estados más populosos como California (demócrata), Nueva York (demócrata) y Texas (republicano). Esto tiene un efecto distorsionador en la política.

También podrían escribirse largos libros sobre los obstáculos para los votantes.

Estos se presentan como complicaciones para registrarse, las leyes sobre las fotos de los documentos de identidad o la mala administración de los centros electorales.

La falta de fondos para las elecciones, especialmente en áreas urbanas pobladas por minorías, a menudo causa que se formen largas colas, lo que impide que los votantes puedan depositar sus boletas antes de que cierre el proceso.

El acto de votar no es uniforme en el país, ni siquiera dentro de los mismos estados.

Esto explica en parte la confusión ante las tristemente célebres "boletas mariposa", cuyo diseño confundió a electores de la tercera edad en Florida en 2000. Habían sido diseñadas por funcionarios locales.

Espectáculo caótico

Cubrir este espectáculo caótico es siempre un placer culposo y aunque empecemos con el noble propósito de explorar los problemas de fondo y no dejarnos llevar por la obsesión de los titulares del día, es difícil, si no imposible, resistir.

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Image caption El demócrata Mario Cuomo, exgobernador de Nueva York, postuló a la Casa Blanca pese a que las probabilidades estaban en su contra.

Esto explica por qué en 2015 las cadenas de noticias de Estados Unidos dedicaron 327 minutos a Donald Trump pero solo 57 a Jeb Bush, 57 a Ben Carson, 22 a Marco Rubio y 21 a Ted Cruz.

Es una historia dominada por personajes más que por políticas.

Entonces, terminamos produciendo periodismo de "carrera de caballos" con comentarios obsesionados con los resultados de las encuestas. Encima, las redes sociales han exacerbado nuestras peores tendencias.

Somos parte de un proceso en el que las frases polémicas se publican como declaraciones políticas y en el que los eslóganes se vuelven sustitutos de manifiestos moderados. Y yo soy culpable.

No sorprende por esto que el proceso resulte tan excluyente para tantos candidatos calificados. Colin Powell es un ejemplo en el lado republicano y Mario Cuomo, ex gobernador de Nueva York, del lado demócrata.

Tampoco sorprende que tantos políticos simplemente no puedan reunir suficiente dinero para hacer viable su campaña.

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Image caption El republicano Collin Powell fue otro de los candidatos calificados que no recibieron mucho apoyo en las contiendas electorales.

Ni que la participación de votantes sea tan baja. En 2012, acudió a votar el 53.6% de los ciudadanos hábiles. Desde 1968, nunca ha votado más del 60%.

De los 34 países que integran la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), Estados Unidos ocupa el puesto 31 en participación de los votantes.

Tal vez las cifras sin precedentes de este año se traduzcan en una mayor participación de los votantes.

Pero hasta el momento, las elecciones del 2016 se sienten como uno de esos sondeos de opinión de internet espontáneos para decidir quién debería permanecer en la isla, en vez de quién debería convertirse en la persona más poderosa del planeta.

Se trata de un proceso con exceso de teatralidad, dramatismo, pero con falta de raciocinio.

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