El secreto de la porcelana que le salvó la vida a un alquimista estafador

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Image caption Marco Polo zarpando de Venecia. A su regreso traería algo que despertaría amor en Europa.

El romance empezó cuando Marco Polo regresó del Lejano Oriente, en el siglo XIII.

Entre los brocados de seda, las especias y frascos que contenían aromas exóticos, traía una pequeña jarra verdosa.

El celebrado viajero y comerciante la llamó porcellana, que era como se le llamaba en italiano a los caracoles Cypraeidae o cauries, por el parecido de sus extremadamente lisas y brillantes conchas con el material.

Europa se enamoró irremediablemente de la porcelana.

Y es que ningún otro tipo de arcilla produce objetos más finos, ni posee tal luminosidad, siendo al mismo tiempo increíblemente fuerte.

Todo esto sucedió siglos antes de que nuestro personaje entrara en escena, o más bien en el calabozo en el que lo encerraron por razones que aún no tenían nada que ver con eso.

Y de que se pusiera a investigar cómo se hacía tan fabuloso material, pues de tener éxito, ganaría su libertad.

La obsesión

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Image caption Jingdezhen fue donde la porcelana nació y sigue siendo la capital mundial de la porcelana.

Durante todo ese intervalo, desde que europeos se obsesionaron con la porcelana hasta que descubrieron cómo hacerla, los preciados objetos tenían que atravesar el continente asiático o el mar para llegar a los hogares de los aristócratas europeos.

No tenía sentido: fabricarlos más cerca de casa, sería más sencillo y barato. Además, no se romperían tantos en el camino.

Pero la única que sabía cómo producir esa maravilla era China. Y China no tenía ninguna razón ni intención de revelar su secreto.

Como relata Edmund de Waal en su libro "El camino blanco", a falta de conocimiento, buenos son los mitos y teorías.

El mismo Marco Polo conjeturó que "las vajillas están hechas con una tierra migajosa o arcilla que excavaban como si fuera de una mina y amontonan en grandes cantidades. Luego la dejan por 30 o 40 años expuesta al viento, la lluvia y el Sol".

Al cabo de ese tiempo, escribió, "la tierra está tan refinada que las vajillas que se hacen con ella son de un color azul muy brillante".

Un relato de 1550 señala que "la porcelana está hecha de un tipo de jugo que se fusiona bajo tierra".

Y en 1557, voló la imaginación: "Muelen cáscaras de huevo y las conchas de pescado umbilical hasta que se vuelven un polvo que después lo mezclan con agua y moldean las vasijas. Las esconden luego bajo tierra. Cien años más tarde, las sacan y las ponen a la venta".

La enfermedad del rey

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Image caption Augusto fue Elector de Sajonia, Rey de Polonia y Gran Duque de Lituania.

140 años después de esta última teoría, Augusto II de Polonia fue coronado, y se convirtió al catolicismo para regir también a Lituania.

Le llamaban Augusto el Fuerte pero tenía una debilidad, que él denominaba "la enfermedad de la porcelana".

En una carta escribió que "una vez uno se enferma, nunca puede tener demasiadas y desea tener más y más".

El rey también mantenía cautivo a un joven, Johann Friedrick Böttger, quien -según su biógrafo- era "negligente, olvidadizo y descuidado con el dinero". Además, "tenía mala salud" y "conducta infantil".

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Image caption El arcano de la porcelana se consideraba imposible de descubrir... y esa era la misión de Böttger.

Böttger se dedicaba a hacer espectáculos de magia pero en algún momento empezó a decir que era alquimista, le contó a BBC Mundo Sam Kean, autor de libros de divulgación científica como "La cuchara menguante" y "El pulgar del violinista".

Aseguraba que podía convertir el plomo en oro, lo que era muy efectivo para atraer a la multitud, pero una hazaña imposible, por lo que pronto terminó en problemas con el rey.

"Por estafador lo metió en el calabozo y básicamente le dijo: 'No saldrás de aquí hasta que no produzcas oro'".

"Decidió que la única manera de salvarse era diciendo que era capaz de hacer porcelana, lo que en esa época no era mucho más creíble; la porcelana era como una sustancia mágica que se originaba en China", cuenta Kean.

"Como un narciso"

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Image caption Tschirnhaus es, para muchos, el verdadero héroe de la historia.

Afortunadamente para Böttger, alguien más en el reino había estado en pos del secreto durante dos décadas. Y no era cualquiera: se trataba de un talentoso matemático, físico, médico y filósofo llamado Ehrenfried Walther von Tschirnhaus.

A Tschirnhaus le encargaron supervisar a Böttger y los dos trabajaron juntos durante unos cinco años.

Finalmente, lograron cumplir el centenario sueño: develar el secreto de la porcelana.

"Tuvieron que mezclar una arcilla conocida como caolín o arcilla de China con alabastro calcinado y feldespato. Al cocer la mezcla a altas temperaturas lograron producir una porcelana y la fueron perfeccionando", dice Kean.

Desafortunadamente, apenas produjeron su primera pieza de porcelana sólida -una jarra descrita como "medio translúcida y blanca como la leche, como un narciso"- Tschirnhaus se murió.

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Image caption Juego de té creado en 1722 por Meissen.

El monarca, por su parte, no sólo logró tener en sus manos la fórmula para hacer ese oro blanco de China, sino también la posibilidad de comportarse como los chinos.

La porcelana se vendía al precio del oro y la plata así que "se dio cuenta de que se podía hacer muy rico si guardaba el secreto", cuenta Kean.

En el castillo

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Image caption El castillo de Albrechtsburg fue el lugar en el que se empezó a producir porcelana europea.

Augusto el Fuerte murió en 1733 dejando a nueve hijos de seis diferentes mujeres, el reino en ruina financiera y una colección de 35.798 piezas de porcelana.

Para entonces, la fábrica de la altamente preciada porcelana Meissen había estado en producción durante 23 años, en el castillo de Albrechtsburg, considerado propicio para proteger el arcano.

No obstante, el secreto había llegado a Viena, que había estado manufacturando porcelana por más de una década.

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Image caption Aunque su estatua está en Meissen, no todos valoran la contribución de Böttger de igual manera.

En cualquier caso, Meissen -que desde la unificación de Alemania le pertenece al Estado Libre de Sajonia- nunca perdió su estatus y las piezas que llevan su marca no se desvaloran.

Respecto a Böttger, presidió la fábrica hasta su muerte, en 1719.

Pero ni muerto dejó de ser polémico: hay quienes todavía lo acreditan con haber sido el primer europeo en descubrir el secreto de la porcelana, pero otros denuncian que el honor realmente le corresponde a Tschirnhaus.

"De cualquier manera", señala Kean, "la historia de la porcelana europea gira en torno de un estafador".