La fantástica carrera de Lionel Messi, sus primeros 500 goles y la abuela Celia

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Image caption Messi rompe con la sequía de goles y logra un récord en su carrera.

Van 45 minutos del segundo tiempo. Messi recupera el balón en el medio y lo pasa rápido. Ronaldinho se lo devuelve por arriba y deja a Lionel sólo frente al arco. Pasan dos segundos de suspenso. Y sucede.

El muchachito de menos de 18 años al que de niño le dijeron que tal vez nunca podría crecer marcaba su primer gol como jugador profesional.

Fue el 1 de mayo de 2005. Aquel día el Barcelona ganó 2-0 al Albacete en el estadio catalán Camp Nou.

En ese entonces ya se sabía que el argentino era una gran promesa para el fútbol, pero tal vez nadie se imaginó que en menos de 11 años alcanzaría la escalofriante cifra de 500 goles oficiales.

Récord que alcanzó este domingo con el tanto marcado en la derrota del Barcelona frente al Valencia,en el Camp Nou.

Como tantas otras veces en estos años, Messi apuntó al cielo con las dos manos.

Le dedicó el gol 500, al igual que los 499 anteriores, a la misma persona: a la abuela Celia.

Ella fue su primera fan. La mujer que en su Rosario natal le dijo que sería el mejor de todos mucho antes de que tenga que cruzar el Atlántico.

La que lo llevaba de la mano a los campitos para jugar a la pelota, pero que no le alcanzó la vida para verlo meter ese primer gol de mayo de 2005.

De Ronaldinho a Messi

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Image caption Ronaldinho hizo todo lo que pudo para que Messi convierta su primer gol como futbolista profesional.

El Barcelona en el que Messi se abría paso en sus primeros años tenía el cuadro que ganó casi todo con Ronaldinho como estandarte.

El ídolo brasileño era el dueño absoluto del equipo e indiscutiblemente era el mejor jugador del mundo en aquellos años.

Sin embargo, fue Dinho el que buscó a Messi varias veces en ese partido contra el Albacete para que el argentino marcara su primer gol.

"Yo lo estaba buscando. Quería que hiciera el gol y todo le saliera bien desde un principio. Fue un momento muy especial", recordó Ronaldinho hace algunos años.

Era como si el crack de la enorme sonrisa al que le gustaba la samba intentase pasarle la posta al chico de Rosario que tuvo que cruzar el océano para superar su deficiencia hormonal y cumplir su sueño de ser futbolista.

Y eso fue precisamente lo que pasó.

Desde entonces Messi tuvo cada vez más minutos de juego en el Barcelona y marcaba goles de vez en cuando.

Y comenzaron a llegar las actuaciones memorables.

Tan inolvidables como la aquella tarde de febrero de 2006 frente al Chelsea en Stamdford Bridge, cuando el argentino enloqueció tanto al tacaño y rudo equipo de José Mourinho que sólo lo pudieron parar lastimándolo.

En aquel partido de Champions League, el español Asier del Horno saludó a Lionel con una patada que casi lo dejó sin rodilla y, después, en la impotencia total, buscó volver a lastimarlo luego de la enésima humillación.

Durante todo ese partido Messi partía por derecha y quebraba hacia el centro aprovechando su cualidad de zurdo jugador y su velocidad con el balón.

En el Chelsea de aquel entonces también jugaban John Terry, Ricardo Carvalho Claude Makélélé, Frank Lampard y Arjen Robben, entre otros.

Ninguno le pudo tomar el pulso.

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Image caption Contra el Chelsea en 2006, Messi forzó la expulsión de un jugador y enloqueció a toda la defensa del equipo inglés.

El Barcelona teminaría coronándose en esa Champions League (2005-2006), mientras Del Horno se quedaría sin jugar el mundial 2006 al lesionarse días antes del debut de España en Alemania.

Arrancar desde la derecha y sorprender con un regate hacie el medio fue la marca registrada del puntero argentino en ese Barcelona que transitaba de la dirección técnica de Frank Rijkaard a la de Pep Guardiola.

La era Guardiola

Con Guardiola en el banquillo del Barcelona y ya sin Ronaldinho en el club, Messi pasó a jugar con la camiseta 10 y fue llamado para ser la figura de la nueva versión del equipo catalán.

El memorable exjugador culé reconvertido en entrenador logró sintonizar a su equipo con el estilo de juego de Lionel, quien ya era considerado un crack mundial.

El resultado es lo que muchos expertos en fútbol consideran uno de los mejores equipos de todos los tiempos, sino el mejor.

El Barcelona de Pep y Messi sí ganó todo en un 2009 deslumbrante.

Se llevó la Liga de España, la Copa del Rey, la Champions League, la Supercopa de Europa y cerró el mejor año en la historia del club triunfando en el Mundial de Clubes jugado en Emiratos Árabes Unidos.

Messi fue la figura y ese año fue reconocido como el mejor futbolista del mundo por la FIFA por primera vez.

Así arrancaba su dinastia como el mejor de todos.

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Image caption En la temporada 2008-2009, el Barcelona obtuvo el triplete: Liga de España, Copa del Rey y Champions League.

En los cuatro años que Guardiola y Messi compartieron en el equipo culé, los blaugrana ganaron 14 de 19 títulos posibles.

El coro de la dupla no podía ser más brillante, con intérpretes magistrales como Xavi o Iniesta y caciques como Carles Puyol, entre varios otros jugadores de una generación fantástica del equipo catalán.

El saldo fue: tres ligas españolas, dos Champions League, dos mundiales de clubes, dos supercopas de Europa, tres supercopas de España y dos copas del Rey.

En ese tiempo Messi metió goles de casi todas las formas posibles.

Fue el primer jugador del Barcelona en anotar dos tripletes seguidos y el primero en marcar cuatro goles en un solo partido de Champions.

A modo de cierre de ese ciclo, Messi no tuvo piedad con el equipo alemán Bayer Leverkusen, al que le marcó la despiadada cifra de cinco goles en marzo de 2012.

Vestido de albiceleste

De los 500 goles anotados por Messi, 50 fueron marcados con la selección argentina.

El 10% de sus tantos puede sonar a poco, pero con esa cantidad Messi se encuentra a sólo cuatro anotaciones de alcanzar al máximo goleador de la Albiceleste: el legendario delantero Gabriel Batistuta.

A pesar de ser el máximo artillero activo del combinado nacional argentino, es innegable que la relación de Messi con su país natal es un amalgama de encuentros y desencuentros.

Hay una parte de la prensa especializada porteña y de la afición que todavía le reclama a Messi por no ganar nada aún con su selección mayor.

El rosarino perdió tres finales de copas América y el partido decisivo del mundial de Brasil frente a Alemania.

Y también es cierto que en ninguno de esos encuentros Messi jugó bien.

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Image caption La Argentina perdió la final del mundial de Brasil en los últimos minutos frente a Alemania.

Cada final perdida significó una ola de rumores sobre supuestas renuncias del 10 argentino a su selección y comentarios malintencionados respecto a una aparente falta de amor a la camiseta albiceleste.

Sin embargo, hasta el día de hoy Messi no ha faltado a ninguna de las convocatorias.

Pareciera que muchos olvidan que el rosarino eligió jugar en la selección argentina pese a que España ya lo tentaba desde la adolescencia, tal como lo confesó el entrenador español Vicente del Bosque.

"Hubo un intento, pero él y su familia decidieron representar a la Argentina. Messi se mantuvo firme en esa determinación", confesó del Bosque en una entrevista al diario británico The Guardian.

Las críticas

Con la albiceleste, Messi jugó los mundiales de Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014 con rendimiento ascendente y liderazgo cada vez más marcado, pero nunca se acercó a la figura que es con el Barcelona.

Frente a los alemanes en el Maracaná no pudo marcar la diferencia ni llevar a su equipo a la gloria.

En varios pasajes de ese partido se vio su peor versión como fultbolista.

La del muchacho caprichoso que se desentiende del partido cuando su equipo no juega para él.

Acostumbrado al coro blaugrana que lo consciente en el Camp Nou, cuando Argentina no termina de comprender sus ritmos, muchas veces Messi se fastidia en lugar de rebelarse.

Escena que se repitió en las últimas semanas en el Barcelona también, con una sequía de goles que recién se pudo romper con el gol 500.

Tal vez por eso lo cuestionan tanto en Argentina.

Desde que supieron de su existencia, a los argentinos les fue imposible no compararlo con Diego Maradona, quien sabía apelar a sus dotes de gran caudillo cuando el talento no le alcanzaba para sacar a sus equipos menos brillantes de las peores adversidades.

En algo tienen razón sus críticos, el Pelusa llevaba a la victoria a equipos normales o disminuidos, como el Nápoli o la Argentina del mundial 1990.

En cambio, a Lionel siempre lo acompañó una tropa fantástica.

En Barcelona ahora son Neymar, Iniesta y Luis Suárez mientras que en Argentina están Mascherano, Kun Agüero o Di María, por citar sólo algunos nombres.

Messi no tiene la personalidad de Maradona ni la tendra, pero tal vez si gana el próximo mundial se acaben las comparaciones.

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Image caption Messi cumplirá 29 años en junio.

Llegará a Rusia con 31 años y puede ser su última oportunidad.

Los primeros 500

Lionel Messi cumplirá 29 años el 29 de junio y, aunque todavía su juego no delata el paso del tiempo, ya es un jugador maduro que en un par de años ingresará en la etapa final de su carrera.

Carrera que, si concluyera hoy mismo, ya tendría muy bien ganado su espacio en el olimpo de las leyendas del fútbol mundial.

Con su club ya lo ganó todo y en adelante tal vez lo único que le reste sea romper récords propios y ajenos.

Con eso y su futuro económico por demás asegurado, es probable que alcanzar la gloria con la selección de su país sea su mayor motivación ahora.

Es el único festejo que, por ahora, no le pudo dedicar a la abuela Celia.

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