Thomas Schelling, el economista que ayudó a evitar una guerra nuclear jugando con Kissinger

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Image caption Thomas Schelling recibió el Nobel de Economía en 2004.

Uno de los años más tensos de la historia reciente fue 1961.

A finales de septiembre de ese año Henry Kissinger, quien ocuparía el cargo de secretario de Estado de Estados Unidos entre 1973 y 1977, y otros estrategas estaban reunidos no lejos del Pentágono en Washington D.C. cuando recibieron una llamada desde Berlín, en Alemania.

La Unión Soviética se había anexado parte de la ciudad y las fuerzas estadounidenses habían respondido. Era un momento de máxima tensión.

Si los estadounidenses se retiraban, perderían Berlín occidental. Si los soviéticos lo hacían, demostrarían debilidad y darían la impresión de que sus ataques podían desbaratarse fácilmente.

Durante las siguientes 48 horas Kissinger y sus colaboradores no durmieron. Con cada llamada la situación empeoraba; la tensión escalaba a ritmo acelerado.

Pero había una luz de esperanza: la llamada en realidad no venía de Berlín, sino de la habitación contigua.

Se trataba de un juego de guerra, un ejercicio ideado por uno de los estrategas más influyentes del siglo XX, Thomas Schelling.

Teoría de Juegos

Image caption Henry Kissinger se convertiría en el secretario de Estado de Richard Nixon en 1973.

Para entender cómo un economista terminó haciendo jugar un juego de guerra a Henry Kissinger hay que retroceder un par de décadas en el tiempo, hasta la Segunda Guerra Mundial.

Muchos de los intelectuales de esa época estaban lidiando con problemas militares: desde desarrollar códigos para computadoras hasta la bomba atómica.

Uno de los más destacados fue un matemático llamado John von Neumann, el padre de la Teoría de Juegos.

Von Neumann se concentró en las interacciones estratégicas de los seres humanos: si yo tengo un interés y tú tienes otro, cómo me afecta lo que haces y cómo te afecta a ti lo que yo hago.

Lo que hizo fue tomar esos problemas de estrategia y volverlos un objeto matemático. En el fondo, les asignó números para obtener respuestas.

Era una época en la que los dos bloques enfrentados en la guerra estaban desarrollando armas nucleares. Y claramente nadie quería saber cómo se pelea una guerra nuclear practicándola.

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Image caption Antes de Schelling, la Teoría de Juegos se había centrado en la disuación nuclear.

Sentarse a pensar ampliamente cómo hacerlo y resolverlo usando la lógica era la mejor opción.

Planeando la guerra nuclear con vistas al mar

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Von Neumann y otros intelectuales fueron fichados por la Corporación RAND, una especie de centro de estudios y desarrollo científico ideado por las Fuerzas Armadas de EE.UU.

La idea era poner a un grupo de intelectuales a pensar cómo resolver los problemas que podrían enfrentar en la guerra moderna. Básicamente, cómo manejar la posibilidad del Armagedón.

El trabajo era idílico: oficinas frente al mar en California, ambiente de relajado, camisas con flores y gente pidiendo trabajo en traje de baño. Y obteniéndolo, según cuenta un mito urbano.

Pero las doctrinas estratégicas adoptadas por el gobierno de EE.UU. en esa época, altamente influenciadas por las teorías ideadas dentro de esas cuatro paredes, no eran tan idílicas. Eran, más bien, muy preocupantes.

Lo que planteaba Von Neumann era una estrategia de disuasión nuclear. Si los soviéticos ponían un pie fuera más allá de la raya, EE.UU. debía inmediatamente responder con un ataque nuclear.

Obviamente, los soviéticos contratacarían y el mundo se acabaría.

Entonces, si tenían claro que corrían ese riesgo, los soviéticos no se pasarían de la raya.

Tiene sentido. Y tiene mucho que ver con la Teoría de Juegos desarrollada por Von Neumann, que hoy conocemos como "zona cero".

En un juego de zona cero, si yo gano, tú pierdes. Y lo que tú ganas es lo que yo pierdo.

Von Neumann murió en 1957. Apenas unos meses después llegó a RAND Tom Schelling.

Este académico de la costa este de EE.UU., que venía a la costa oeste a pasar un par de meses, era admirador de la Teoría de Juegos. Creía que era una herramienta poderosa, si se usaba de la manera adecuada.

Y esa manera era diferente a la concebida por Von Neumann.

Schelling tenía experiencia en negociación comercial. Había trabajado en el Plan Marshall, que reconstruyó Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Pensaba en la Teoría de Juegos como una instancia donde los participantes tienen un interés común a explorar, un suelo común en el cual pararse.

Y un campo práctico donde podía probarlo era el desarme nuclear.

El teléfono rojo

Schelling planteó que era de interés común limitar los arsenales nucleares, por razones obvias.

La menos obvia de las razones era la estabilidad.

La estrategia de disuasión de Von Neumann planteaba un balance de poder no muy estable. ¿Qué pasa si algo sale mal? ¿Qué pasa si un psicópata se apodera de una bomba nuclear? ¿Qué recursos tienen las superpotencias para evitar el Armagedón si la cadena se dispara?

Había que cambiar el foco. No porque no estuviera dispuesto a pelear una guerra nuclear, sino porque la manera en que estaba planteada no era la más eficiente"

No muchos, según el análisis de Schelling. Y decidió demostrarle al mundo que había que cambiar el foco. No porque no estuviera dispuesto a pelear una guerra nuclear, que lo estaba. Sino porque la manera en que estaba planteada no era la más eficiente.

Y una de las cosas más obvias que faltaba era lo que hoy conocemos como "el teléfono rojo".

Parece difícil de creer pero fue sólo a finales de los años 50 que Washington y Moscú establecieron una línea directa. Y la idea fue de Schelling.

Sin embargo, no fue formalmente establecida hasta la crisis de los misiles con Cuba en 1962. Ya no quedaba duda de que Schelling estaba en lo correcto.

Fue uno de los hitos de su carrera. Todo el mundo comenzó a acercársele para pedirle consejo. Incluso el director de cine Stanley Kubrick, quien le consultó cómo sería una guerra nuclear.

Schelling le dijo que el panorama de ese entonces la hacía improbable. Excelentes noticias para el mundo, pero pésimas para el cine.

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Image caption Seis meses después de que Schelling advirtió que un bombardeo sería inútil, EE.UU. atacó Vietnam del Norte. La operación duró tres años y medio y demostró que Schelling tenía razón.

El mismo año que Kubrick estrenó "Dr. Strangelove", Schelling fue contactado por un representante de Defensa del gobierno de EE.UU., John McNaughton, quien tenía un importante problema que solucionar.

EE.UU. estaba apoyando a Vietnam del Sur contra los rebeldes del vietcong, apoyados por Vietnam del Norte. Estos estaban ganando terreno por el norte y McNaughton quería saber si un bombardeo corto de tres semanas a Vietnam del Norte los detendría.

Schelling le hizo una sola pregunta. Si proceden con la campaña y logran detenerlos, ¿cómo van a saberlo y cuán rápido? McNaughton debió reconocer que tardarían probablemente más de un año en obtener la información.

La respuesta de Schelling fue tajante: entonces no van a lograr lo que se proponen con un bombardeo de tres semanas.

Fue el fin de la conversación.

Seis meses después EE.UU. bombardeó Vietnam del Norte. La operación duró tres años y medio y sus resultados le dieron la razón a Schelling.

De conflictos raciales a dejar el cigarrillo

Schelling no escribió demasiado sobre estrategia militar. Estaba interesado en otros temas, como la segregación racial. Quería saber qué era lo que la provocaba.

Image caption A partir de monedas y un tablero de ajedrez, Schelling desarrolló un modelo para aplicar la Teoría de Juegos a la segregación racial.

Usando monedas y un tablero de ajedrez, Schelling desarrolló lo que hoy llamaríamos un modelo para el cual requeriríamos un complejo sistema computacional.

También utilizó la Teoría de Juegos para solucionar un problema que le avergonzaba: su adicción al tabaco.

Y 30 años antes de que el concepto se pusiera de moda, Schelling escribió sobre cambio climático. Un problema basado en el poder de negociación, según el economista, porque la capacidad de negociar de países ricos versus pobres está tan mal distribuida que costará muchísimo lograr un acuerdo en el tema.

Desafortunadamente, tenía razón.

Hay un dilema en las Ciencias Sociales entre quedarse apegado a la ciencia, es decir, a todo lo que se pueda probar, o imbuirse en los problemas del mundo real"

El año 1991 fue la primera vez que el Nobel de Economía se otorgó a tres economistas de la Teoría de Juegos. Schelling no fue uno de ellos.

Había la sensación entre sus pares de que Schelling no había contribuido lo suficiente a las estructuras formales de esta rama.

Oskar Morgenstern, el economista que cinco décadas antes desarrolló las bases de la teoría con Von Neumann, dijo alguna vez que Schelling nunca había logrado probar un solo teorema matemático en toda su vida.

Y era verdad. Tan verdad como que Morgensten nunca compitió en un juego de guerra contra Henry Kissinger.

Hay un dilema en las Ciencias Sociales entre quedarse apegado a la ciencia, es decir, a todo lo que se pueda probar, o imbuirse en los problemas del mundo real.

La cuestión es que los problemas del mundo real no son fáciles de solucionar: segregación racial, cambio climático, adicciones. Si bien Schelling no los resolvió, logró importantes avances para que algún día lo hagamos.

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Image caption Schelling también aplicó la Teoría de Juegos para dejar de fumar. Y le salió bien.

Lo que sí solucionó fue su adicción al tabaco. Dejó de fumar y a los 84 años, en 2005, cuando nuevamente el Nobel de Economía eligió la Teoría de Juegos, él fue uno de los ganadores.

Pero entre los economistas que seguimos y admiramos a Schelling quedó la sensación de que si hoy muchos de nosotros estamos aquí vivos y el mundo no es una pila de basura radiactiva infectada de cucarachas, quizá es gracias a él. O quizá no.

Porque en las Ciencias Sociales hay preguntas que hacemos que quizá nunca tengan respuesta. Y uno de los que mejor sabe eso es Tom Schelling.

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