La provocación de Jorge Volpi

La unificación de América Latina se producirá en 2110, Hugo Chávez dejará el poder en 2018, Fidel Castro desaparecerá en 2010, Santa Cruz se independizará de Bolivia en 2020 y las drogas se legalizarán en 2070.

Esas son alguna de las predicciones lanzadas por el escritor mexicano Jorge Volpi en su libro "El insomnio de Bolívar", que publicará en México y otros países a partir del 11 de septiembre.

Pero la verdad es que el libro de Volpi poco tiene que ver con la futurología. Es un ensayo sobre América Latina cuando se cumplen 200 años del inicio de las independencias en el continente.

"Yo no soy un profeta ni un politólogo. Se trata más bien de un ejercicio de imaginación polémico que busca despertar la discusión", le dijo Volpi a BBC Mundo, refiriéndose a las predicciones que vienen al final de su libro.

Y vaya que desató controversia entre nuestros lectores, quienes le enviaron una gran cantidad de preguntas sobre el presente y el futuro de América Latina.

Lea la entrevista interactiva, realizada en Ciudad de México.

Sergio Espósito de Madrid, España, pregunta ¿cuál es la causa que explica por qué los países de América Latina son tan propensos, cada tantos años, a tener presidentes autoritarios, populistas, mesiánicos?

El tema central de América Latina es que en estos dos siglos de vida independiente no hemos sido capaces de resolver los principales problemas estructurales de los ciudadanos.

América Latina es la región del mundo donde existe la mayor desigualdad entre los ricos y los pobres. Llevamos una buena cantidad de años donde se han instalado regímenes democráticos, pero en todos los países la desigualdad, en muchas ocasiones, ha aumentado. Éste es el caldo de cultivo esencial. Si se suman instituciones jurídicas poco sólidas, se crean las condiciones para el surgimiento de todo tipo de caudillos que van erosionando la democracia desde dentro.

Alejandro Urías de Culiacán Rosales, México, pregunta si Estados Unidos seguirá manteniendo una posición hegemónica sobre el resto de América Latina.

Estados Unidos sigue asimilando la inmigración latinoamericana pero con frenos muy grandes. Habrá que esperar todavía muchos años para que fenómenos como la unión económica entre Estados Unidos, México y Canadá terminen transformándose en una unidad no sólo de mercancías, sino también de personas, que sería el primer paso hacia la idea de unificación.

En América del Sur se van dando incipientes procesos de unificación, pero en este momento (son) muy complicados dada la rivalidad de varios de los países.

¿Qué hace falta para que el continente avance hacia una integración regional?

Se requiere modificar drásticamente la percepción general de cada una de las sociedades hacia sus vecinos y eso sólo se puede hacer con una política decidida de integración por parte de los gobiernos.

Que los bolivianos dejen de odiar a los chilenos y que los colombianos a los venezolanos y los ecuatorianos a los colombianos, etcétera. En segundo lugar, se requiere aumentar la percepción de que la integración es positiva para la mayor parte de la población. Y que haya condiciones económicas propicias para que existan beneficios concretos y reales para cada uno de los países.

En el libro señala que se requiere un relevo generacional de los gobernantes…

Sí, es muy probable que no se pueda avanzar mucho en este momento, porque la clase política latinoamericana sigue muy anclada en el nacionalismo y aprovechándose de ese nacionalismo para reforzar el poder interno. Necesitamos una generación más internacionalista, que quizás ya esté en marcha entre la gente más joven.

Image caption ¿América Latina unificada hacia 2110?

Ignacio Franco de Oaxaca, México, pregunta ¿en qué se basa para predecir la unificación continental para el año 2110?

Quiero aclarar a qué se refiere la última parte del libro. Yo no soy un profeta, ni tampoco soy un politólogo. Se trata más bien de un ejercicio de imaginación polémico que busca despertar la discusión en muchos sentidos, de evaluar qué pasaría si verdaderamente ocurriera lo que yo estoy diciendo que podría ocurrir.

No es ni mi deseo ni tampoco una predicción como un programa político, aunque se basa en ciertos acontecimientos que uno puede analizar en el presente y llevarlos hacia el futuro. Lo que sí es un anhelo es la búsqueda de esa unión continental, esa lucha contra las fronteras y la posibilidad de llegar a una integración semejante a la Unión Europea. No sé si esto va a ser posible en los próximos 100 años, pero por lo menos en este caso sí me parece deseable.

El 2110 es una fecha casi elegida poéticamente. Que a 300 años del inicio de las independencias se cumpliese esa modificación del anhelo bolivariano. El sueño bolivariano realmente unía la América española y en este caso hablamos de intentar unir a todo el continente americano.

Axel Fersen, de Cancún, México, pregunta si usted piensa que se puede producir un replanteamiento de la política estadounidense hacia los países latinoamericanos en los próximos años.

A corto plazo, no. La propia situación de (el presidente) Barack Obama en Estados Unidos lo lleva a centrarse mucho en la política interna y en modificar la política exterior de Estados Unidos en relación a Medio Oriente.

América Latina no es una de las prioridades de esta administración.

Tanto en lo positivo -como la no intervención en el caso hondureño- como en la negativo, hay pocas probabilidades de que haya un acuerdo migratorio.

Desde Venezuela, José Delgado pregunta ¿cómo va a dejar el poder Hugo Chávez? ¿Será por la vía de la fuerza o por otra distinta?

El deseo es que, con procedimientos democráticos, Chávez pudiera ser apartado del poder lo antes posible. Siempre pensando en procesos democráticos. Ahora, vamos a ver si eso es posible, dado que Chávez ha ido acumulando un poder cada vez mayor en Venezuela.

Después del fallido intento de golpe de Estado ha ido ganando cada vez más espacios, volviendo las políticas internas más duras contra la disidencia y esto hace que probablemente se exacerbe todavía más la polarización en Venezuela, que esperemos dé lugar a un movimiento democrático que termine por apartarlo del poder pacíficamente al cumplir su período. Pero también podría ser que diera lugar a movimientos violentos al interior del país.

En su libro habla de una salida de Chávez en 2018…

Esa es otra vez una provocación dentro de este juego incluido en la última parte del libro, casi como para animar a la gente a que democráticamente busque una oposición más clara.

¿Y por qué dice en su libro que Chávez y Uribe no son tan distintos al final de cuentas?

Son distintos en muchos sentidos, pero tienden a parecerse en dos cosas claras: por un lado en el carácter mesiánico que se atribuyen, es decir, se presentan a sí mismo como si fueran los únicos capaces de resolver todos los problemas de sus países, como si fueran insustituibles.

Y los dos han implementado reformas legales, supuestamente con procedimientos democráticos, para perpetuarse en el poder. Ya lo hizo Uribe en una ocasión y estamos en el proceso de saber si lo va a hacer por segunda vez. Esto siempre es grave para una democracia.

Por más que los índices de aprobación de Uribe sean altísimos, reformar la ley para favorecer a una persona siempre es una medida que parece democrática, pero que es grave para la democracia.

Luis Vásquez León, de Tel Aviv, Israel, pregunta si México vivirá el 2010 en peligro. ¿Puede resultar una explosión a partir de la mezcla de pobreza, desempleo, guerra contra el narco, ejército en las calles?

La situación en México es preocupante en muchos sentidos. Se suma la crisis económica global, que en México ha sido particularmente fuerte, con esta situación de violencia inédita que no existía en el país desde la época revolucionaria.

La situación efectivamente es explosiva. Aún así, todavía no hay signos que apunten hacia un estallido político revolucionario o hacia la conversión de estos grupos de narcotraficantes en guerrilla como en Colombia o en una fragilidad tal de las instituciones que pudieran provocar un golpe de Estado. Todo eso no se vislumbra en el caso mexicano, pero la situación sí es compleja.

Los ciudadanos están sometidos a una enorme dosis de violencia y, sobretodo, a una percepción del incremento de la violencia que es casi igual de negativo. La percepción del país es que vivimos en una situación de violencia extrema.

Pero hay zonas específicas en México donde el poder parece estar en manos de los narcotraficantes, más que en manos del Estado…

Son pocos los casos donde los narcos gobiernen. El cartel de la Familia Michoacana, por ejemplo, sí tiene cierta pretensión de gobernar, de controlar la legalidad que ellos han impuesto. En el resto del país no es así. No es que los narcotraficantes gobiernen zonas de México. Ellos han corrompido lo suficientemente los sistemas municipales o estatales para continuar impunemente con su negocio.

Eso no es un intento de gobernar, no es como en Colombia donde ha habido territorios controlados por el narcotráfico. Aquí no, aquí la lucha es por controlar el tráfico de drogas con impunidad. Eso también es en un sentido desgobierno, porque el Estado debe hacerse cargo de la seguridad de los ciudadanos. En ese sentido es fallido el Estado, pero sólo en ese. No significa que aquí en México los narcos estén gobernando.

¿Cree que hay una "colombianización" de México?

A mí cada vez me molesta más la comparación con Colombia, porque creo que las distancias son mucho mayores que las cercanías. Esta comparación se hace para justificar medidas "a la colombiana" en el combate al narcotráfico.

Y la realidad colombiana ha demostrado, sobretodo durante el período de Álvaro Uribe que, en efecto, una intervención directa, masiva del Estado es capaz de atenuar la violencia, pero no de parar el narcotráfico.

Colombia sigue produciendo una enorme cantidad de droga, independientemente de que ahora sea un país mucho más seguro que en los años 80.

Miguel Prado, de San Cristóbal de las Casas, México, pregunta si es posible una revolución en México, no de armas ni de sangre, sino una revolución intelectual a mediano plazo.

Está quedando claro que el solo uso de la fuerza no resuelve el problema del narcotráfico, que es necesario encontrar una nueva forma de pensar el mundo de una manera más global.

Muchas medidas para resolver distintos problemas escapan a la solución de un solo gobierno y para eso es necesario contar con una nueva generación intelectual que piense distinto.

Yo creo que hay signos que muestran que las generaciones más jóvenes ya no están acostumbradas a pensar en términos estrictamente nacionales. La globalización de los medios de comunicación en ese sentido sí ha contribuido a borrar la idea de que vivimos en esos compartimentos estancos que son los países.

Por el otro lado, seguimos en la vida pública cerradísimos. En Latinoamérica desconocemos casi todo de nuestros vecinos, apenas tenemos información más allá de los grandes titulares.

Desde La Paz, Bolivia, Rodrigo Reque pregunta ¿cómo ve el futuro de la región andina desde la perspectiva del indigenismo?

Ahí vemos un gran experimento social, sobre todo en el caso boliviano. Más allá de la cercanía de (el presidente) Evo Morales con Chávez, hay una diferencia radical. En Bolivia, el centro del gobierno de Morales es la reivindicación indigenista y eso es lo que también aleja a las provincias menos indígenas del país.

Hay un gran problema que resolver en todos los países donde hay fuerte población indígena. México, Guatemala, Perú, Bolivia, donde casi sin excepciones siguen siendo la parte de la población más pobre y más desfavorecida.

No se ha logrado eliminar esta enorme discriminación, de ahí que es entendible una reacción contraria como la de Morales, que tiene extremos autoritarios, pero que también es comprensible que intente construir la historia boliviana a partir de esa población indígena que muy recientemente ha conseguido representación parlamentaria.

Todo esto debería llevarnos a replantear la cuestión indígena y la manera en que se pueden integrar los usos y costumbres indígenas al sistema occidental.

¿Cuál cree usted que va a ser la corriente ideológica imperante en el futuro en América Latina?

Pues no lo sé. Sobre todo porque la distinción habitual entre izquierda y derecha cada vez es más borrosa. En muchos aspectos ya no es tan fácil decir qué es izquierda y qué es derecha.

Es un fenómeno derivado de que han pasado ya 20 años de la caída del muro de Berlín y que es necesario replantear lo que es la izquierda. Creo que lo más grave del continente ha sido el surgimiento de esta izquierda populista al estilo Chávez que también está presente en Morales, en (el presidente de Ecuador, Rafael) Correa o en López Obrador, que son tan poderosas como para borrar la izquierda crítica, democrática de cada uno de estos países. Yo creo que es muy necesaria y que está borrada en estos momentos justo en esas naciones. Apabullada por esta otra izquierda que ha conseguido el poder y el monopolio del discurso.

Creo que lo que América Latina necesita es esa izquierda crítica y democrática porque el principal problema de la región sigue siendo la desigualdad.

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