Última actualización: viernes, 28 de mayo de 2010 - 11:29 GMT

Navegando por un sueño

  • El trabajo, los sueños

    María Eugenia a bordo

    ¿Es posible combinar el trabajo y los sueños?

    Como dice Hamid Ismailov, el primer escritor en residencia designado por el Servicio Mundial de la BBC, el trabajo y los sueños, pese a su oposición aparente, están lejos de ser irreconciliables.

    BBC Mundo pidió a sus lectores que compartieran sus experiencias sobre cómo hacer para lograr combinar la necesidad de ganarse la vida y de realizar proyectos de autorrealización.

    A continuación María Eugenia Rodríguez nos cuenta su historia. Ella es una uruguaya que se sirvió de trabajar en barcos para viajar por el mundo y escribir crónicas periodísticas, dos de sus pasiones.

  • "Para viajar sin dinero..."

    Horizonte

    En España hay un dicho muy conocido: "Para viajar sin dinero, de marinero".

    Mi sueño era, y es, viajar por el mundo como corresponsal periodística. Pronto el dinero empezó a escasear y tuve que apelar a la creatividad para poder sustentarme.

    Alguien me dijo que un barco partía hacia Medio Oriente. Me presenté al capitán y le pedí ser parte de la tripulación. Me preguntó: "¿Estás dispuesta a hacer todo tipo de trabajos?" Le respondí que sí, y me contrató.

    Al otro día, me convertí en marinero de un yate de 80 metros, y me dediqué a viajar... y a escribir.

  • Días eternos

    Cabina del barco

    La primera vez que nos hicimos al mar navegamos durante 25 días. Los días se hacían eternos. Los que más me gustaba era sentarme en la popa del barco a mirar la estela que dejaba en el mar. Pensaba que además de llevarme de viaje, ¡me pagaban! Los días de trabajo duro vinieron después, cuando llegamos a puerto.

    Tuve que adaptarme a dormir con dos desconocidas, en una habitación de dos metros de largo por 1,80 de ancho. Mi cama estaba a dos metros del suelo y a 20 centímetros del techo.

    Los días de tormenta, cuando el barco se movía mucho, tenía miedo de terminar en el piso, pero nunca pasó nada. Para subir y bajar tenía que pisar las camas de mis compañeras. Acostada en mi cama escribía todas las noches.

  • Exótico

    Centro Comercial en Doha

    LLegamos a Qatar en diciembre. Al principio nos dedicamos a ir de compras. Nos parecía todo tan lindo y único que no pensamos en otra cosa que en llevarnos todo a casa.

    Debajo de la abbaya las mujeres vestían ropa hermosísisma; las vidrieras estaban llenas de perfumes exóticos.

    Durante esta época escribí y escribí todo lo que vi.

  • Agotador

    Desierto de Neguev, en Israel

    Nos quedamos más de seis meses en Qatar. El entusiasmo del principio se fue pasando. Cada día trabajaba desde las siete de la mañana hasta la una de la tarde. El calor abrasador no nos dejaba movernos. Hacía 45 grados a la sombra.

    Pero tenía tiempo de escribir, y pude hacer varios reportajes. Mandé artículos a diarios y revistas, pero nunca recibía respuesta. El desánimo nos fue ganando.

    Pero luego conseguí vender los primeros artículos. ¡Estaba feliz! Ahora sí me consideraba una periodista. Para cuando llegó el primer depósito de pago, seis meses después, ya estaba navegando en el Mediterráneo.

    En una temporada podía ganar US$10.000. Por cada artículo me pagaban 100. Navegaba y escribía, las dos cosas más bonitas que hubiera podido imaginarme en la vida.

  • En tierra

    Montecarlo. Mercado de frutas

    Durante la temporada trabajaba hasta 18 horas por día. Algunas veces me tocaba trabajar toda la noche.

    Los momentos más preciados eran cuando podíamos bajar a tierra. Lo que más me gustaba era hacer las compras, pero cualquier excusa era buena: ¡hasta bajar a sacar la basura!

    Aprovechábamos para recorrer las calles, tomarnos un café o comprar souvenirs.

  • Entrenamiento

    Entrenamiento

    Durante los pocos ratos libres que teníamos, nos dedicábamos a entrenar. Creo que estábamos locos.

    Con tantas horas de trabajo, compartiendo un espacio tan pequeño con tanta gente y sin poder bajar a tierra, la única forma de relajarse era el ejercicio físico.

    Convertimos el Lazareto del barco en un mini-gimansio y hacíamos box. Al final de la temporada dejé el barco. De esa época me quedaron muy buenos amigos y unos buenos bíceps.

  • Ultimo Intento

    Trabajando en el barco

    En 2007 era más un marinero que una periodista. Decidí hacer una última temporada, esta vez en un barco más pequeño.

    Aprendí a amarrar el barco, a izar las velas, a poner las defensas con un nudo muy rápido.

    Había logrado que una agencia de noticias publicara mis artículos, pero no había conseguido que me pagaran por ello.

  • Cáscara de nuez

    Cocinando atún

    Navegando hacia Cerdeña, nos alcanzó una tormenta. Nunca tuve tanto miedo en mi vida. El barco parecía una cáscara de nuez. Entraba agua por todos lados, las cosas se caían de arriba de los muebles, apenas podía mantenerme en pie dentro del barco.

    Empecé a rezar, y eso que no soy creyente. Después de la tormenta, fondeamos frente a la Isla de Elba, y asamos atún a la parrilla.

    ¿Acaso si quiero ser corresponsal no voy a vivir también muchos peligros? Pensé que sí, pero que al menos lo haría por una causa justa.

  • Desayuno en Cannes

    Desayuno en Cannes

    Durante el Festival de Cannes, en Francia, una empresa contrató el barco para hospedar a sus clientes.

    Estar en el Festival de Cannes era un sueño. Pero me desperté rapidamente. Me levantaba a las siete de la mañana, antes que todos, para ir a comprar el diario, las brioches frescas y preparar la mesa para el desayuno.

    Luego, escribía hasta que se empezaban a levantar los invitados. Aprovechaba cualquier rato libre para correr a La Croisette. Me vestía y corría a ver las fiestas, la gente, las luces.

    Después volvía al barco y limpiaba las cabinas, los baños o lo que hubiera quedado en la cocina.

  • El cansacio

    Vista desde el barco

    Al principio no me importaba el trabajo agotador. Era feliz porque disfrutaba tanto navegando como escribiendo.

    Pero también llegó la época del cansancio del mar.

  • Seguir contando historias

    María Eugenia

    Al final puedo decir que se trató de una buena experiencia, que para conseguir los objetivos hay que estar abierto a lo nuevo y saber valorar las oportunidades que se presentan.

    Actualmente vivo en Uruguay y espero un nuevo destino para seguir contando historias. Nunca dejo de pensar en que puedo concretar mi sueño de vivir de ello.

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