En fotos: el peligroso e inaccesible mundo de la tala ilegal en Perú

La muerte de cuatro activistas peruanos contra la tala ilegal muestra lo más oscuro de un negocio que supone el 80% de la exportación de madera en Perú. El fotógrafo Fellipe Abreu retrató el viaje de los troncos furtivos.

Vista del río Javari. Foto de Fellipe Abreu
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Esta semana se difundió la noticia de la muerte de cuatro líderes indígenas peruanos, de la comunidad Ashanika, conocidos activistas en contra de la tala ilegal, una actividad que está en peligroso auge y que provee el 80% de la madera que exporta Perú. Según los compañeros de estas víctimas, habían recibido varias amenazas de muerte de quienes se benefician de cortar árboles en zonas no permitidas. Para mostrar el camino que recorre la madera obtenida de forma ilegal, el fotógrafo brasileño Fellipe Abreu viajó hasta el río Yavarí, en la frontera entre Perú y Brasil. Los leñadores furtivos usan el río como una autopista para transportar los troncos desde la zona de la triple frontera entre Perú, Brasil y Colombia.

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Los altos precios que la madera alcanza en los mercados internacionales alimenta la expansión de la tala ilegal. Pueblos como Nueva Esperanza han surgido de este auge. Casi todos sus 300 residentes se ganan la vida directa o indirectamente de la tala. Muchos de ellos son leñadores o familiares de leñadores, otros son comerciantes que dependen de ellos para vender sus productos.

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Paulo (no es su nombre real, lleva una camiseta de camuflaje), su cuñado, su sobrino y su hijo se adentran en la selva para cortar árboles. Paulo es empleado de la oficina del alcalde en Atalaia do Norte, en Brasil. También enseña en una escuela en Palmeiras do Javari, pero a veces se dedica a la tala para tener más ingresos. Según explica, el límite entre lo legal y lo ilegal no siempre está claro en esta zona.

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No es la primera vez que Paulo y su cuñado van a cazar y a cortar árboles a Fray Pedro, una reserva indígena habitada por la comunidad Matsé cerca del río Soledad, en Perú. Paulo cuenta que una vez cortó 30 cedros a cambio de ofrecerle un día de trabajo al líder local, aunque añade que también se aceptan otras formas de pago.

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Como bases de sus viajes para buscar madera, los leñadores furtivos construyen pequeños campamentos en la jungla. Este asentamiento está a dos horas en bote de la base militar brasileña de Estirao do Ecuador. Los leñadores construyeron sus refugios en la rivera del río Esperanza, en el lado peruano de la frontera.

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Las instalaciones son básicas, y los hombres se reunen en una cocina comunal para desayunar antes de un largo día talando árboles.

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Al atardecer, los leñadores juegan a las cartas para pasar el rato. El líder del campamento dice que la policía del puesto más cercano vino a verlos cuando armaron sus refugios, y acordaron en pagarle a los oficiales 1.000 soles (US$350) al final de la temporada para que hicieran la vista gorda con sus actividades. "Así es como funciona aquí", explica.

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Una vez cortados, los troncos se dividen en cuatro partes, cada una de aproximadamente cuatro metros de largo. Un equipo de seis hombres hace rodar los troncos hasta el río más cercano. Uno de ellos utiliza un palo como palanca, mientras los otros cinco empujan.

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Los troncos se dejan en el lecho seco de un río. Cuando cae la siguiente lluvia intensa, la madera flota y se acumula en un meandro para ser transportada río abajo. Cuando el nivel del agua es lo suficientemente alto, un capataz junta los troncos y los ata para formar una gran balsa. Él le paga a los leñadores y se lleva la madera hasta Islandia, un pueblo peruano en la frontera con Brasil y Colombia.

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En Islandia, los aserraderos compran la madera al capataz y la procesan. Los leñadores furtivos y sus capataces han encontrado formas ingeniosas de burlar las reglas y presentar los documentos requeridos por los compradores. Algunos han adquirido y alterado licencias de otros leñadores que indican que la madera proviene de áreas donde la tala está permitida. Otros, que tienen licencias para una cierta zona de la selva, traen madera de otras partes y simulan que salió del lugar autorizado.

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Los troncos suelen cortarse en Brasil y se hacen flotar por el río hasta Perú para esconder su procedencia. Es una práctica conocida como "lavado de madera" entre los leñadores. Cuando llega a Islandia, la madera parece legal y está lista para exportarse a Estaodos Unidos y Europa. Fotos: Fellipe Abreu.